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¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Lectura Bíblica: Números 13:30-33

"Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos..."

Introducción

No hay nada más trágico que estar a un paso de lograr el sueño de toda una vida y rendirse justo al final. Imaginen a un atleta que se detiene a metros de la meta o a un heredero que rechaza su fortuna por un momento de duda. Espiritualmente, esto fue lo que le sucedió a la nación de Israel. La falta de fe los mantuvo fuera de la Tierra Prometida, a pesar de que Dios ya se la había entregado en sus manos.

¿Qué podemos aprender de este oscuro episodio de su historia? Para no cometer sus mismos errores y asegurar las promesas que Dios nos ha hecho hoy, debemos mirar primero su ejemplo.


I. El ejemplo de Israel: Un espejo para nuestra alma

Israel estuvo en el umbral de su bendición, pero su visión terrenal nubló su destino espiritual.

A. El reconocimiento de la bendición (13:21-25)

Los espías recorrieron la tierra y trajeron evidencia tangible: un solo racimo de uvas era tan grande que debía ser cargado por dos hombres. Admitieron que era una tierra que "fluye leche y miel" (v. 27). Dios no estaba mintiendo; la promesa era real y era buena.

B. El informe negativo y la crisis de identidad (13:30-33)

Aquí vemos dos perspectivas:

    1. La perspectiva de la fe: Caleb creía en el éxito futuro porque su confianza estaba en Dios (v. 30).

    2. La perspectiva del miedo: Los otros espías se vieron a sí mismos como "langostas" frente a los gigantes. Cuando quitamos la mirada de Dios, nuestros problemas crecen y nuestra identidad se encoge.

C. El deseo de volver atrás (14:1-5)

En lugar de avanzar, el pueblo lloró y deseó haber muerto en Egipto. Creyeron que Dios los había llevado allí para morir. Es increíble cómo el miedo puede hacernos preferir la esclavitud conocida que la libertad prometida. Intentaron nombrar un nuevo líder para volver a Egipto.

D. El grito de Josué y Caleb (14:6-10)

Estos dos hombres de Dios intentaron recordarles que si Dios se agradaba de ellos, Él los introduciría en la tierra. Dijeron una verdad espiritual profunda: "Su protección se ha apartado de ellos" (v. 9). Los gigantes no tenían defensa contra el Dios de Israel.

E. El rechazo del Señor

La incredulidad tiene consecuencias. Dios sentenció a esa generación a morir en el desierto (14:20-24). Solo Josué y Caleb, quienes tuvieron un "espíritu diferente", verían la promesa cumplida.

F. La dura lección

Israel aprendió por las malas que no hay éxito sin Dios. Intentaron conquistar la tierra por sus propias fuerzas después de ser rechazados y fueron derrotados (14:39-45). Sin embargo, la victoria era posible; lo vemos más adelante con las derrotas de los reyes Sehón y Og (Núm. 21) y el testimonio de Rahab, quien reconoció que el terror de Dios ya había caído sobre los cananeos (Josué 2:9-11). El enemigo ya estaba vencido, pero Israel no lo creyó.


II. Lecciones para nosotros hoy

La historia de Israel no está en la Biblia para nuestra curiosidad, sino para nuestra advertencia.

A. Debemos tener fe en el reposo futuro

    1. El peligro de la incredulidad: Hebreos 3:16-19 nos dice claramente que ellos no pudieron entrar por causa de su falta de fe.

    2. Una promesa vigente: Hebreos 4:1-7 discute el Salmo 95 y nos asegura que aún queda un reposo para el pueblo de Dios. No debemos ser negligentes. Debemos esforzarnos para no caer en el mismo ejemplo de desobediencia (Hebreos 4:8-11).

B. Una fe que salva el alma

¿Cómo es la fe que nos permite alcanzar las promesas?

    1. Mira a la Cruz: Jesús ya conquistó al pecado y a la muerte. Así como Israel debía confiar en que Dios vencería a los gigantes, nosotros confiamos en que en Cristo nuestros pecados son lavados (Hechos 4:12).

