Cómo tener la fe de Abraham: Un modelo para el creyente
Lectura Bíblica: Hebreos 11:8-10 "Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como heredad; y salió sin saber a dónde iba..."
Introducción
La Biblia es categórica al afirmar que "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). No se trata de una fe intelectual o estática, sino de una confianza operativa. Abraham, conocido como el "Padre de la Fe", no recibió este título por casualidad. Su vida es un mapa que nos muestra cómo confiar en lo invisible para alcanzar lo eterno. Hoy, nosotros podemos y debemos cultivar una fe con las mismas características que la suya.
Proposición: Para caminar con Dios hoy, debemos replicar las etapas y la profundidad de la fe de Abraham.
I. El abandono de la tierra propia
La fe de Abraham comenzó con una ruptura: dejar lo conocido para abrazar lo prometido.
A. El llamado del Señor
1. La orden divina: Dios llamó a Abraham a dejar su tierra y su parentela (Génesis 12:1-3). No fue una sugerencia, fue un mandato que requería una entrega total.
2. La promesa de bendición: Abraham no salió al vacío. Dios le aseguró que su obediencia sería la semilla de una gran nación y de una bendición universal.
B. Nuestro llamado fuera del mundo
1. Llamados por el Evangelio: Dios nos llama hoy a través de las buenas nuevas de Jesucristo para separarnos de la corriente de este mundo (2 Tesalonicenses 2:14).
2. Calcular el costo: El discipulado no es gratuito (Lucas 14:25-33).
◦ Debemos amar a Dios por encima de nuestras familias.
◦ Debemos cargar nuestra propia cruz.
◦ Debemos ser como el que construye una torre o el rey que va a la guerra: conscientes de que seguir a Cristo requiere dejar atrás nuestra vieja "tierra" de pecado.
II. Habitar en la tierra de la promesa como extranjero
Abraham vivió en la tierra que Dios le prometió, pero nunca se sintió "dueño" de ella en un sentido terrenal; él siempre fue un peregrino.
A. Forastero en su propia herencia
1. Inspeccionando lo ajeno: Dios le dijo que recorriera la tierra (Génesis 14:14-18), pero él nunca construyó una ciudad con cimientos permanentes allí.
2. Una visión más alta: Abraham entendía que esa tierra física era solo una sombra. Su verdadera meta no era Canaán, sino la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:9-10).
B. Nosotros somos peregrinos hoy
1. Solo de paso: Pedro nos recuerda que somos extranjeros y peregrinos en este mundo (1 Pedro 2:11).
2. Nuestra "tienda" temporal: Nuestro cuerpo físico es como una tienda de campaña, algo temporal que será reemplazado por un edificio eterno (2 Corintios 5:1-ff; 2 Pedro 1:12-15).
3. Ciudadanía celestial: Nuestra verdadera identidad no está en nuestro pasaporte terrenal, sino en los cielos (Filipenses 3:20).
III. Recibir al hijo de la promesa
La fe de Abraham fue una fe que creyó en la capacidad de Dios para crear vida donde había muerte.
A. La promesa de Isaac (Génesis 18:1-15)
1. Contra toda esperanza: Sara había pasado la edad de concebir. Humanamente, el vientre de Sara era una tumba, pero Dios prometió vida.
2. Creer en lo imposible: Abraham y Sara creyeron que Aquel que hizo la promesa era fiel para cumplirla (Hebreos 11:11-12).
B. El nacimiento virginal
1. Vida de la nada: Al igual que con Isaac, Dios puso vida en el vientre de María donde no había intervención humana.
2. La señal de la virgen: Mateo aclara que María no conoció varón hasta que dio a luz (Mateo 1:25). La fe de Abraham nos prepara para creer en el nacimiento milagroso de nuestro Salvador.
IV. Una fe que es probada
La fe de Abraham no solo fue probada al inicio y en la espera, sino en el sacrificio más grande.
A. La ofrenda de Isaac (Génesis 22:1-19)
1. Obediencia extrema: Abraham estuvo dispuesto a entregar lo que más amaba porque confiaba en el carácter de Dios.
2. Resurrección figurada: Abraham creía tanto en la promesa de Dios que concluyó que, si Isaac moría, Dios era poderoso para levantarlo de entre los muertos (Hebreos 11:17-19).
B. La tumba de Jesús y nuestra fe
1. Vida en el sepulcro: Nuevamente, Dios puso vida en un lugar donde nadie esperaba hallarla: una tumba sellada.
2. El fundamento de nuestra fe: Jesús resucitó al tercer día conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4).
3. Justificados por la fe: Nuestra fe en la resurrección de Jesús es contada por justicia, exactamente de la misma manera que la fe de Abraham (Romanos 4:23-25).
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Conclusión
Abraham fue un hombre cuya fe se mostró a través de sus pies (al salir), de su morada (al vivir en tiendas) y de sus manos (al ofrecer a su hijo). Su fe fue una trayectoria de vida, no un evento aislado.
Hoy, nosotros podemos mostrar esa misma calidad de fe. Podemos salir del pecado, vivir como ciudadanos del cielo y confiar plenamente en que Dios cumple Sus promesas, especialmente la de la vida eterna a través de la resurrección. ¿Estás caminando hoy con la fe de Abraham?
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