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¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Lectura Bíblica: Hebreos 12:5-9 "...Además, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?"

Introducción

El concepto de respeto hoy en día parece estar en crisis, pero en las Escrituras, el respeto hacia Dios —a menudo llamado "temor reverente"— es el fundamento de toda sabiduría. El autor de Hebreos utiliza la analogía de los padres terrenales para darnos una idea profunda de nuestra relación con el Creador: si respetábamos a quienes nos dieron la vida física y nos corrigieron, cuánto más debemos rendir honor al Padre de nuestros espíritus.

Dios mismo declaró en Levítico 10:3: "En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado". No podemos acercarnos a Él de cualquier manera. Mostramos respeto hacia Dios de las siguientes formas:


I. Guardando Su Palabra

El respeto no es un sentimiento estático; es una acción que se traduce en obediencia. Respetar a Dios es tomar en serio lo que Él ha dicho.

A. Muerte al pecado

    1. Hacia todo tipo de pecado: El respeto implica aborrecer lo que Dios aborrece. Debemos morir tanto a los pecados de comisión (hacer lo malo) como a los de omisión (no hacer el bien que sabemos debemos hacer).

    2. La posición del creyente: Considerarse "muertos al pecado" es la esencia del arrepentimiento bíblico (Romanos 6:11). No se puede respetar al Rey mientras se abraza la rebelión contra Su trono.

B. Haciendo Su voluntad

    1. El camino de salvación: Respetamos a Dios cuando enseñamos y seguimos Su plan de redención sin alterarlo.

    2. La adoración en verdad: Dios espera que le adoremos según el patrón del Nuevo Testamento: "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24). Alterar la adoración para complacer los gustos humanos es una falta de respeto a Su soberanía.

    3. Nuestra interacción mutua: El respeto a Dios se refleja en cómo tratamos a Su creación. Amarnos unos a otros y perdonarnos es un mandato directo (Juan 13:34-35; Mateo 6:14-15).


II. Originándose desde el corazón

El respeto externo sin devoción interna es hipocresía, y Dios la detesta.

A. La lección de los israelitas (Amós 5:21-ff)

    1. Religiosidad vacía: En los días de Amós, el pueblo celebraba fiestas y ofrecía sacrificios, pero Dios dijo: "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades" (v. 21).

    2. El problema del corazón: Dios rechazó sus ofrendas porque sus corazones estaban lejos de la justicia. El respeto no es un ritual; es una condición del alma.

B. Los días de Moisés

    1. El deseo de Dios: En el monte Sinaí, el pueblo sintió temor ante la majestad de Dios. Dios exclamó: "¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos!" (Deuteronomio 5:29).

    2. La clave del bienestar: El respeto genuino produce una obediencia que resulta en bendición. Dios no busca esclavos aterrorizados, sino hijos reverentes.


III. Motivado por la sangre de Jesús

Nuestra mayor motivación para respetar a Dios no es el miedo al castigo, sino el costo de nuestra redención.

A. El precio de nuestra limpieza

    1. Amor demostrado: Dios mostró Su amor por nosotros cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:6-9).

    2. Redención y rescate: Hemos sido redimidos por Su gracia (Efesios 1:7).

    3. Propiedad divina: No nos pertenecemos a nosotros mismos; fuimos comprados por un precio altísimo: la sangre preciosa de Cristo (1 Corintios 6:18-20; 1 Pedro 1:18-19). El respeto es la respuesta lógica de un corazón agradecido por haber sido rescatado de la esclavitud.

B. No pisotear lo sagrado (Hebreos 10:26-31)

    1. Pecado deliberado: Tratar la sangre de Cristo como algo "común" o sin valor es la mayor falta de respeto imaginable. Esto se refiere a pecar con intención y persistencia.

    2. La gracia no es libertinaje: No continuamos en el pecado para que la gracia abunde; eso sería una burla al sacrificio de la cruz (Romanos 6:1-4).


IV. Sobrepasando todo lo demás

El respeto a Dios debe ser la prioridad absoluta de nuestra existencia, por encima de cualquier otra lealtad.

A. Lo que dejamos atrás

    1. Respeto sobre los lazos familiares: Nuestra lealtad a Dios es superior incluso a la familia si esta se interpone en nuestro camino hacia Él (Mateo 10:34-39).

    2. Respeto sobre el mundo: La amistad con el mundo es enemistad con Dios (Santiago 4:4). El respeto a Dios nos obliga a rechazar los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:15-17).

B. A lo que nos aferramos

    1. Amor total: El mayor mandamiento es amar y respetar a Dios con todo nuestro ser: corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:29-31).

    2. Obediencia por amor: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). El respeto y el amor son dos caras de la misma moneda.

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Conclusión

El verdadero respeto hacia Dios no es una simple formalidad dominical; es una forma de vida que nace en lo más profundo de nuestro corazón y se alimenta de la gratitud por la sangre de Jesús.

Cuando respetamos a Dios de verdad, no tenemos que esforzarnos por ponerlo en primer lugar; Él simplemente es el primero. ¿Es tu vida un reflejo de la santidad y majestad de Dios? Honrémosle hoy con nuestra obediencia y nuestra devoción total.



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.