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Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Lectura Bíblica: Hebreos 11:1-3 "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se vede... Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios..."

Introducción

    1. En el caminar cristiano, la fe y las obras no son conceptos opuestos, sino dos caras de la misma moneda. Como enseña Santiago, la fe sin obras está muerta; van de la mano. La fe es la raíz, y la obediencia es el fruto.

    2. Sin embargo, la obediencia no debe ser un rito vacío o una carga legalista. Para que sea genuina, debe nacer de una motivación correcta.

    3. Al observar la "Galería de la Fe" en Hebreos 11, descubrimos qué es lo que impulsa a un hombre o a una mujer a rendir su voluntad a la de Dios.

Proposición: Nuestra obediencia a Dios se fortalece cuando entendemos las motivaciones bíblicas que la sustentan.


I. El deseo de complacer a Dios

La primera motivación para obedecer no es el deber, sino el amor que busca agradar al Amado.

A. El sacrificio de Abel (Hebreos 11:4)

La Biblia dice que Abel ofreció a Dios un "más excelente sacrificio" que Caín. ¿Cuál fue la diferencia? No fue solo el material de la ofrenda, sino la fe y la intención del corazón. Abel obedeció porque su prioridad era complacer a Dios, no a sí mismo.

B. Ejemplos del Nuevo Testamento

    1. Jesús: El motor de Su vida fue hacer la voluntad del Padre. Él dijo: "Yo hago siempre lo que a él le agrada" (Juan 8:29).

    2. Pedro: Cuando se enfrentó a las amenazas de las autoridades, su motivación fue clara: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29). Su lealtad estaba con su Señor.

    3. Pablo: Tras su encuentro en el camino a Damasco, Pablo pasó de complacer a su propia religión a buscar desesperadamente complacer al Cristo que lo salvó (Hechos 9).

C. Nuestra realidad hoy

Lamentablemente, muchos hoy buscan complacerse a sí mismos, adaptando la Biblia a sus gustos. Pero el verdadero siervo obedece con la mirada puesta en el día final, deseando escuchar aquellas palabras: "Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu señor".


II. Movidos por el temor reverente

La obediencia también tiene un componente de sobriedad: el reconocimiento de que Dios es Juez justo.

A. Noé y el temor piadoso (Hebreos 11:7)

Hebreos dice que Noé, "con temor [reverente], preparó el arca". No fue un miedo paralizante, sino un respeto profundo por la palabra de Dios sobre el juicio venidero. Ese temor lo mantuvo trabajando durante décadas mientras el mundo se burlaba.

B. Preparándonos para el Juicio

    1. La cita ineludible: "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). Esta es la realidad más segura de nuestra existencia.

    2. El terror del Señor: Pablo menciona que, "conociendo el terror del Señor", persuadimos a los hombres (2 Corintios 5:9-11). La obediencia es la respuesta lógica de alguien que entiende la santidad de Dios y la seriedad del pecado.

    3. La falta de seriedad: Demasiadas personas hoy no toman en serio el juicio. Viven como si Dios fuera un abuelo complaciente que ignora la desobediencia. Pero la santidad de Dios nos motiva a caminar con cuidado.


III. Movidos por las grandes promesas

Finalmente, obedecemos porque sabemos que lo que Dios ha preparado es infinitamente mejor que lo que el mundo ofrece.

A. Abraham: El peregrino de la promesa (Hebreos 11:8-10)

    1. El llamado: Dios le prometió una herencia, y Abraham salió de su tierra sin saber a dónde iba (Génesis 12:1-3).

    2. La caminata de fe: Abraham caminó por la tierra prometida como extranjero (Génesis 13:14-17). Obedeció y habitó en tiendas porque su esperanza no estaba en la tierra física, sino en la ciudad celestial.

B. Las promesas de Dios para nosotros

    1. El Cielo: Jesús prometió ir a preparar lugar para nosotros (Juan 14:1-4). Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20) y tenemos una herencia incorruptible (1 Pedro 1:3-ff).

    2. Compañía en el camino: La promesa no es solo para el final. Dios promete estar con nosotros cada segundo del trayecto. Quizás no sepamos qué dificultades encontraremos en el camino, pero obedecemos con paz porque conocemos al Guía.

Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Conclusión

    1. La obediencia no es un peso cuando recordamos el gran amor de Dios. Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). El amor es el combustible de la obediencia.

    2. Al considerar el sacrificio que Jesús hizo en la cruz, nuestra respuesta natural debe ser la rendición total. Él dio Su vida por nosotros; ¿no daremos nosotros nuestra obediencia a Él?

    3. Con las promesas del cielo en mente y el sacrificio de Cristo en el corazón, busquemos hoy amarlo más y guardar Sus mandamientos con gozo.


Aprenda a reflejar la imagen de Cristo

Reflejando la imagen de Cristo

Lectura Bíblica: 2 Corintios 3:14-18 "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor."

Introducción

Todos tenemos modelos a seguir; personas a las que admiramos y cuyas virtudes deseamos imitar. Sin embargo, para el cristiano, el modelo supremo debe ser siempre Jesús. El apóstol Pablo nos enseña que, al contemplar al Señor, somos transformados progresivamente hasta que Su reflejo se vuelve visible en nosotros.

El mundo está observando. La pregunta que debemos hacernos es: cuando la gente mira nuestras vidas, ¿a quién ven? Nuestro deseo más profundo debe ser que otros vean a Jesús reflejado en nuestro carácter y acciones.

Proposición: Reflejamos la imagen de Cristo cuando permitimos que Su naturaleza transforme nuestras relaciones, nuestra influencia y nuestras pruebas.


I. Reflejado a través de nuestro Amor

La marca distintiva del cristianismo no es un símbolo, sino una actitud: el amor ágape.

A. La perspectiva del mundo

    1. Amor condicional: El mundo ama mientras le seas útil o mientras tengas algo que ofrecer.

    2. El ejemplo del hijo pródigo: Mientras tenía dinero, le sobraban "amigos". Pero cuando se acabó el dinero y llegó el hambre, todos desaparecieron. El mundo te deja solo cuando tocas fondo.

B. La perspectiva cristiana

    1. La señal del discípulo: Jesús dijo que el mundo sabría que somos suyos por nuestro amor mutuo (Juan 13:34-35).

    2. Amor en acción: A diferencia del mundo, el cristiano ayuda en la necesidad real. La fe sin obras está muerta; el amor se ve en la generosidad y el sacrificio (Santiago 2:14-ff; 1 Juan 3:16-17; Mateo 25:31-46).

    3. El estándar más alto: Reflejamos a Cristo cuando amamos incluso a nuestros enemigos, orando por quienes nos persiguen (Mateo 5:43-48). Esto es algo que el mundo no puede hacer por sí solo.


II. Reflejado a través de nuestra Influencia

Jesús no necesitó décadas ni ejércitos para cambiar el curso de la historia. Su influencia fue —y es— incomparable.

A. El impacto de Jesús

    1. En solo tres años de ministerio público, Jesús influyó en la humanidad más que cualquier líder, filósofo o rey.

    2. Juan concluye su Evangelio diciendo que si se escribieran todas Sus obras, no cabrían los libros en el mundo (Juan 21:25).

B. Sal y Luz (Mateo 5:13-16)

Reflejamos a Cristo cuando aceptamos nuestro rol como agentes de cambio:

    1. Sal: Somos preservantes morales en una sociedad que se corrompe. La sal detiene la putrefacción.

    2. Luz: Somos reveladores del camino. La luz no llama la atención sobre sí misma, sino que ilumina el sendero para que otros no tropiecen.

C. Firmeza en la Verdad

La influencia de Cristo en nosotros nos da estabilidad:

    1. Madurez: No nos quedamos como niños espirituales, sino que crecemos para distinguir el bien del mal (Hebreos 5:12-14).

    2. Solidez: No somos como barcos a la deriva, movidos por cualquier "viento de doctrina" o moda teológica (Efesios 4:14).

    3. Valentía: Contendemos ardientemente por la fe que nos fue entregada (Judas 3).


III. Reflejado a través del Refinamiento

Para que un espejo refleje bien, debe estar limpio. Para que el oro brille, debe pasar por el fuego.

A. El sufrimiento de Jesús

    1. Jesús fue perfeccionado a través del sufrimiento (Hebreos 5:5-9). No porque tuviera pecado, sino porque Su obediencia fue probada hasta el límite.