    2. Mira a las promesas: Abraham creyó en una tierra para su descendencia. Jesús nos prometió que va a preparar lugar para nosotros (Juan 14:1-4). Pablo vivía con la convicción de que tenemos un edificio de Dios, una casa eterna en los cielos (2 Corintios 5:1-8).

    3. Es una fe que obedece: La fe sola no basta; hasta los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19).

        ◦ Debemos obedecer al Evangelio (2 Tesalonicenses 1:8).

        ◦ Debemos identificarnos con Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo (Romanos 6:3-4).

        ◦ Debemos permanecer fieles hasta la muerte (Apocalipsis 2:10).

¿Qué hacer para no perder las promesas de Dios?

Conclusión

Israel tuvo victorias asombrosas sobre Sehón y Og porque Dios peleó por ellos. Él habría hecho lo mismo con cada gigante en Canaán, pero el pueblo permitió que el miedo fuera más grande que su Dios.

Si fallamos en poner nuestra fe en Dios y en obedecer Su Palabra, pasaremos una eternidad de lamentos, sabiendo que la promesa estaba allí, pero la rechazamos por incredulidad.

Por lo tanto, hermanos, ¡seamos como Josué y Caleb! No miremos el tamaño de los gigantes en nuestra vida, sino la grandeza de Aquel que nos hizo la promesa. ¡Mantengamos la fe, obedezcamos al Señor y tomemos posesión de la patria celestial que nos espera!


¿Cómo alcanzamos un solo corazón en Cristo? Filipenses 2:1-4

 El Diseño de la Unidad: Un Solo Corazón en Cristo

Lectura Bíblica: Filipenses 2:1-4

"Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable y misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo..."

Introducción

La unidad no es simplemente la ausencia de conflicto; es una armonía espiritual que refleja la gloria de Dios. El salmista lo expresó con belleza: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Salmos 133:1-3). Para Dios, la unidad es hermosa, pero para la iglesia, la unidad es vital.

Pablo, escribiendo desde la prisión a sus amados hermanos en Filipos, identifica que la unidad no ocurre por accidente. Se construye sobre dos pilares fundamentales de la mente cristiana: la unidad de pensamiento y la profundidad de la humildad.

Proposición: Para establecer una unidad inquebrantable en el cuerpo de Cristo, debemos cultivar una mente común y un corazón humilde.


I. Tened una misma mente (v. 1, 2)

La unidad comienza con el reconocimiento de lo que ya compartimos en el Señor. Pablo no apela a un esfuerzo humano, sino a la realidad de nuestra posición en Cristo.

A. Las bendiciones que disfrutamos en Cristo

Pablo presenta cuatro realidades que deben motivar nuestra unión:

    1. Consolación (Aliento) en Cristo: Jesús nos ha liberado de la esclavitud del pecado (Efesios 1:7; Romanos 5:8). Ese perdón compartido nos da una fuerza común (Filipenses 4:13).

    2. Consuelo de amor: Sabemos que Dios nos ama y cuida de nosotros (1 Pedro 5:7; Mateo 6:33). Ese amor es nuestra ancla en medio de la tribulación (2 Corintios 1:3-7).

    3. Comunión del Espíritu: Fuimos bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo (1 Corintios 12:13). Aunque somos muchos miembros con funciones distintas, la vida que corre por nuestras venas espirituales es la misma (1 Corintios 12:14-31).

    4. Afecto y Misericordia: El amor de Dios nos obliga a amarnos unos a otros (1 Juan 4:11). La iglesia en Filipos entendía esto bien; habían recibido afecto de Pablo y se lo habían devuelto con generosidad (Filipenses 1:8; 4:14-16).

B. El significado de "sentir lo mismo"

    1. Unidad en doctrina: Debemos estar unidos en lo que es claramente expresado en la Escritura (1 Corintios 1:10). Son los asuntos de fe que nacen del "oír la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Aquí no hay espacio para negociar.

