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Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Lectura Bíblica: Hebreos 11:1-3 "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se vede... Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios..."

Introducción

    1. En el caminar cristiano, la fe y las obras no son conceptos opuestos, sino dos caras de la misma moneda. Como enseña Santiago, la fe sin obras está muerta; van de la mano. La fe es la raíz, y la obediencia es el fruto.

    2. Sin embargo, la obediencia no debe ser un rito vacío o una carga legalista. Para que sea genuina, debe nacer de una motivación correcta.

    3. Al observar la "Galería de la Fe" en Hebreos 11, descubrimos qué es lo que impulsa a un hombre o a una mujer a rendir su voluntad a la de Dios.

Proposición: Nuestra obediencia a Dios se fortalece cuando entendemos las motivaciones bíblicas que la sustentan.


I. El deseo de complacer a Dios

La primera motivación para obedecer no es el deber, sino el amor que busca agradar al Amado.

A. El sacrificio de Abel (Hebreos 11:4)

La Biblia dice que Abel ofreció a Dios un "más excelente sacrificio" que Caín. ¿Cuál fue la diferencia? No fue solo el material de la ofrenda, sino la fe y la intención del corazón. Abel obedeció porque su prioridad era complacer a Dios, no a sí mismo.

B. Ejemplos del Nuevo Testamento

    1. Jesús: El motor de Su vida fue hacer la voluntad del Padre. Él dijo: "Yo hago siempre lo que a él le agrada" (Juan 8:29).

    2. Pedro: Cuando se enfrentó a las amenazas de las autoridades, su motivación fue clara: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29). Su lealtad estaba con su Señor.

    3. Pablo: Tras su encuentro en el camino a Damasco, Pablo pasó de complacer a su propia religión a buscar desesperadamente complacer al Cristo que lo salvó (Hechos 9).

C. Nuestra realidad hoy

Lamentablemente, muchos hoy buscan complacerse a sí mismos, adaptando la Biblia a sus gustos. Pero el verdadero siervo obedece con la mirada puesta en el día final, deseando escuchar aquellas palabras: "Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu señor".


II. Movidos por el temor reverente

La obediencia también tiene un componente de sobriedad: el reconocimiento de que Dios es Juez justo.

A. Noé y el temor piadoso (Hebreos 11:7)

Hebreos dice que Noé, "con temor [reverente], preparó el arca". No fue un miedo paralizante, sino un respeto profundo por la palabra de Dios sobre el juicio venidero. Ese temor lo mantuvo trabajando durante décadas mientras el mundo se burlaba.

B. Preparándonos para el Juicio

    1. La cita ineludible: "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). Esta es la realidad más segura de nuestra existencia.

    2. El terror del Señor: Pablo menciona que, "conociendo el terror del Señor", persuadimos a los hombres (2 Corintios 5:9-11). La obediencia es la respuesta lógica de alguien que entiende la santidad de Dios y la seriedad del pecado.

    3. La falta de seriedad: Demasiadas personas hoy no toman en serio el juicio. Viven como si Dios fuera un abuelo complaciente que ignora la desobediencia. Pero la santidad de Dios nos motiva a caminar con cuidado.


III. Movidos por las grandes promesas

Finalmente, obedecemos porque sabemos que lo que Dios ha preparado es infinitamente mejor que lo que el mundo ofrece.

A. Abraham: El peregrino de la promesa (Hebreos 11:8-10)

    1. El llamado: Dios le prometió una herencia, y Abraham salió de su tierra sin saber a dónde iba (Génesis 12:1-3).

    2. La caminata de fe: Abraham caminó por la tierra prometida como extranjero (Génesis 13:14-17). Obedeció y habitó en tiendas porque su esperanza no estaba en la tierra física, sino en la ciudad celestial.

B. Las promesas de Dios para nosotros

    1. El Cielo: Jesús prometió ir a preparar lugar para nosotros (Juan 14:1-4). Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20) y tenemos una herencia incorruptible (1 Pedro 1:3-ff).

    2. Compañía en el camino: La promesa no es solo para el final. Dios promete estar con nosotros cada segundo del trayecto. Quizás no sepamos qué dificultades encontraremos en el camino, pero obedecemos con paz porque conocemos al Guía.

Tres Motivaciones para Obedecer a Dios

Conclusión

    1. La obediencia no es un peso cuando recordamos el gran amor de Dios. Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). El amor es el combustible de la obediencia.

    2. Al considerar el sacrificio que Jesús hizo en la cruz, nuestra respuesta natural debe ser la rendición total. Él dio Su vida por nosotros; ¿no daremos nosotros nuestra obediencia a Él?

    3. Con las promesas del cielo en mente y el sacrificio de Cristo en el corazón, busquemos hoy amarlo más y guardar Sus mandamientos con gozo.



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.