    2. Él sufrió en la carne por ser justo. La justicia de Cristo atrajo la hostilidad de un mundo injusto.

B. Nuestro proceso de refinamiento

    1. El costo de la piedad: Pablo advirtió que todo el que quiera vivir piadosamente padecerá persecución (2 Timoteo 3:12). Él mismo llevó en su cuerpo las marcas de Jesús a través de naufragios, azotes y su "aguijón en la carne" (2 Corintios 11 y 12).

    2. La presión social: Hoy, el mundo intentará silenciarnos bajo el nombre de lo "políticamente correcto" o se burlará porque no corremos hacia el mismo desenfreno (1 Pedro 4:4).

    3. Persistencia inamovible: Reflejamos a Cristo cuando no retrocedemos:

        ◦ No nos avergonzamos del Evangelio (Romanos 1:16).

        ◦ Aunque estemos atribulados, no estamos derrotados; aunque derribados, nunca destruidos (2 Corintios 4:8-9).

El proceso termina cuando Él puede mirar nuestra vida y ver Su propia imagen reflejada en nosotros.

Conclusión: El ejemplo del Orfebre

Se cuenta la historia de un hombre que observaba a un platero trabajar la plata. El artesano ponía el metal en el centro del fuego para quemar las impurezas. El observador preguntó: "¿Cómo sabe cuándo está lista la plata?". El platero respondió: "Es simple: cuando puedo ver mi propio reflejo en ella".

Dios permite el fuego de las pruebas y nos moldea a través de Su Palabra para limpiar las impurezas de nuestro carácter. El proceso termina cuando Él puede mirar nuestra vida y ver Su propia imagen reflejada en nosotros.

¿Qué ve el mundo en ti hoy? Que nuestra meta diaria sea ser transformados de gloria en gloria, hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros.


Cómo vivir una vida santa ante Dios

Cómo vivir una vida santa ante Dios

Lectura Bíblica: 2 Corintios 6:16–7:1

"...Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."

Introducción

Es una realidad innegable de la condición humana: nadie es perfecto. Incluso los hombres y mujeres más piadosos que han caminado sobre la tierra han cometido errores y han tropezado. Sin embargo, nuestra imperfección no anula el estándar de Dios. Como cristianos, hemos recibido un llamado soberano: no a la mediocridad espiritual, sino a vivir una vida santa ante Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

Santidad no significa "ausencia de errores" en un sentido absoluto, sino una vida apartada para los propósitos de Dios. Hoy estudiaremos cómo podemos cultivar esa santidad en nuestro caminar diario.


I. No os unáis en yugo desigual

El primer paso hacia la santidad es entender con quién nos alineamos y bajo qué influencias ponemos nuestra alma.

A. El significado del yugo

    1. La ley agrícola: En el Antiguo Testamento, Dios prohibió uncir juntos a un buey y a un asno (Deuteronomio 22:10). Debido a su diferencia de fuerza, paso y naturaleza, el trabajo sería desigual y dañino para ambos animales.

    2. La ley espiritual: Pablo aplica este principio a la iglesia: un cristiano y un pagano no pueden compartir el mismo "yugo" (2 Corintios 6:14-16). No pueden tirar en la misma dirección espiritual porque sus naturalezas y destinos son opuestos.

B. La aplicación práctica

    1. Influencia, no aislamiento: Esto no significa que debamos salir del mundo. Jesús comió con pecadores (Mateo 9:11-13) y nosotros debemos ser la luz del mundo (Mateo 5:14-16; 1 Corintios 5:9-10). Nuestra misión es influenciar al mundo, no ser moldeados por él.

    2. No tolerar el pecado: Santidad significa que, aunque amamos a las personas, no podemos condonar ni practicar sus pecados (1 Pedro 4:3-4). El yugo desigual ocurre cuando permitimos que una relación o asociación comprometa nuestra integridad moral.


II. Recordad el premio: La presencia de Dios

La motivación para la santidad no es el legalismo, sino el deseo de que Dios habite entre nosotros.

A. Dios habitó con Su pueblo en el Antiguo Testamento

    1. Caminar con Dios: Dios prometió caminar entre Su pueblo (Levítico 26:11-12). Su presencia era su mayor tesoro.

    2. Un campamento limpio: Debido a que Dios es Santo, el lugar donde Él habitaba debía ser puro.

        ◦ No se permitía la impureza ceremonial dentro del campamento (Números 5:1-4).

        ◦ Incluso las cuestiones de higiene física eran reguladas para mantener la reverencia (Deuteronomio 23:12-14). Si el cuidado físico era tal, ¡cuánto más el espiritual!

B. Dios habita con Su Iglesia hoy

    1. Protección y provisión: Dios cuida de Su cuerpo. Lo vimos con Saulo de Tarso: Dios protegió a la iglesia deteniendo al perseguidor (Hechos 9) y la proveyó de un gran apóstol al convertirlo (Colosenses 1:23).

    2. Comunión diaria: Dios está con nosotros hoy de formas tangibles:

        ◦ A través de Su Palabra: Que nos guía, nos redarguye y nos entrena (Romanos 10:17; Hebreos 4:12; 2 Timoteo 3:16-17).

        ◦ A través de la Oración: Donde echamos nuestra ansiedad sobre Él y encontramos socorro (1 Pedro 5:7; 1 Tesalonicenses 5:17).


III. Limpiémonos por dentro y por fuera

La santidad es un proceso integral que abarca nuestra mente (espíritu) y nuestras acciones (carne).

A. Recordad vuestra limpieza inicial

    1. El estado anterior: Antes estábamos perdidos, éramos esclavos de deseos impuros (Romanos 3:23; 1 Corintios 6:9-11).

    2. El lavado bautismal: Fuimos sepultados con Cristo en el bautismo para morir al viejo hombre (Romanos 6:3-4).

    3. El poder de la sangre: No fueron nuestras obras, sino solo la sangre de Jesús la que pudo limpiarnos (Efesios 1:7; Hebreos 9:12; Apocalipsis 5:9).

B. El movimiento continuo hacia la santidad

La santidad no es un evento estático; es una dirección.

    1. No mirar atrás: El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es apto (Lucas 9:62). Retroceder es peligroso para el alma (Hebreos 10:35-39).

    2. La advertencia solemne: Volver a las contaminaciones del mundo después de haber sido limpios es comparado por Pedro con un perro que vuelve a su vómito (2 Pedro 2:20-22).

    3. Hacia adelante: ¿Cómo avanzamos?

        ◦ Cultivando las virtudes cristianas (fe, virtud, conocimiento, dominio propio...) (2 Pedro 1:5-8).

        ◦ Siguiendo el ejemplo de Cristo: Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20; 2 Corintios 3:18).

Cómo vivir una vida santa ante Dios

Conclusión

Vivir una vida santa no es una carga, es el honor más alto que un ser humano puede tener: ser el templo del Dios viviente. Cada día que amanece es una oportunidad para vivir un poco más para Dios y un poco menos para nosotros mismos.

Al apartarnos del mal, al valorar la presencia de Dios y al limpiar constantemente nuestra vida por la Palabra y la oración, estamos "perfeccionando la santidad en el temor del Señor". Hagamos de la santidad nuestra meta, pues sin ella, nadie verá al Señor.


¿Qué es la verdad?

 ¿Qué es la verdad?

Lectura Bíblica: Juan 18:36-38

"Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?..."

Introducción

En los momentos previos a Su muerte, sepultura y resurrección, Jesús se encontró frente a Poncio Pilato. Allí, el representante del imperio más poderoso de la tierra tuvo uno de los discursos más inteligentes y trascendentales con el Salvador del mundo. Ante la afirmación de Jesús sobre Su misión, Pilato lanzó una pregunta que ha resonado a través de los siglos: "¿Qué es la verdad?".

Hoy vivimos en una era de "posverdad", donde los sentimientos a menudo pesan más que los hechos. Sin embargo, debemos entender que la verdad no depende de que alguien crea en ella para ser real; no se altera por las palabras que elegimos para describirla, ni se hiere cuando se le descuida. La verdad es, simplemente, la verdad.

Proposición: Para alcanzar la salvación, debemos reconocer que la verdad no es un concepto subjetivo, sino una realidad divina con cualidades específicas.