    2. Asuntos de opinión: En áreas donde la Biblia no habla, el respeto debe prevalecer. Podemos estar en desacuerdo en métodos o preferencias, siempre y cuando lo hagamos de una manera piadosa, sin romper el vínculo de la paz.


II. Tened una mente humilde (v. 3, 4)

La unidad de pensamiento se pierde si no hay humildad en el trato. La humildad es el aceite que permite que los engranajes de la iglesia funcionen sin fricción.

A. Nada hagáis por rivalidad o vanagloria

    1. La ambición egoísta: Es buscar lo que yo quiero por encima del bienestar de los demás. Es el deseo de "ganar" o de "tener la razón" a costa de la paz del cuerpo.

    2. Unidad de propósito: Debemos estar unidos en la misión de Cristo, no en la promoción de nuestra propia agenda personal.

B. Estimad a los demás como superiores a uno mismo

    1. Malentendidos sobre la humildad:

        ◦ No significa que seamos "menos capaces" que otros. Moisés era el hombre más humilde de la tierra, pero era un líder poderoso (Números 12:3).

        ◦ El ejemplo máximo es Jesús: Él no dejó de ser Dios, pero se despojó de Sus derechos para servirnos (Filipenses 2:5-8; Juan 13:1-11).

    2. El significado real: Humildad es poner las necesidades de mi hermano por encima de mis propias comodidades.

C. Velad por los intereses de los demás

    1. El equilibrio bíblico: La Biblia reconoce que debemos cuidar de nosotros mismos (Mateo 22:39; Efesios 5:28-29), pero el egoísmo nos hace detenernos ahí.

    2. Mirar más allá de nuestras fronteras: * Necesidades físicas: Si vemos a un hermano en necesidad y cerramos nuestro corazón, el amor de Dios no habita en nosotros (1 Juan 3:16-17; Santiago 2:14-ff).

        ◦ Necesidades emocionales: Nuestras palabras deben edificar y dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29; Colosenses 4:6).

¿Cómo alcanzamos un solo corazón en Cristo? Filipenses 2:1-4


Conclusión

La unidad es ciertamente hermosa ante los ojos de Dios (Salmos 133:1-3). Pero tiene un propósito evangelístico crucial: Jesús oró para que fuéramos uno con el fin de que el mundo crea que el Padre le envió (Juan 17:20-21).

Cuando una iglesia está unida en mente y humildad, se convierte en un faro que el mundo no puede ignorar. ¿Estamos hoy contribuyendo a esa unidad o estamos permitiendo que la opinión y el orgullo creen divisiones? Que el Espíritu nos guíe a sentir lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.


Dios nos sostiene: Los beneficios de su Creador

Dios nos sostiene: Las codornices en el desierto

Lectura Bíblica: Números 11:4-9

"Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!..."

Introducción

Cualquier padre terrenal que ama a sus hijos desea darles buenas dádivas. Jesús mismo lo utilizó como ejemplo para enseñarnos sobre la naturaleza del Padre Celestial: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?... ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:7-11).

Sin embargo, para recibir y disfrutar de las bendiciones de Dios, se requiere un corazón receptor: un corazón lleno de gratitud. El episodio de las codornices en el desierto es una lección solemne sobre lo que sucede cuando el pueblo de Dios olvida los beneficios de su Creador. Hoy veremos cómo la gratitud es nuestra mayor defensa espiritual.


I. La gratitud nos guarda de la queja

El descontento es un virus que se propaga rápidamente cuando perdemos de vista la liberación de Dios.

A. El ejemplo de Israel

    1. La influencia externa: En el campamento había una "multitud mixta" (israelitas y egipcios que se unieron a ellos en Éxodo 12:38). Fue este grupo el que inició el "vivo deseo" o la queja, contagiando al resto de la congregación.

    2. Memoria selectiva: Recordaban con nostalgia el pescado, los pepinos y las cebollas de Egipto (v. 5), pero olvidaban convenientemente los látigos, el ladrillo y la esclavitud.

