¿Por qué los cristianos predicamos la palabra?
Lectura Bíblica: 2 Timoteo 4:1-8
Texto Clave: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2).
Introducción
En el mundo de la industria y la tecnología, existen los inspectores de Control de Calidad (Q.A.). Su trabajo no es necesariamente ser populares, sino reportar fallos, señalar problemas y advertir sobre peligros potenciales antes de que ocurra un desastre. Como cristianos, tenemos una función similar, aunque de una relevancia infinitamente mayor. Nuestro "trabajo" es advertir, enseñar e informar a otros sobre la verdad absoluta de Dios.
El apóstol Pablo, escribiendo sus últimas palabras desde una celda fría en Roma, no le pide a Timoteo que busque el éxito ministerial o la comodidad. Le da un encargo solemne delante de Dios y del Señor Jesucristo. La proposición es clara: Debemos predicar la palabra por causa de los perdidos. Pero, ¿por qué debemos ser tan celosos y persistentes en esta tarea?
I. Porque todos enfrentarán el Juicio (vv. 1-2)
La primera razón para nuestra urgencia no es social ni emocional, es judicial. Existe un tribunal divino al que nadie puede faltar.
• A. La universalidad del Juicio: Pablo nos recuerda que Cristo juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino (v. 1).
1. Sin excepciones: Tanto el que está vivo al momento de Su venida como el que ya ha fallecido comparecerán ante Él.
2. La comparecencia obligatoria: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo..." (2 Corintios 5:10). No se trata de una invitación, sino de un decreto soberano.
3. El fin del ateísmo: El ateo que hoy se engaña a sí mismo negando la existencia de Dios, ese día doblará su rodilla. Filipenses 2:9-11 nos asegura que toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.
• B. La motivación del predicador: 1. Conociendo el “terror del Señor” (o el temor reverente ante Su juicio), persuadimos a los hombres (2 Corintios 5:11). No predicamos por pasatiempo, sino para rescatar almas de la condenación. 2. Por eso, instamos "a tiempo y fuera de tiempo". Esto significa que la predicación no depende de nuestra conveniencia o de si el clima social es favorable, sino de la necesidad apremiante del oyente.
II. Porque el mundo se apartará de la Verdad (vv. 3-4)
La segunda razón es la tendencia degenerativa del corazón humano hacia el error.
• A. El rechazo a la sana doctrina: Pablo profetiza un tiempo donde los hombres "no sufrirán (no soportarán) la sana doctrina".
1. Maestros conforme a sus propios deseos: La gente buscará a quienes les digan exactamente lo que quieren oír para justificar sus pecados.
2. El síndrome de Acab: En 2 Crónicas 18:7, el rey Acab odiaba al profeta Micaías porque "nunca me profetiza bien, sino siempre mal". El mundo busca consuelo, no corrección; busca alivio, no arrepentimiento.
• B. La esclavitud del engaño: Los tiempos no han cambiado. Hoy muchos llaman "verdad" a lo que se siente bien o a lo que parece correcto bajo su propia opinión. Sin embargo, Jesús fue claro: todo el que hace pecado, esclavo es del pecado (Juan 8:34). Sin la verdad del Evangelio, las personas permanecen en una prisión espiritual mientras creen ser libres.
III. Porque de lo contrario, perderán el Cielo (vv. 5-8)
Finalmente, predicamos porque hay un destino de gloria que nadie debería perderse, pero que es inalcanzable fuera de Cristo.
• A. La perseverancia en el ministerio: Ante el abandono de la verdad por parte de las masas, la respuesta del cristiano (como la de Timoteo) debe ser: "Sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio" (v. 5). El rechazo del mundo no debe silenciar nuestra voz, sino agudizar nuestra vigilancia.
• B. La esperanza de la Corona: 1. Pablo mira hacia atrás y ve una carrera terminada y una fe guardada (vv. 6-7). Sabe que su partida física es inminente, pero no tiene miedo. 2. Él mira hacia adelante y ve la corona de justicia. Lo más glorioso es que esta corona no es exclusiva para los apóstoles, sino para "todos los que aman su venida" (v. 8). Predicamos para que otros puedan compartir este amor por la aparición de Cristo y no teman Su regreso.
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Conclusión
Continuamos predicando la Palabra de Dios hoy por tres razones innegables que deben quemar en nuestro corazón:
1. Un Juicio cierto se aproxima, y cada persona que conocemos será parte de él.
2. Las almas se perderán irremediablemente sin el acceso a la sangre purificadora de Cristo que solo se halla en el Evangelio.
3. Las almas se perderán el Cielo si permanecen bajo el engaño del diablo, creyendo que tienen tiempo o que hay otros caminos.
Hermanos, el mensaje que portamos es la diferencia entre la vida eterna y la muerte eterna. No callemos lo que el mundo necesita oír con más urgencia.