I. La verdad es absoluta

En un mundo que abraza el relativismo, la Biblia sostiene que existen realidades incambiables.

A. El mito del relativismo

    1. La verdad física: Muchos dicen: "Tu verdad no es mi verdad", pero nadie duda de que la hierba es verde, las rocas son duras o que la ley de gravedad hará que lo que sube deba bajar.

    2. El ejemplo de la percepción: Si ponemos tres cubetas de agua (fría, templada y caliente) y metemos las manos, nuestra percepción térmica puede variar según la mano que usemos, pero la temperatura real del agua es una sola, independientemente de lo que sintamos.

B. La Biblia como estándar absoluto

    1. Inspiración divina: No es un libro de opiniones humanas; es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16-17).

    2. La naturaleza de Dios: La verdad bíblica es absoluta porque emana de un Dios que no puede mentir (Hebreos 6:18; Tito 1:2).

    3. Certeza de salvación: Gracias a que la verdad es absoluta, podemos tener la plena seguridad de nuestra vida eterna y no vivir en la adivinanza (1 Juan 5:13).


II. La verdad no se altera

A diferencia de las leyes humanas o las modas culturales, la verdad de Dios permanece inmutable.

A. El intento humano por alterarla

    1. La tragedia de la desobediencia: En 1 Reyes 13, vemos la historia del hombre de Dios que fue engañado por un profeta viejo. El hombre de Dios murió porque permitió que una mentira alterara la instrucción original que Dios le había dado.

    2. Advertencias apostólicas: * Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que se levantarían hombres hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos (Hechos 20:28-31).

        ◦ Pedro advirtió sobre aquellos que tuercen las Escrituras para su propia perdición (2 Pedro 3:16).

B. La verdad es completa

    1. Rechazo a nuevas revelaciones: Cualquier mensaje que contradiga o intente "actualizar" el Evangelio debe ser rechazado (Gálatas 1:8-9).

    2. La revelación final: Dios ya nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 Pedro 1:3). Con la llegada de "lo perfecto" (la revelación completa de Su voluntad), no necesitamos nuevas señales, pues Su Palabra es suficiente (1 Corintios 13:8-10; Juan 16:13).


III. La verdad se manifiesta en Jesús

La verdad no es solo una proposición lógica; es una Persona.

A. Su palabra es la norma

    1. Permanencia y libertad: Jesús prometió que si permanecemos en Su palabra, seremos verdaderamente Sus discípulos, conoceremos la verdad, y ella nos hará libres (Juan 8:31-32).

    2. La esclavitud del pecado: Quien rechaza la verdad de Cristo cae en la cautividad del pecado (Juan 8:34-36; Romanos 6:16). Solo la verdad puede romper esas cadenas.

B. El efecto libertador de Jesús

    1. Exclusividad: Así como solo hay una verdad, solo hay un Salvador. Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6; Hechos 4:12).

    2. La obra de Jesús:

        ◦ Revelación: Él nos mostró el carácter del Padre (Juan 14:7-11).

        ◦ Reconciliación: Él pavimentó el camino de regreso a Dios (2 Corintios 5:18-19).

        ◦ Esperanza: Él es nuestro precursor, entrando más allá del velo para asegurarnos un lugar (Hebreos 6:19-20).

¿Qué es la verdad?

Conclusión

Pilato tuvo la Verdad frente a sus ojos y, sin embargo, prefirió lavarse las manos. Nosotros no podemos permitirnos ese lujo.

Para encontrar la salvación, nuestra fe debe estar depositada en la única fuente legítima: Jesucristo. El mundo ofrece "verdades" a medias que fallan en la hora de la muerte, pero la Verdad de Dios permanece para siempre. Renunciar a Jesús es renunciar a la salvación misma.

Hoy la pregunta de Pilato vuelve a nosotros, pero con una urgencia eterna: ¿Aceptarás la Verdad que te hace libre, o seguirás las sombras de este mundo?


Para superar El Desánimo: Tened Buen Ánimo Juan 16:33

 Predica sobre el desánimo Juan 16:33

Jesús dijo una vez: “Tened buen ánimo; Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Todos somos víctimas del desánimo a veces. Este es un problema difícil, si no imposible, de resolver completamente, la vida no se puede vivir exclusivamente en el mismo nivel. Tendrá sus picos y valles, sus altibajos, sus altibajos.

El problema es hundirse, hundirse, meterse en un valle y no salir, entonces se instala la depresión y nos volvemos miserables e inútiles. 

Dios no quiere que nos desanimemos. Él quiere que seamos felices. Su mensaje es: "Tened buen ánimo". Consideremos algunas formas de superar el desánimo.

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Aquí tienes una propuesta de sermón profundo y estructurado en español, redactado con un tono empático, firme y alentador, basado en el pasaje de Juan 16:31-33 e integrando los ejemplos bíblicos y las lecciones del bosquejo.


Victoria sobre el desânimo: Fortalecidos en la verdad

Lectura Bíblica: Juan 16:31-33

Introdução

El desánimo es un enemigo universal. Nadie es inmune a él; cruza fronteras, clases sociales y niveles de espiritualidad. Es esa sensación de pesadez que nubla la visión y drena nuestras fuerzas. Sin embargo, aunque el desánimo sea una experiencia común, Dios no desea que Sus hijos vivan bajo su yugo. Jesús fue honesto: el mundo es un lugar de aflicción, pero la paz no se encuentra en la ausencia de problemas, sino en Su victoria. Hoy aprenderemos cómo enfrentar y superar el desánimo a través de la Palabra de Dios.


I. Exemplos Bíblicos de Desânimo

Incluso los gigantes de la fe enfrentaron momentos de profunda oscuridad. Esto nos enseña que el desánimo no es necesariamente un pecado, sino una batalla que debemos pelear.

A. Elías: El profeta agotado (1 Reyes 19:1-18)

    1. Después de la cumbre, el valle: Elías acababa de experimentar una victoria espectacular en el Monte Carmelo contra los profetas de Baal. Pero, ante la amenaza de Jezabel, el miedo reemplazó a la fe.

    2. El deseo de rendirse: Huyó al desierto y oró por su muerte (v. 4). A menudo, el agotamiento físico precede al colapso espiritual.

    3. La mentira de la soledad: Elías creía ser el único fiel (v. 10). Dios le recordó que había siete mil que no doblaron sus rodillas ante Baal. El desánimo nos hace sentir aislados, pero nunca estamos solos.

B. Juan el Bautista: El mensajero confundido (Lucas 7:19-23)

    1. La duda en la prisión: Juan, quien bautizó a Jesús, ahora pregunta desde la cárcel: "¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?". Las circunstancias difíciles pueden hacernos cuestionar lo que antes sabíamos con certeza.

    2. La respuesta de Jesús: Jesús no lo reprendió, sino que mostró Su poder sanador. Le recordó a Juan que las profecías se estaban cumpliendo. Jesús es la única respuesta que satisface nuestras dudas.


II. Causas Comuns de Desânimo

Para vencer al enemigo, primero debemos identificar sus tácticas.

A. La enfermedad física

La debilidade del cuerpo puede afectar la moral del alma. Grandes siervos sufrieron:

    • Pablo y su aguijón en la carne (2 Cor. 12:7-10).

    • Timoteo y sus problemas estomacales (1 Tim. 5:23).

    • Epafrodito y su enfermedad mortal (Fil. 2:25-30). Lección: La salud física es un regalo, pero su ausencia no impide que Dios nos use. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad.

B. La pérdida de posesiones materiales

El ejemplo de Job es insuperable (Job 1:13-21). Perdió su riqueza y a sus hijos en un solo día.

    • Su actitud: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito".

    • Nuestra realidad: Nada trajimos al mundo y nada nos llevaremos (1 Tim. 6:7). Dios sigue siendo nuestro proveedor (Mat. 6:33; Heb. 13:5).

C. La traição e o abandono de amigos

A veces, el golpe más duro viene de quienes amamos.

    1. Jesús lo vivió: Sus discípulos se apartaron (Jn. 6:66), Judas lo traicionó, Pedro lo negó y todos lo abandonaron en el huerto (Zac. 13:7; Mt. 26:31).

    2. Pablo lo vivió: Demas lo abandonó por amor al mundo (2 Tim. 4:10). En su defensa, nadie estuvo a su lado (v. 16). Lección: Si el mundo o tus amigos te abandonan por seguir a Cristo, estás en buena compañía. Jesús entiende tu dolor.