    3. Desprecio por la provisión divina: Llegaron a decir: "Nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos" (v. 6). Menospreciaron el "pan del cielo" porque sus ojos deseaban lo terrenal.

    4. Falta de perspectiva: Deberían haber estado desbordando en gratitud por haber escapado de la muerte bajo la mano poderosa de Dios.

B. Nosotros hoy

    1. El peligro del descontento: Si buscamos motivos para quejarnos, siempre los encontraremos. El descontento no depende de lo que nos falta, sino de no apreciar lo que tenemos.

    2. El antídoto de la gratitud: Recordar lo que el Señor ha hecho por nosotros es la clave para vencer la queja.

    3. El ejemplo de Pablo: Pablo aprendió el secreto del contentamiento. No dependía de sus circunstancias, sino de su fortaleza en Cristo (Filipenses 4:10-13).


II. La gratitud nos mantiene confiando

Cuando agradecemos por la provisión pasada, fortalecemos nuestra fe para la necesidad futura.

A. El ejemplo de Israel

    1. El desánimo de Moisés: Incluso el gran líder Moisés se sintió abrumado: "¿De dónde tengo yo carne para dar a todo este pueblo?" (v. 13). Aun después de que Dios prometió proveer carne por un mes entero, Moisés dudó de la logística del milagro (v. 21-22).

    2. La respuesta de Dios: La respuesta del Señor es una de las declaraciones más poderosas de la Biblia: "¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová?" (v. 23). La gratitud nos recuerda que Su mano sigue siendo larga para salvar y proveer.

B. Nosotros hoy

    1. La responsabilidad humana: Dios sostiene, pero el hombre debe actuar. Pablo trabajaba con sus manos (2 Tesalonicenses 3:7-8) y enseñaba que el trabajo es parte de la dignidad humana (2 Tesalonicenses 3:10; Proverbios 16:26).

    2. Lo que está fuera de nuestras manos: Hay crisis que no podemos resolver solos:

        ◦ La enfermedad de un ser querido (como Epafrodito en Filipenses 2:25-30).

        ◦ La inestabilidad política global (1 Timoteo 2:1-3; Romanos 13:1-ff).

    3. Confianza basada en la memoria: Confiamos en Dios hoy porque recordamos todas las bendiciones que Él ya nos ha dado hasta este momento. Si lo hizo antes, lo hará de nuevo.


III. La gratitud nos libra de la codicia

La codicia es el deseo insaciable de tener más; la gratitud es la satisfacción de tener a Dios.

A. El ejemplo de Israel

    1. Abundancia y exceso: Dios envió codornices en tal cantidad que cubrieron el campamento.

    2. Frenesí de codicia: El pueblo pasó todo el día y toda la noche recolectando. El que menos recogió, recolectó diez montones (un "homer" cada uno, una cantidad masiva).

    3. El juicio divino: El Señor los hirió con una plaga mientras la carne estaba aún entre sus dientes. El lugar fue llamado Kibrot-hataava (Sepulcros de la Codicia), porque allí enterraron a los que se dejaron llevar por el deseo desenfrenado.

B. Nosotros hoy

    1. Prioridades claras: Nuestra confianza debe estar en que Dios cuida de nosotros (1 Pedro 5:7) mientras buscamos primeramente Su reino y Su justicia (Mateo 6:33).

    2. Piedad con contentamiento: * Pablo le escribe a Timoteo que gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Timoteo 6:6-10).

        ◦ Debemos estar satisfechos con el sustento y el abrigo.

        ◦ Quienes se desesperan por las riquezas terminan traspasados de muchos dolores. La gratitud es la barrera que impide que la codicia nos destruya.

Dios nos sostiene: Los beneficios de su Creador

Conclusión

Dios nos ama y tiene cuidado de cada detalle de nuestras vidas. Él conoce nuestras necesidades incluso antes de que las articulemos en oración (Mateo 6:8).

El problema en el desierto no fue la falta de comida, sino la falta de gratitud. Cuando nuestros corazones están llenos de gratitud:

    • No habrá lugar para la queja.

