Cómo vivir una vida santa ante Dios
Lectura Bíblica: 2 Corintios 6:16–7:1
"...Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."
Introducción
Es una realidad innegable de la condición humana: nadie es perfecto. Incluso los hombres y mujeres más piadosos que han caminado sobre la tierra han cometido errores y han tropezado. Sin embargo, nuestra imperfección no anula el estándar de Dios. Como cristianos, hemos recibido un llamado soberano: no a la mediocridad espiritual, sino a vivir una vida santa ante Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Santidad no significa "ausencia de errores" en un sentido absoluto, sino una vida apartada para los propósitos de Dios. Hoy estudiaremos cómo podemos cultivar esa santidad en nuestro caminar diario.
I. No os unáis en yugo desigual
El primer paso hacia la santidad es entender con quién nos alineamos y bajo qué influencias ponemos nuestra alma.
A. El significado del yugo
1. La ley agrícola: En el Antiguo Testamento, Dios prohibió uncir juntos a un buey y a un asno (Deuteronomio 22:10). Debido a su diferencia de fuerza, paso y naturaleza, el trabajo sería desigual y dañino para ambos animales.
2. La ley espiritual: Pablo aplica este principio a la iglesia: un cristiano y un pagano no pueden compartir el mismo "yugo" (2 Corintios 6:14-16). No pueden tirar en la misma dirección espiritual porque sus naturalezas y destinos son opuestos.
B. La aplicación práctica
1. Influencia, no aislamiento: Esto no significa que debamos salir del mundo. Jesús comió con pecadores (Mateo 9:11-13) y nosotros debemos ser la luz del mundo (Mateo 5:14-16; 1 Corintios 5:9-10). Nuestra misión es influenciar al mundo, no ser moldeados por él.
2. No tolerar el pecado: Santidad significa que, aunque amamos a las personas, no podemos condonar ni practicar sus pecados (1 Pedro 4:3-4). El yugo desigual ocurre cuando permitimos que una relación o asociación comprometa nuestra integridad moral.
II. Recordad el premio: La presencia de Dios
La motivación para la santidad no es el legalismo, sino el deseo de que Dios habite entre nosotros.
A. Dios habitó con Su pueblo en el Antiguo Testamento
1. Caminar con Dios: Dios prometió caminar entre Su pueblo (Levítico 26:11-12). Su presencia era su mayor tesoro.
2. Un campamento limpio: Debido a que Dios es Santo, el lugar donde Él habitaba debía ser puro.
◦ No se permitía la impureza ceremonial dentro del campamento (Números 5:1-4).
◦ Incluso las cuestiones de higiene física eran reguladas para mantener la reverencia (Deuteronomio 23:12-14). Si el cuidado físico era tal, ¡cuánto más el espiritual!
B. Dios habita con Su Iglesia hoy
1. Protección y provisión: Dios cuida de Su cuerpo. Lo vimos con Saulo de Tarso: Dios protegió a la iglesia deteniendo al perseguidor (Hechos 9) y la proveyó de un gran apóstol al convertirlo (Colosenses 1:23).
2. Comunión diaria: Dios está con nosotros hoy de formas tangibles:
◦ A través de Su Palabra: Que nos guía, nos redarguye y nos entrena (Romanos 10:17; Hebreos 4:12; 2 Timoteo 3:16-17).
◦ A través de la Oración: Donde echamos nuestra ansiedad sobre Él y encontramos socorro (1 Pedro 5:7; 1 Tesalonicenses 5:17).
III. Limpiémonos por dentro y por fuera
La santidad es un proceso integral que abarca nuestra mente (espíritu) y nuestras acciones (carne).
A. Recordad vuestra limpieza inicial
1. El estado anterior: Antes estábamos perdidos, éramos esclavos de deseos impuros (Romanos 3:23; 1 Corintios 6:9-11).
2. El lavado bautismal: Fuimos sepultados con Cristo en el bautismo para morir al viejo hombre (Romanos 6:3-4).
3. El poder de la sangre: No fueron nuestras obras, sino solo la sangre de Jesús la que pudo limpiarnos (Efesios 1:7; Hebreos 9:12; Apocalipsis 5:9).
B. El movimiento continuo hacia la santidad
La santidad no es un evento estático; es una dirección.
1. No mirar atrás: El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es apto (Lucas 9:62). Retroceder es peligroso para el alma (Hebreos 10:35-39).
2. La advertencia solemne: Volver a las contaminaciones del mundo después de haber sido limpios es comparado por Pedro con un perro que vuelve a su vómito (2 Pedro 2:20-22).
3. Hacia adelante: ¿Cómo avanzamos?
◦ Cultivando las virtudes cristianas (fe, virtud, conocimiento, dominio propio...) (2 Pedro 1:5-8).
◦ Siguiendo el ejemplo de Cristo: Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20; 2 Corintios 3:18).
- ¿Qué es la verdad?
- ¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?
- ¿Cómo alcanzamos un solo corazón en Cristo? Filipenses 2:1-4
Conclusión
Vivir una vida santa no es una carga, es el honor más alto que un ser humano puede tener: ser el templo del Dios viviente. Cada día que amanece es una oportunidad para vivir un poco más para Dios y un poco menos para nosotros mismos.
Al apartarnos del mal, al valorar la presencia de Dios y al limpiar constantemente nuestra vida por la Palabra y la oración, estamos "perfeccionando la santidad en el temor del Señor". Hagamos de la santidad nuestra meta, pues sin ella, nadie verá al Señor.