III. Cómo Superar el Desânimo

Dios nos ha dejado herramientas prácticas y espirituales para recuperar la firmeza.

A. Recordar nuestra fuente de fortaleza

    1. La Palabra: Es nuestro alimento y nuestra espada (1 Pe. 2:2; Heb. 4:12).

    2. La Oración: Jesús buscaba tiempo a solas con el Padre (Mr. 1:35). La oración es el oxígeno del alma desalentada.

    3. La Comunhão: No fuimos diseñados para ser cristianos aislados (Heb. 10:24-25). Necesitamos el aliento de los hermanos.

B. Mantener una actitud determinada

Debemos usar las habilidades que Dios nos dio para Su gloria (Ef. 4:11-16). El desánimo se combate con acción. Al igual que Pablo, debemos olvidar lo que queda atrás y proseguir hacia la meta (Fil. 3:12-14).

C. Recordar que nunca estamos solos

    • Jesús prometió estar con nosotros hasta el fin (Mt. 28:20).

    • Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom. 8:31).

    • Al igual que estuvo con Pablo en su juicio, el Señor está a tu lado ahora mismo (2 Tim. 4:17).

D. Entender que el desánimo é temporal

El salmista escribió: "Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría" (Sal. 30:5). Una frase común en la Biblia es "Y aconteció que..." (o "Y pasó que..."). Tus problemas no han venido para quedarse, han venido para pasar.

El mensaje del Señor es: "Te amo... te necesito". (Marcos 11:3). “Tú vales más que muchos pajarillos”. (Mateo 10:31). Pablo enseña que cada miembro tiene un lugar vital en el cuerpo de Cristo. (1 Co. 12:13-27).

Podemos vencer el desánimo considerando lo inútiles que somos cuando estamos desanimados. La Biblia nos enseña a animar a los hombres. (1 Tesalonicenses 5:11; Hebreos 10:24).

La percepción de la presencia de Dios hará una diferencia en nuestras vidas. (Salmo 46:1; Mateo 28:20; Hebreos 13:5, 6). Podemos vencer el desánimo a través de la oración. Debemos aprender a llevar nuestras causas de desánimo al Señor en oración. (Filipenses 4:6, 7).

A lo largo de la vida, todos experimentamos momentos de tristeza, dolor y desánimo. Pero en Juan 16:33, Jesús nos da una promesa que puede darnos esperanza incluso en los momentos más difíciles: "En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo". Hoy, dividiremos nuestro sermón en tres temas para explorar más a fondo lo que significa encontrar esperanza en el desánimo.

 1: El desánimo es una realidad en la vida.

En Salmo 42:11, el salmista se pregunta por qué está abatido y por qué su alma está tan turbada. El desánimo puede venir por muchas razones: problemas financieros, dificultades en las relaciones, enfermedades, fracasos, entre otras cosas. 

Todos en algún momento de la vida hemos pasado por situaciones difíciles que nos han llevado al desánimo. Pero, como el salmista en el Salmo 42, debemos aprender a reconocer nuestros sentimientos y buscar ayuda en Dios.


 2: La esperanza en el desánimo viene de Dios.

En Salmo 121:1-2, el salmista declara que su ayuda viene del Señor. En momentos de desánimo, es fácil sentir que estamos solos y que no hay esperanza. Pero como creyentes, sabemos que Dios está con nosotros y que podemos confiar en Él. 

Debemos acercarnos a Él en oración, leer su Palabra y buscar comunión con otros creyentes para encontrar la esperanza que necesitamos.

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3: En Jesús encontramos la victoria sobre el desánimo. 

En 2 Corintios 4:8-9, Pablo nos dice que aunque estamos atribulados, no estamos desesperados. Jesús ha vencido al mundo y su victoria es nuestra también. 

Cuando nos sentimos desanimados, debemos recordar que tenemos la victoria en Cristo y que Él nos fortalecerá para superar nuestras dificultades. Como dice Romanos 8:37, "En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó".

Predica sobre el desánimo Juan 16:33

  1. Predica sobre Las Primicias: Honra al Señor y serás honrado Proverbios 3:9
  2. Predica sobre El Ayuno: intimidad con dios
  3. Predica sobre Todo Tiene su Tiempo Eclesiastés 3

Conclusión:

El éxito en la vida cristiana pertenece a aquellos que no se rinden.

    • Abraham Lincoln perdió ocho elecciones antes de ser presidente.

    • Robert Peary fracasó siete veces durante 23 años antes de llegar al Polo Norte.

La victoria definitiva es nuestra si permanecemos fieles. Jesús dijo: "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Ap. 2:10). El desánimo puede ser real, pero nuestra victoria en Cristo es eterna. No desmayes, el Señor todavía tiene planes para ti.

El desánimo es una realidad en la vida, pero podemos encontrar esperanza en Dios y en la victoria que Jesús ha ganado por nosotros. Cuando nos sentimos desanimados, debemos reconocer nuestros sentimientos, acercarnos a Dios y recordar que en Cristo tenemos la victoria. Como nos dice Juan 16:33, "En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo". Que hoy y siempre podamos confiar en Él y encontrar la esperanza que necesitamos.

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Lectura Bíblica: Números 13:30-33

"Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos..."

Introducción

No hay nada más trágico que estar a un paso de lograr el sueño de toda una vida y rendirse justo al final. Imaginen a un atleta que se detiene a metros de la meta o a un heredero que rechaza su fortuna por un momento de duda. Espiritualmente, esto fue lo que le sucedió a la nación de Israel. La falta de fe los mantuvo fuera de la Tierra Prometida, a pesar de que Dios ya se la había entregado en sus manos.

¿Qué podemos aprender de este oscuro episodio de su historia? Para no cometer sus mismos errores y asegurar las promesas que Dios nos ha hecho hoy, debemos mirar primero su ejemplo.


I. El ejemplo de Israel: Un espejo para nuestra alma

Israel estuvo en el umbral de su bendición, pero su visión terrenal nubló su destino espiritual.

A. El reconocimiento de la bendición (13:21-25)

Los espías recorrieron la tierra y trajeron evidencia tangible: un solo racimo de uvas era tan grande que debía ser cargado por dos hombres. Admitieron que era una tierra que "fluye leche y miel" (v. 27). Dios no estaba mintiendo; la promesa era real y era buena.

B. El informe negativo y la crisis de identidad (13:30-33)

Aquí vemos dos perspectivas:

    1. La perspectiva de la fe: Caleb creía en el éxito futuro porque su confianza estaba en Dios (v. 30).

    2. La perspectiva del miedo: Los otros espías se vieron a sí mismos como "langostas" frente a los gigantes. Cuando quitamos la mirada de Dios, nuestros problemas crecen y nuestra identidad se encoge.

C. El deseo de volver atrás (14:1-5)

En lugar de avanzar, el pueblo lloró y deseó haber muerto en Egipto. Creyeron que Dios los había llevado allí para morir. Es increíble cómo el miedo puede hacernos preferir la esclavitud conocida que la libertad prometida. Intentaron nombrar un nuevo líder para volver a Egipto.

D. El grito de Josué y Caleb (14:6-10)

Estos dos hombres de Dios intentaron recordarles que si Dios se agradaba de ellos, Él los introduciría en la tierra. Dijeron una verdad espiritual profunda: "Su protección se ha apartado de ellos" (v. 9). Los gigantes no tenían defensa contra el Dios de Israel.

E. El rechazo del Señor

La incredulidad tiene consecuencias. Dios sentenció a esa generación a morir en el desierto (14:20-24). Solo Josué y Caleb, quienes tuvieron un "espíritu diferente", verían la promesa cumplida.

F. La dura lección

Israel aprendió por las malas que no hay éxito sin Dios. Intentaron conquistar la tierra por sus propias fuerzas después de ser rechazados y fueron derrotados (14:39-45). Sin embargo, la victoria era posible; lo vemos más adelante con las derrotas de los reyes Sehón y Og (Núm. 21) y el testimonio de Rahab, quien reconoció que el terror de Dios ya había caído sobre los cananeos (Josué 2:9-11). El enemigo ya estaba vencido, pero Israel no lo creyó.


II. Lecciones para nosotros hoy

La historia de Israel no está en la Biblia para nuestra curiosidad, sino para nuestra advertencia.