    • No perderemos la fe en tiempos de escasez.

    • No seremos vencidos por la codicia en tiempos de abundancia.

Que el Señor nos ayude a ver el "maná" diario con ojos de asombro y agradecimiento, reconociendo que Su mano nunca se acorta para sostenernos.


Predica sobre Compasión: Revestidos de Misericordia Mateo 9:35-38

Revestidos de Misericordia: Cómo tener la compasión de Jesús

Lectura Bíblica: Mateo 9:35-38 "Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor."

Introducción

Es imposible afirmar que seguimos a Cristo si no caminamos con Su corazón. La Biblia es tajante: "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4:8). Pero el amor de Jesús no era un sentimiento abstracto; era compasión.

El término griego para compasión denota algo que se siente en lo más profundo de las entrañas. No es solo sentir lástima, sino "sufrir con el otro" o "moverse por el dolor ajeno" hasta el punto de actuar. Como dice el autor W.E. Vine, es un anhelo que brota desde lo más íntimo del hombre. Hebreos 4:15 nos dice que tenemos un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades.

Para ser como Jesús, debemos cultivar Su misma compasión en nuestros corazones.

¿Cómo podemos cultivar esta compasión en nuestro caminar diario?

Podemos cultivar la compasión observando tres facetas del ministerio de nuestro Señor: Su sanidad, Su enseñanza y Su perdón.


I. La compasión en la sanidad de Jesús

Jesús no sanaba solo para demostrar poder, sino porque el dolor humano le conmovía profundamente.

A. Ejemplos de un corazón movido

    1. Los dos ciegos (Mateo 20:29-34): A pesar de que la multitud les pedía que se callaran, ellos persistieron con fe. El texto dice que Jesús, "teniendo compasión de ellos, les tocó los ojos". Su persistencia encontró eco en la ternura del Señor.

    2. El leproso (Marcos 1:40-42): Este hombre imploró de rodillas. Según la Ley (Números 13:45), los leprosos debían estar aislados y gritar "¡Inmundo!". Nadie los tocaba. Pero Jesús, movido a compasión, extendió la mano y le tocó. Jesús rompió la barrera del aislamiento con el contacto de la misericordia.

B. Nuestra aplicación hoy

    1. Misericordia sin milagros: Aunque no poseemos el poder milagroso de sanar físicamente, sí poseemos el mandato de ser compasivos.

    2. Presencia y oración: Podemos hacer saber a los demás que los amamos y que intercedemos por ellos. A veces, el "toque" que alguien necesita es una llamada o una visita.

    3. Eliminar el aislamiento: Muchos hoy se sienten tan solos como los leprosos de antaño. Nuestra misión es evitar que alguien en nuestra comunidad se sienta invisible o abandonado.


II. La compasión en la enseñanza de Jesús

Jesús veía más allá de las necesidades físicas; Él veía la desolación del alma.

A. Jesús enseñó a las multitudes (Mateo 9:35-38)

    1. El Evangelio del Reino: Jesús recorría las ciudades enseñando la buena noticia.

    2. Ovejas sin pastor: Su compasión brotó al ver que la gente no tenía dirección espiritual.

        ◦ Los líderes religiosos de la época no cuidaban al rebaño; al contrario, ponían cargas pesadas y difíciles de llevar (Mateo 23:4). Jesús vio su desamparo y se dolió por su confusión espiritual.

B. El hombre moderno y el Evangelio

    1. No descartar a nadie: La compasión nos prohíbe dar por perdida a cualquier persona. El Evangelio es para todos.

    2. El ejemplo de Corinto: Esa ciudad estaba hundida en la inmoralidad sexual, pero el Señor le dijo a Pablo: "Tengo mucho pueblo en esta ciudad" (Hechos 18:10). La compasión ve "pueblo de Dios" donde nosotros a veces solo vemos pecado.

    3. Plantar, no juzgar: Nuestra labor es sembrar la semilla del Evangelio; no nos corresponde a nosotros juzgar la calidad del suelo antes de predicar. La compasión ofrece la verdad a todos sin distinción.


