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¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Lectura Bíblica: Números 13:30-33

"Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos..."

Introducción

No hay nada más trágico que estar a un paso de lograr el sueño de toda una vida y rendirse justo al final. Imaginen a un atleta que se detiene a metros de la meta o a un heredero que rechaza su fortuna por un momento de duda. Espiritualmente, esto fue lo que le sucedió a la nación de Israel. La falta de fe los mantuvo fuera de la Tierra Prometida, a pesar de que Dios ya se la había entregado en sus manos.

¿Qué podemos aprender de este oscuro episodio de su historia? Para no cometer sus mismos errores y asegurar las promesas que Dios nos ha hecho hoy, debemos mirar primero su ejemplo.


I. El ejemplo de Israel: Un espejo para nuestra alma

Israel estuvo en el umbral de su bendición, pero su visión terrenal nubló su destino espiritual.

A. El reconocimiento de la bendición (13:21-25)

Los espías recorrieron la tierra y trajeron evidencia tangible: un solo racimo de uvas era tan grande que debía ser cargado por dos hombres. Admitieron que era una tierra que "fluye leche y miel" (v. 27). Dios no estaba mintiendo; la promesa era real y era buena.

B. El informe negativo y la crisis de identidad (13:30-33)

Aquí vemos dos perspectivas:

    1. La perspectiva de la fe: Caleb creía en el éxito futuro porque su confianza estaba en Dios (v. 30).

    2. La perspectiva del miedo: Los otros espías se vieron a sí mismos como "langostas" frente a los gigantes. Cuando quitamos la mirada de Dios, nuestros problemas crecen y nuestra identidad se encoge.

C. El deseo de volver atrás (14:1-5)

En lugar de avanzar, el pueblo lloró y deseó haber muerto en Egipto. Creyeron que Dios los había llevado allí para morir. Es increíble cómo el miedo puede hacernos preferir la esclavitud conocida que la libertad prometida. Intentaron nombrar un nuevo líder para volver a Egipto.

D. El grito de Josué y Caleb (14:6-10)

Estos dos hombres de Dios intentaron recordarles que si Dios se agradaba de ellos, Él los introduciría en la tierra. Dijeron una verdad espiritual profunda: "Su protección se ha apartado de ellos" (v. 9). Los gigantes no tenían defensa contra el Dios de Israel.

E. El rechazo del Señor

La incredulidad tiene consecuencias. Dios sentenció a esa generación a morir en el desierto (14:20-24). Solo Josué y Caleb, quienes tuvieron un "espíritu diferente", verían la promesa cumplida.

F. La dura lección

Israel aprendió por las malas que no hay éxito sin Dios. Intentaron conquistar la tierra por sus propias fuerzas después de ser rechazados y fueron derrotados (14:39-45). Sin embargo, la victoria era posible; lo vemos más adelante con las derrotas de los reyes Sehón y Og (Núm. 21) y el testimonio de Rahab, quien reconoció que el terror de Dios ya había caído sobre los cananeos (Josué 2:9-11). El enemigo ya estaba vencido, pero Israel no lo creyó.


II. Lecciones para nosotros hoy

La historia de Israel no está en la Biblia para nuestra curiosidad, sino para nuestra advertencia.

A. Debemos tener fe en el reposo futuro

    1. El peligro de la incredulidad: Hebreos 3:16-19 nos dice claramente que ellos no pudieron entrar por causa de su falta de fe.

    2. Una promesa vigente: Hebreos 4:1-7 discute el Salmo 95 y nos asegura que aún queda un reposo para el pueblo de Dios. No debemos ser negligentes. Debemos esforzarnos para no caer en el mismo ejemplo de desobediencia (Hebreos 4:8-11).

B. Una fe que salva el alma

¿Cómo es la fe que nos permite alcanzar las promesas?

    1. Mira a la Cruz: Jesús ya conquistó al pecado y a la muerte. Así como Israel debía confiar en que Dios vencería a los gigantes, nosotros confiamos en que en Cristo nuestros pecados son lavados (Hechos 4:12).

    2. Mira a las promesas: Abraham creyó en una tierra para su descendencia. Jesús nos prometió que va a preparar lugar para nosotros (Juan 14:1-4). Pablo vivía con la convicción de que tenemos un edificio de Dios, una casa eterna en los cielos (2 Corintios 5:1-8).

    3. Es una fe que obedece: La fe sola no basta; hasta los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19).

        ◦ Debemos obedecer al Evangelio (2 Tesalonicenses 1:8).

        ◦ Debemos identificarnos con Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo (Romanos 6:3-4).

        ◦ Debemos permanecer fieles hasta la muerte (Apocalipsis 2:10).

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Conclusión

Israel tuvo victorias asombrosas sobre Sehón y Og porque Dios peleó por ellos. Él habría hecho lo mismo con cada gigante en Canaán, pero el pueblo permitió que el miedo fuera más grande que su Dios.

Si fallamos en poner nuestra fe en Dios y en obedecer Su Palabra, pasaremos una eternidad de lamentos, sabiendo que la promesa estaba allí, pero la rechazamos por incredulidad.

Por lo tanto, hermanos, ¡seamos como Josué y Caleb! No miremos el tamaño de los gigantes en nuestra vida, sino la grandeza de Aquel que nos hizo la promesa. ¡Mantengamos la fe, obedezcamos al Señor y tomemos posesión de la patria celestial que nos espera!



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.