A. Debemos tener fe en el reposo futuro

    1. El peligro de la incredulidad: Hebreos 3:16-19 nos dice claramente que ellos no pudieron entrar por causa de su falta de fe.

    2. Una promesa vigente: Hebreos 4:1-7 discute el Salmo 95 y nos asegura que aún queda un reposo para el pueblo de Dios. No debemos ser negligentes. Debemos esforzarnos para no caer en el mismo ejemplo de desobediencia (Hebreos 4:8-11).

B. Una fe que salva el alma

¿Cómo es la fe que nos permite alcanzar las promesas?

    1. Mira a la Cruz: Jesús ya conquistó al pecado y a la muerte. Así como Israel debía confiar en que Dios vencería a los gigantes, nosotros confiamos en que en Cristo nuestros pecados son lavados (Hechos 4:12).

    2. Mira a las promesas: Abraham creyó en una tierra para su descendencia. Jesús nos prometió que va a preparar lugar para nosotros (Juan 14:1-4). Pablo vivía con la convicción de que tenemos un edificio de Dios, una casa eterna en los cielos (2 Corintios 5:1-8).

    3. Es una fe que obedece: La fe sola no basta; hasta los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19).

        ◦ Debemos obedecer al Evangelio (2 Tesalonicenses 1:8).

        ◦ Debemos identificarnos con Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo (Romanos 6:3-4).

        ◦ Debemos permanecer fieles hasta la muerte (Apocalipsis 2:10).

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Conclusión

Israel tuvo victorias asombrosas sobre Sehón y Og porque Dios peleó por ellos. Él habría hecho lo mismo con cada gigante en Canaán, pero el pueblo permitió que el miedo fuera más grande que su Dios.

Si fallamos en poner nuestra fe en Dios y en obedecer Su Palabra, pasaremos una eternidad de lamentos, sabiendo que la promesa estaba allí, pero la rechazamos por incredulidad.

Por lo tanto, hermanos, ¡seamos como Josué y Caleb! No miremos el tamaño de los gigantes en nuestra vida, sino la grandeza de Aquel que nos hizo la promesa. ¡Mantengamos la fe, obedezcamos al Señor y tomemos posesión de la patria celestial que nos espera!


¿Cómo alcanzamos un solo corazón en Cristo? Filipenses 2:1-4

 El Diseño de la Unidad: Un Solo Corazón en Cristo

Lectura Bíblica: Filipenses 2:1-4

"Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable y misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo..."

Introducción

La unidad no es simplemente la ausencia de conflicto; es una armonía espiritual que refleja la gloria de Dios. El salmista lo expresó con belleza: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Salmos 133:1-3). Para Dios, la unidad es hermosa, pero para la iglesia, la unidad es vital.

Pablo, escribiendo desde la prisión a sus amados hermanos en Filipos, identifica que la unidad no ocurre por accidente. Se construye sobre dos pilares fundamentales de la mente cristiana: la unidad de pensamiento y la profundidad de la humildad.

Proposición: Para establecer una unidad inquebrantable en el cuerpo de Cristo, debemos cultivar una mente común y un corazón humilde.


I. Tened una misma mente (v. 1, 2)

La unidad comienza con el reconocimiento de lo que ya compartimos en el Señor. Pablo no apela a un esfuerzo humano, sino a la realidad de nuestra posición en Cristo.

A. Las bendiciones que disfrutamos en Cristo

Pablo presenta cuatro realidades que deben motivar nuestra unión:

    1. Consolación (Aliento) en Cristo: Jesús nos ha liberado de la esclavitud del pecado (Efesios 1:7; Romanos 5:8). Ese perdón compartido nos da una fuerza común (Filipenses 4:13).

    2. Consuelo de amor: Sabemos que Dios nos ama y cuida de nosotros (1 Pedro 5:7; Mateo 6:33). Ese amor es nuestra ancla en medio de la tribulación (2 Corintios 1:3-7).

    3. Comunión del Espíritu: Fuimos bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo (1 Corintios 12:13). Aunque somos muchos miembros con funciones distintas, la vida que corre por nuestras venas espirituales es la misma (1 Corintios 12:14-31).

    4. Afecto y Misericordia: El amor de Dios nos obliga a amarnos unos a otros (1 Juan 4:11). La iglesia en Filipos entendía esto bien; habían recibido afecto de Pablo y se lo habían devuelto con generosidad (Filipenses 1:8; 4:14-16).

B. El significado de "sentir lo mismo"

    1. Unidad en doctrina: Debemos estar unidos en lo que es claramente expresado en la Escritura (1 Corintios 1:10). Son los asuntos de fe que nacen del "oír la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Aquí no hay espacio para negociar.

    2. Asuntos de opinión: En áreas donde la Biblia no habla, el respeto debe prevalecer. Podemos estar en desacuerdo en métodos o preferencias, siempre y cuando lo hagamos de una manera piadosa, sin romper el vínculo de la paz.


II. Tened una mente humilde (v. 3, 4)

La unidad de pensamiento se pierde si no hay humildad en el trato. La humildad es el aceite que permite que los engranajes de la iglesia funcionen sin fricción.

A. Nada hagáis por rivalidad o vanagloria

    1. La ambición egoísta: Es buscar lo que yo quiero por encima del bienestar de los demás. Es el deseo de "ganar" o de "tener la razón" a costa de la paz del cuerpo.

    2. Unidad de propósito: Debemos estar unidos en la misión de Cristo, no en la promoción de nuestra propia agenda personal.

B. Estimad a los demás como superiores a uno mismo

    1. Malentendidos sobre la humildad:

        ◦ No significa que seamos "menos capaces" que otros. Moisés era el hombre más humilde de la tierra, pero era un líder poderoso (Números 12:3).

        ◦ El ejemplo máximo es Jesús: Él no dejó de ser Dios, pero se despojó de Sus derechos para servirnos (Filipenses 2:5-8; Juan 13:1-11).

    2. El significado real: Humildad es poner las necesidades de mi hermano por encima de mis propias comodidades.

C. Velad por los intereses de los demás

    1. El equilibrio bíblico: La Biblia reconoce que debemos cuidar de nosotros mismos (Mateo 22:39; Efesios 5:28-29), pero el egoísmo nos hace detenernos ahí.

    2. Mirar más allá de nuestras fronteras: * Necesidades físicas: Si vemos a un hermano en necesidad y cerramos nuestro corazón, el amor de Dios no habita en nosotros (1 Juan 3:16-17; Santiago 2:14-ff).

        ◦ Necesidades emocionales: Nuestras palabras deben edificar y dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29; Colosenses 4:6).

¿Cómo alcanzamos un solo corazón en Cristo? Filipenses 2:1-4


Conclusión

La unidad es ciertamente hermosa ante los ojos de Dios (Salmos 133:1-3). Pero tiene un propósito evangelístico crucial: Jesús oró para que fuéramos uno con el fin de que el mundo crea que el Padre le envió (Juan 17:20-21).

Cuando una iglesia está unida en mente y humildad, se convierte en un faro que el mundo no puede ignorar. ¿Estamos hoy contribuyendo a esa unidad o estamos permitiendo que la opinión y el orgullo creen divisiones? Que el Espíritu nos guíe a sentir lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.


Dios nos sostiene: Los beneficios de su Creador

Dios nos sostiene: Las codornices en el desierto

Lectura Bíblica: Números 11:4-9

"Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!..."

Introducción

Cualquier padre terrenal que ama a sus hijos desea darles buenas dádivas. Jesús mismo lo utilizó como ejemplo para enseñarnos sobre la naturaleza del Padre Celestial: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?... ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:7-11).

Sin embargo, para recibir y disfrutar de las bendiciones de Dios, se requiere un corazón receptor: un corazón lleno de gratitud. El episodio de las codornices en el desierto es una lección solemne sobre lo que sucede cuando el pueblo de Dios olvida los beneficios de su Creador. Hoy veremos cómo la gratitud es nuestra mayor defensa espiritual.


I. La gratitud nos guarda de la queja

El descontento es un virus que se propaga rápidamente cuando perdemos de vista la liberación de Dios.

A. El ejemplo de Israel

    1. La influencia externa: En el campamento había una "multitud mixta" (israelitas y egipcios que se unieron a ellos en Éxodo 12:38). Fue este grupo el que inició el "vivo deseo" o la queja, contagiando al resto de la congregación.