III. La compasión en el perdón de Jesús

La máxima expresión de la compasión es la disposición a perdonar lo imperdonable.

A. El sacrificio de la Cruz

    1. Amor demostrado: Dios demuestra Su amor en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:6-9).

    2. Corazón perdonador: Incluso en agonía, Jesús exclamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Su compasión superó Su propio dolor físico.

B. Nuestra Salvación y Mediación

    1. Se hizo como nosotros: Para ser un Sumo Sacerdote misericordioso, tuvo que ser hecho semejante a sus hermanos (Hebreos 2:17).

    2. Simpatía por nuestra debilidad: Él entiende nuestras luchas porque fue tentado (Hebreos 4:14-16).

    3. Nuestros roles divinos: Él es nuestro Abogado (1 Juan 2:2), nuestro Mediador (1 Timoteo 2:5) y quien intercede constantemente por nosotros. Su compasión es la base de nuestra seguridad eterna.

Predica sobre Compasión: Revestidos de Misericordia Mateo 9:35-38

  1. Bosquejo sobre Tentación: El Arte de Resistir 
  2. Bosquejo sobre Shalom: La paz que Jesús compró para nosotros
  3. Bosquejo sobre Isaías 54:17  ¡Ninguna arma forjada contra ti prevalecerá!

Conclusión

Hoy, Jesús sigue teniendo una gran compasión por toda la humanidad. Él no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Por eso, Él extiende la invitación más grande: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo..." (Apocalipsis 3:20).

Jesús ya hizo todo lo necesario: sanó, enseñó y murió para hacer posible la salvación. Lo único que queda es que el ser humano responda a esa compasión divina. Si tú has recibido Su compasión, ¿estás dispuesto hoy a reflejarla hacia los demás?

Que el mundo pueda decir de nosotros lo que decía de Jesús: que al vernos, pudieron ver a alguien que se duele con el que sufre y que ofrece esperanza al desamparado.


¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Lectura Bíblica: Hebreos 12:5-9 "...Además, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?"

Introducción

El concepto de respeto hoy en día parece estar en crisis, pero en las Escrituras, el respeto hacia Dios —a menudo llamado "temor reverente"— es el fundamento de toda sabiduría. El autor de Hebreos utiliza la analogía de los padres terrenales para darnos una idea profunda de nuestra relación con el Creador: si respetábamos a quienes nos dieron la vida física y nos corrigieron, cuánto más debemos rendir honor al Padre de nuestros espíritus.

Dios mismo declaró en Levítico 10:3: "En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado". No podemos acercarnos a Él de cualquier manera. Mostramos respeto hacia Dios de las siguientes formas:


I. Guardando Su Palabra

El respeto no es un sentimiento estático; es una acción que se traduce en obediencia. Respetar a Dios es tomar en serio lo que Él ha dicho.

A. Muerte al pecado

    1. Hacia todo tipo de pecado: El respeto implica aborrecer lo que Dios aborrece. Debemos morir tanto a los pecados de comisión (hacer lo malo) como a los de omisión (no hacer el bien que sabemos debemos hacer).

    2. La posición del creyente: Considerarse "muertos al pecado" es la esencia del arrepentimiento bíblico (Romanos 6:11). No se puede respetar al Rey mientras se abraza la rebelión contra Su trono.

B. Haciendo Su voluntad

    1. El camino de salvación: Respetamos a Dios cuando enseñamos y seguimos Su plan de redención sin alterarlo.

    2. La adoración en verdad: Dios espera que le adoremos según el patrón del Nuevo Testamento: "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24). Alterar la adoración para complacer los gustos humanos es una falta de respeto a Su soberanía.

    3. Nuestra interacción mutua: El respeto a Dios se refleja en cómo tratamos a Su creación. Amarnos unos a otros y perdonarnos es un mandato directo (Juan 13:34-35; Mateo 6:14-15).


II. Originándose desde el corazón

El respeto externo sin devoción interna es hipocresía, y Dios la detesta.