    2. Memoria selectiva: Recordaban con nostalgia el pescado, los pepinos y las cebollas de Egipto (v. 5), pero olvidaban convenientemente los látigos, el ladrillo y la esclavitud.

    3. Desprecio por la provisión divina: Llegaron a decir: "Nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos" (v. 6). Menospreciaron el "pan del cielo" porque sus ojos deseaban lo terrenal.

    4. Falta de perspectiva: Deberían haber estado desbordando en gratitud por haber escapado de la muerte bajo la mano poderosa de Dios.

B. Nosotros hoy

    1. El peligro del descontento: Si buscamos motivos para quejarnos, siempre los encontraremos. El descontento no depende de lo que nos falta, sino de no apreciar lo que tenemos.

    2. El antídoto de la gratitud: Recordar lo que el Señor ha hecho por nosotros es la clave para vencer la queja.

    3. El ejemplo de Pablo: Pablo aprendió el secreto del contentamiento. No dependía de sus circunstancias, sino de su fortaleza en Cristo (Filipenses 4:10-13).


II. La gratitud nos mantiene confiando

Cuando agradecemos por la provisión pasada, fortalecemos nuestra fe para la necesidad futura.

A. El ejemplo de Israel

    1. El desánimo de Moisés: Incluso el gran líder Moisés se sintió abrumado: "¿De dónde tengo yo carne para dar a todo este pueblo?" (v. 13). Aun después de que Dios prometió proveer carne por un mes entero, Moisés dudó de la logística del milagro (v. 21-22).

    2. La respuesta de Dios: La respuesta del Señor es una de las declaraciones más poderosas de la Biblia: "¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová?" (v. 23). La gratitud nos recuerda que Su mano sigue siendo larga para salvar y proveer.

B. Nosotros hoy

    1. La responsabilidad humana: Dios sostiene, pero el hombre debe actuar. Pablo trabajaba con sus manos (2 Tesalonicenses 3:7-8) y enseñaba que el trabajo es parte de la dignidad humana (2 Tesalonicenses 3:10; Proverbios 16:26).

    2. Lo que está fuera de nuestras manos: Hay crisis que no podemos resolver solos:

        ◦ La enfermedad de un ser querido (como Epafrodito en Filipenses 2:25-30).

        ◦ La inestabilidad política global (1 Timoteo 2:1-3; Romanos 13:1-ff).

    3. Confianza basada en la memoria: Confiamos en Dios hoy porque recordamos todas las bendiciones que Él ya nos ha dado hasta este momento. Si lo hizo antes, lo hará de nuevo.


III. La gratitud nos libra de la codicia

La codicia es el deseo insaciable de tener más; la gratitud es la satisfacción de tener a Dios.

A. El ejemplo de Israel

    1. Abundancia y exceso: Dios envió codornices en tal cantidad que cubrieron el campamento.

    2. Frenesí de codicia: El pueblo pasó todo el día y toda la noche recolectando. El que menos recogió, recolectó diez montones (un "homer" cada uno, una cantidad masiva).

    3. El juicio divino: El Señor los hirió con una plaga mientras la carne estaba aún entre sus dientes. El lugar fue llamado Kibrot-hataava (Sepulcros de la Codicia), porque allí enterraron a los que se dejaron llevar por el deseo desenfrenado.

B. Nosotros hoy

    1. Prioridades claras: Nuestra confianza debe estar en que Dios cuida de nosotros (1 Pedro 5:7) mientras buscamos primeramente Su reino y Su justicia (Mateo 6:33).

    2. Piedad con contentamiento: * Pablo le escribe a Timoteo que gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Timoteo 6:6-10).

        ◦ Debemos estar satisfechos con el sustento y el abrigo.

        ◦ Quienes se desesperan por las riquezas terminan traspasados de muchos dolores. La gratitud es la barrera que impide que la codicia nos destruya.

Dios nos sostiene: Los beneficios de su Creador

Conclusión

Dios nos ama y tiene cuidado de cada detalle de nuestras vidas. Él conoce nuestras necesidades incluso antes de que las articulemos en oración (Mateo 6:8).

El problema en el desierto no fue la falta de comida, sino la falta de gratitud. Cuando nuestros corazones están llenos de gratitud:

    • No habrá lugar para la queja.

    • No perderemos la fe en tiempos de escasez.

    • No seremos vencidos por la codicia en tiempos de abundancia.

Que el Señor nos ayude a ver el "maná" diario con ojos de asombro y agradecimiento, reconociendo que Su mano nunca se acorta para sostenernos.


Predica sobre Compasión: Revestidos de Misericordia Mateo 9:35-38

Revestidos de Misericordia: Cómo tener la compasión de Jesús

Lectura Bíblica: Mateo 9:35-38 "Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor."

Introducción

Es imposible afirmar que seguimos a Cristo si no caminamos con Su corazón. La Biblia es tajante: "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4:8). Pero el amor de Jesús no era un sentimiento abstracto; era compasión.

El término griego para compasión denota algo que se siente en lo más profundo de las entrañas. No es solo sentir lástima, sino "sufrir con el otro" o "moverse por el dolor ajeno" hasta el punto de actuar. Como dice el autor W.E. Vine, es un anhelo que brota desde lo más íntimo del hombre. Hebreos 4:15 nos dice que tenemos un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades.

Para ser como Jesús, debemos cultivar Su misma compasión en nuestros corazones.

¿Cómo podemos cultivar esta compasión en nuestro caminar diario?

Podemos cultivar la compasión observando tres facetas del ministerio de nuestro Señor: Su sanidad, Su enseñanza y Su perdón.


I. La compasión en la sanidad de Jesús

Jesús no sanaba solo para demostrar poder, sino porque el dolor humano le conmovía profundamente.

A. Ejemplos de un corazón movido

    1. Los dos ciegos (Mateo 20:29-34): A pesar de que la multitud les pedía que se callaran, ellos persistieron con fe. El texto dice que Jesús, "teniendo compasión de ellos, les tocó los ojos". Su persistencia encontró eco en la ternura del Señor.

    2. El leproso (Marcos 1:40-42): Este hombre imploró de rodillas. Según la Ley (Números 13:45), los leprosos debían estar aislados y gritar "¡Inmundo!". Nadie los tocaba. Pero Jesús, movido a compasión, extendió la mano y le tocó. Jesús rompió la barrera del aislamiento con el contacto de la misericordia.

B. Nuestra aplicación hoy

    1. Misericordia sin milagros: Aunque no poseemos el poder milagroso de sanar físicamente, sí poseemos el mandato de ser compasivos.

    2. Presencia y oración: Podemos hacer saber a los demás que los amamos y que intercedemos por ellos. A veces, el "toque" que alguien necesita es una llamada o una visita.

    3. Eliminar el aislamiento: Muchos hoy se sienten tan solos como los leprosos de antaño. Nuestra misión es evitar que alguien en nuestra comunidad se sienta invisible o abandonado.


II. La compasión en la enseñanza de Jesús

Jesús veía más allá de las necesidades físicas; Él veía la desolación del alma.

A. Jesús enseñó a las multitudes (Mateo 9:35-38)

    1. El Evangelio del Reino: Jesús recorría las ciudades enseñando la buena noticia.

    2. Ovejas sin pastor: Su compasión brotó al ver que la gente no tenía dirección espiritual.

        ◦ Los líderes religiosos de la época no cuidaban al rebaño; al contrario, ponían cargas pesadas y difíciles de llevar (Mateo 23:4). Jesús vio su desamparo y se dolió por su confusión espiritual.

B. El hombre moderno y el Evangelio

    1. No descartar a nadie: La compasión nos prohíbe dar por perdida a cualquier persona. El Evangelio es para todos.

    2. El ejemplo de Corinto: Esa ciudad estaba hundida en la inmoralidad sexual, pero el Señor le dijo a Pablo: "Tengo mucho pueblo en esta ciudad" (Hechos 18:10). La compasión ve "pueblo de Dios" donde nosotros a veces solo vemos pecado.

    3. Plantar, no juzgar: Nuestra labor es sembrar la semilla del Evangelio; no nos corresponde a nosotros juzgar la calidad del suelo antes de predicar. La compasión ofrece la verdad a todos sin distinción.


III. La compasión en el perdón de Jesús

La máxima expresión de la compasión es la disposición a perdonar lo imperdonable.

A. El sacrificio de la Cruz

    1. Amor demostrado: Dios demuestra Su amor en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:6-9).

    2. Corazón perdonador: Incluso en agonía, Jesús exclamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Su compasión superó Su propio dolor físico.

B. Nuestra Salvación y Mediación

    1. Se hizo como nosotros: Para ser un Sumo Sacerdote misericordioso, tuvo que ser hecho semejante a sus hermanos (Hebreos 2:17).

    2. Simpatía por nuestra debilidad: Él entiende nuestras luchas porque fue tentado (Hebreos 4:14-16).

    3. Nuestros roles divinos: Él es nuestro Abogado (1 Juan 2:2), nuestro Mediador (1 Timoteo 2:5) y quien intercede constantemente por nosotros. Su compasión es la base de nuestra seguridad eterna.

Predica sobre Compasión: Revestidos de Misericordia Mateo 9:35-38

  1. Bosquejo sobre Tentación: El Arte de Resistir 
  2. Bosquejo sobre Shalom: La paz que Jesús compró para nosotros
  3. Bosquejo sobre Isaías 54:17  ¡Ninguna arma forjada contra ti prevalecerá!

Conclusión

Hoy, Jesús sigue teniendo una gran compasión por toda la humanidad. Él no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Por eso, Él extiende la invitación más grande: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo..." (Apocalipsis 3:20).

Jesús ya hizo todo lo necesario: sanó, enseñó y murió para hacer posible la salvación. Lo único que queda es que el ser humano responda a esa compasión divina. Si tú has recibido Su compasión, ¿estás dispuesto hoy a reflejarla hacia los demás?

Que el mundo pueda decir de nosotros lo que decía de Jesús: que al vernos, pudieron ver a alguien que se duele con el que sufre y que ofrece esperanza al desamparado.


¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Lectura Bíblica: Hebreos 12:5-9 "...Además, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?"

Introducción

El concepto de respeto hoy en día parece estar en crisis, pero en las Escrituras, el respeto hacia Dios —a menudo llamado "temor reverente"— es el fundamento de toda sabiduría. El autor de Hebreos utiliza la analogía de los padres terrenales para darnos una idea profunda de nuestra relación con el Creador: si respetábamos a quienes nos dieron la vida física y nos corrigieron, cuánto más debemos rendir honor al Padre de nuestros espíritus.

Dios mismo declaró en Levítico 10:3: "En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado". No podemos acercarnos a Él de cualquier manera. Mostramos respeto hacia Dios de las siguientes formas:


I. Guardando Su Palabra

El respeto no es un sentimiento estático; es una acción que se traduce en obediencia. Respetar a Dios es tomar en serio lo que Él ha dicho.

A. Muerte al pecado

    1. Hacia todo tipo de pecado: El respeto implica aborrecer lo que Dios aborrece. Debemos morir tanto a los pecados de comisión (hacer lo malo) como a los de omisión (no hacer el bien que sabemos debemos hacer).

    2. La posición del creyente: Considerarse "muertos al pecado" es la esencia del arrepentimiento bíblico (Romanos 6:11). No se puede respetar al Rey mientras se abraza la rebelión contra Su trono.

B. Haciendo Su voluntad

    1. El camino de salvación: Respetamos a Dios cuando enseñamos y seguimos Su plan de redención sin alterarlo.

    2. La adoración en verdad: Dios espera que le adoremos según el patrón del Nuevo Testamento: "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24). Alterar la adoración para complacer los gustos humanos es una falta de respeto a Su soberanía.

    3. Nuestra interacción mutua: El respeto a Dios se refleja en cómo tratamos a Su creación. Amarnos unos a otros y perdonarnos es un mandato directo (Juan 13:34-35; Mateo 6:14-15).


II. Originándose desde el corazón

El respeto externo sin devoción interna es hipocresía, y Dios la detesta.

A. La lección de los israelitas (Amós 5:21-ff)

    1. Religiosidad vacía: En los días de Amós, el pueblo celebraba fiestas y ofrecía sacrificios, pero Dios dijo: "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades" (v. 21).

    2. El problema del corazón: Dios rechazó sus ofrendas porque sus corazones estaban lejos de la justicia. El respeto no es un ritual; es una condición del alma.

B. Los días de Moisés

    1. El deseo de Dios: En el monte Sinaí, el pueblo sintió temor ante la majestad de Dios. Dios exclamó: "¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos!" (Deuteronomio 5:29).

    2. La clave del bienestar: El respeto genuino produce una obediencia que resulta en bendición. Dios no busca esclavos aterrorizados, sino hijos reverentes.


III. Motivado por la sangre de Jesús

Nuestra mayor motivación para respetar a Dios no es el miedo al castigo, sino el costo de nuestra redención.

A. El precio de nuestra limpieza

    1. Amor demostrado: Dios mostró Su amor por nosotros cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:6-9).

    2. Redención y rescate: Hemos sido redimidos por Su gracia (Efesios 1:7).

    3. Propiedad divina: No nos pertenecemos a nosotros mismos; fuimos comprados por un precio altísimo: la sangre preciosa de Cristo (1 Corintios 6:18-20; 1 Pedro 1:18-19). El respeto es la respuesta lógica de un corazón agradecido por haber sido rescatado de la esclavitud.

B. No pisotear lo sagrado (Hebreos 10:26-31)

    1. Pecado deliberado: Tratar la sangre de Cristo como algo "común" o sin valor es la mayor falta de respeto imaginable. Esto se refiere a pecar con intención y persistencia.

    2. La gracia no es libertinaje: No continuamos en el pecado para que la gracia abunde; eso sería una burla al sacrificio de la cruz (Romanos 6:1-4).


IV. Sobrepasando todo lo demás

El respeto a Dios debe ser la prioridad absoluta de nuestra existencia, por encima de cualquier otra lealtad.

A. Lo que dejamos atrás

    1. Respeto sobre los lazos familiares: Nuestra lealtad a Dios es superior incluso a la familia si esta se interpone en nuestro camino hacia Él (Mateo 10:34-39).

    2. Respeto sobre el mundo: La amistad con el mundo es enemistad con Dios (Santiago 4:4). El respeto a Dios nos obliga a rechazar los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:15-17).

B. A lo que nos aferramos

    1. Amor total: El mayor mandamiento es amar y respetar a Dios con todo nuestro ser: corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:29-31).

    2. Obediencia por amor: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). El respeto y el amor son dos caras de la misma moneda.

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Conclusión

El verdadero respeto hacia Dios no es una simple formalidad dominical; es una forma de vida que nace en lo más profundo de nuestro corazón y se alimenta de la gratitud por la sangre de Jesús.

Cuando respetamos a Dios de verdad, no tenemos que esforzarnos por ponerlo en primer lugar; Él simplemente es el primero. ¿Es tu vida un reflejo de la santidad y majestad de Dios? Honrémosle hoy con nuestra obediencia y nuestra devoción total.


¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

 Firmes hasta el fin: ¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

Lectura Bíblica: 2 Pedro 3:14-18 "...estad lógicamente en guardia, no sea que arrastrados por el error de los malvados, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo."

Introducción

En cualquier disciplina de la vida, hay pocas cosas más trágicas que esforzarse durante todo el trayecto y fallar justo antes de llegar a la meta. Un corredor que tropieza a metros de la línea final o un arquitecto que descuida los acabados de un edificio sólido. Espiritualmente, esta es una tragedia que nunca queremos experimentar. La vida cristiana no es solo un evento de inicio, sino una carrera de resistencia. Para llegar al cielo, no basta con comenzar; es imperativo permanecer.

Proposición: Para asegurar nuestro destino eterno, debemos cultivar una fe inamovible y constante en el Señor.


I. Reconocer la posibilidad de caer

El primer paso para mantenerse firme es abandonar la complacencia. La Biblia no enseña que la salvación sea algo que se pueda descuidar sin consecuencias.

A. La realidad de la caída

    1. Gálatas y la gracia: Pablo advierte a los hermanos en Galacia que algunos ya habían "caído de la gracia" al intentar justificarse por la ley (Gálatas 5:4).

    2. La condición del "si": Las bendiciones espirituales son nuestras "si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe" (Colosenses 1:23). La constancia es el requisito.

    3. El rescate del errante: Dios nos manda a restaurar a aquellos que se han desviado, lo que demuestra que un hijo de Dios puede perder el rumbo (Gálatas 6:1; Santiago 5:19-20).

B. Piedras de tropiezo

Debemos estar alertas a los peligros que socavan nuestra firmeza:

    • Falsas doctrinas: El error de los malvados puede arrastrarnos si no probamos los espíritus (2 Pedro 3:17; 1 Juan 4:1).

    • Persecución: Aquel que no tiene raíz cae cuando vienen las pruebas por causa de la Palabra (Mateo 13:20-21).

    • Placeres y afanes: Las preocupaciones de este mundo ahogan la fe y nos vuelven infructuosos (Mateo 13:22).


II. Desarrollar una mentalidad determinada

La firmeza no ocurre por accidente; es el resultado de una decisión predeterminada en el corazón.

A. Ejemplos de determinación

    1. Roboam (Ejemplo negativo): No preparó su corazón para buscar a Jehová, y por eso hizo lo malo (2 Crónicas 12:14).

    2. Ezequías (Ejemplo positivo): Buscó a Dios de todo corazón en todo lo que emprendió y fue prosperado (2 Crónicas 31:20-21).

    3. Esdras: Él había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla (Esdras 7:10).

B. El arrepentimiento como cimiento

Sin un arrepentimiento genuino antes del bautismo, es demasiado fácil resbalar de vuelta al mundo.

    • Jesús enseñó que sin arrepentimiento se perece (Lucas 13:3, 5).

    • Es la base de la predicación apostólica (Hechos 2:38). Quien no rompe con su pasado está condenado a repetirlo, como Demas, quien abandonó a Pablo por amar este mundo (2 Timoteo 4:10).


III. Seguir los modelos de firmeza

No tenemos que inventar el camino; otros ya lo recorrieron con éxito.

A. El ejemplo de Jesús

Jesús mantuvo Su firmeza mediante dos herramientas clave:

    1. El uso de las Escrituras: En la tentación (Mateo 4:1-11), ante temas controversiales (Mateo 19:4-6) y ante preguntas capciosas (Marcos 12:28-ff), Su respuesta siempre fue: "Escrito está".

    2. Sumisión a la voluntad del Padre: Su meta no era Su propio gusto, sino cumplir el diseño divino (Juan 5:30).

B. El ejemplo de Pablo

    1. Persistencia: Pablo no se sentía como si ya lo hubiera alcanzado todo, sino que "proseguía a la meta" (Filipenses 3:12-14).

    2. Exhortación: Su mensaje constante a la iglesia fue: "estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre" (1 Corintios 15:58).


IV. Recordar el destino y el costo

La motivación para no rendirnos viene de mirar hacia atrás (al sacrificio) y hacia adelante (al regreso del Rey).

A. El costo de nuestra entrada

Para estar donde estamos hoy, fue necesario el sacrificio de Jesús. Fuimos comprados a precio de sangre (Romanos 5:6-9; Efesios 1:7). Despreciar nuestra firmeza es pisotear la sangre de Cristo.

B. La promesa del regreso

    1. Lugar preparado: Jesús prometió volver por nosotros (Juan 14:1-4).

    2. Consuelo en Su venida: Pablo nos anima a no desmayar, pues los muertos en Cristo resucitarán y nosotros seremos arrebatados (1 Tesalonicenses 4:13-18).

    3. El anhelo final: Nuestra actitud debe ser la de Juan: "Amén; sí, ven, Señor Jesús" (Apocalipsis 22:20).

¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

Conclusión

Solo entraremos en el reposo eterno si somos hallados fieles y constantes en el Señor. La firmeza se cultiva recordando quién es Cristo, qué hizo por nosotros en la cruz y la promesa de que viene pronto a llevarnos a casa.

No permitas que el mundo te arrastre; mantén tus ojos en la meta y tus pies en la Roca. ¿Estás hoy más firme que ayer?


Evidencias Bíblicas de la Resurrección

Evidencias Bíblicas de la Resurrección: Fe para los que no vieron

Lectura Bíblica: Juan 20:24-29

"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron."

Introducción

No es necesario ver físicamente algo para creer en su existencia. Todos creemos en el Gran Cañón o en el Monumento a Washington sin haber estado allí necesariamente, porque confiamos en el testimonio de testigos oculares y en la evidencia documental. En el ámbito espiritual, ocurre lo mismo. Jesús mismo declaró una bendición especial para aquellos que, sin haber estado presentes en el huerto aquella mañana, han puesto su confianza en el hecho histórico de Su resurrección.

Proposición: La fe en la resurrección no es un salto al vacío, sino una respuesta lógica a la evidencia que Dios ha dejado para nosotros.


I. La razón de Tomás para creer

A menudo llamamos a Tomás "el incrédulo", pero su historia nos ofrece una de las pruebas más humanas y sólidas de la fe.

A. El contexto de su duda

    1. La tumba vacía: Juan y Pedro ya habían encontrado la tumba sin el cuerpo (Juan 20:1-10).

    2. Las primeras apariciones: Jesús ya se había manifestado a María Magdalena y a los diez apóstoles reunidos.

    3. La ausencia de Tomás: Por alguna razón, Tomás no estaba presente cuando Jesús apareció por primera vez (v. 24). Él recibió el testimonio de diez hombres de su entera confianza, pero aun así se resistió.

B. De la duda a la confesión

    1. La demanda de evidencia: Tomás afirmó que no creería sin ver y tocar las heridas (v. 25).

        ◦ Aunque debió creer por el testimonio de sus hermanos, su escepticismo nos sirve hoy. Dios nunca nos ha pedido una fe ciega; Él siempre proporciona fundamentos.

        ◦ Hebreos 11:1 define la fe como la "convicción de lo que no se ve". No es falta de evidencia, es confianza en la evidencia.

    2. El encuentro transformador: Jesús, en Su gracia, se le aparece y lo invita a tocar Sus heridas. Jesús quería que Tomás no fuera incrédulo, sino creyente.

    3. La gran confesión: Al ver a Jesús, Tomás no solo reconoció Su vida, sino Su deidad: "¡Señor mío, y Dios mío!" (v. 28). Fue la declaración más alta de divinidad registrada en los evangelios.


II. Nuestra fe hoy

Si bien no podemos tocar las heridas de Jesús como lo hizo Tomás, tenemos razones poderosas para creer.

A. Razones para nuestra fe

    1. El testimonio escrito: Juan nos dice que estas señales se escribieron precisamente para que creamos (Juan 20:30-31). El registro es deliberado y fidedigno.

    2. La tumba sellada y custodiada: Las autoridades romanas pusieron un sello y una guardia de soldados (Mateo 27:62-66). Es imposible que un grupo de pescadores asustados robara el cuerpo bajo esas condiciones.

    3. El orden en la tumba: Cuando Pedro entró, vio los lienzos y el sudario envuelto en un lugar aparte (Juan 20:6-7). Un ladrón de cuerpos no se habría tomado el tiempo de dejar la tumba ordenada.

    4. La transformación de los apóstoles: Hombres que huyeron por miedo, de repente estaban dispuestos a morir por predicar la resurrección (Hechos 4:1-22; 5:22-42). Nadie da su vida por algo que sabe que es una mentira.

B. Nuestra transformación personal

    1. Nuestra esperanza: La resurrección es la "primicia". Si Él resucitó, nosotros también lo haremos. Esto quita el aguijón a la muerte (1 Corintios 15:20, 54-58).

    2. Un enfoque celestial: Sabiendo que Cristo vive, nuestra mente ya no está atada a lo terrenal, sino a las cosas de arriba (Colosenses 3:1-4).

    3. Una vida de rectitud: La esperanza de verle tal cual es nos motiva a purificarnos a nosotros mismos (1 Juan 3:3).

Evidencias Bíblicas de la Resurrección

Conclusión

Ver a Jesús resucitado cambió a Tomás para siempre; pasó de ser un hombre asediado por la duda a ser un testigo ferviente del Rey.

Nuestra fe en la resurrección tiene el mismo poder transformador. No es un mito piadoso; es el evento central de la historia que garantiza nuestro perdón y nuestra eternidad. Bienaventurados somos nosotros que, sin haber visto, hemos creído, porque esa fe es la que nos dará la victoria final.

¿Has permitido que la realidad de la tumba vacía transforme tu manera de vivir hoy?


 
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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.