A. La lección de los israelitas (Amós 5:21-ff)

    1. Religiosidad vacía: En los días de Amós, el pueblo celebraba fiestas y ofrecía sacrificios, pero Dios dijo: "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades" (v. 21).

    2. El problema del corazón: Dios rechazó sus ofrendas porque sus corazones estaban lejos de la justicia. El respeto no es un ritual; es una condición del alma.

B. Los días de Moisés

    1. El deseo de Dios: En el monte Sinaí, el pueblo sintió temor ante la majestad de Dios. Dios exclamó: "¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos!" (Deuteronomio 5:29).

    2. La clave del bienestar: El respeto genuino produce una obediencia que resulta en bendición. Dios no busca esclavos aterrorizados, sino hijos reverentes.


III. Motivado por la sangre de Jesús

Nuestra mayor motivación para respetar a Dios no es el miedo al castigo, sino el costo de nuestra redención.

A. El precio de nuestra limpieza

    1. Amor demostrado: Dios mostró Su amor por nosotros cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:6-9).

    2. Redención y rescate: Hemos sido redimidos por Su gracia (Efesios 1:7).

    3. Propiedad divina: No nos pertenecemos a nosotros mismos; fuimos comprados por un precio altísimo: la sangre preciosa de Cristo (1 Corintios 6:18-20; 1 Pedro 1:18-19). El respeto es la respuesta lógica de un corazón agradecido por haber sido rescatado de la esclavitud.

B. No pisotear lo sagrado (Hebreos 10:26-31)

    1. Pecado deliberado: Tratar la sangre de Cristo como algo "común" o sin valor es la mayor falta de respeto imaginable. Esto se refiere a pecar con intención y persistencia.

    2. La gracia no es libertinaje: No continuamos en el pecado para que la gracia abunde; eso sería una burla al sacrificio de la cruz (Romanos 6:1-4).


IV. Sobrepasando todo lo demás

El respeto a Dios debe ser la prioridad absoluta de nuestra existencia, por encima de cualquier otra lealtad.

A. Lo que dejamos atrás

    1. Respeto sobre los lazos familiares: Nuestra lealtad a Dios es superior incluso a la familia si esta se interpone en nuestro camino hacia Él (Mateo 10:34-39).

    2. Respeto sobre el mundo: La amistad con el mundo es enemistad con Dios (Santiago 4:4). El respeto a Dios nos obliga a rechazar los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:15-17).

B. A lo que nos aferramos

    1. Amor total: El mayor mandamiento es amar y respetar a Dios con todo nuestro ser: corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:29-31).

    2. Obediencia por amor: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). El respeto y el amor son dos caras de la misma moneda.

¿Cómo mostramos respeto hacia Dios?

Conclusión

El verdadero respeto hacia Dios no es una simple formalidad dominical; es una forma de vida que nace en lo más profundo de nuestro corazón y se alimenta de la gratitud por la sangre de Jesús.

Cuando respetamos a Dios de verdad, no tenemos que esforzarnos por ponerlo en primer lugar; Él simplemente es el primero. ¿Es tu vida un reflejo de la santidad y majestad de Dios? Honrémosle hoy con nuestra obediencia y nuestra devoción total.


¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

 Firmes hasta el fin: ¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

Lectura Bíblica: 2 Pedro 3:14-18 "...estad lógicamente en guardia, no sea que arrastrados por el error de los malvados, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo."

Introducción

En cualquier disciplina de la vida, hay pocas cosas más trágicas que esforzarse durante todo el trayecto y fallar justo antes de llegar a la meta. Un corredor que tropieza a metros de la línea final o un arquitecto que descuida los acabados de un edificio sólido. Espiritualmente, esta es una tragedia que nunca queremos experimentar. La vida cristiana no es solo un evento de inicio, sino una carrera de resistencia. Para llegar al cielo, no basta con comenzar; es imperativo permanecer.

Proposición: Para asegurar nuestro destino eterno, debemos cultivar una fe inamovible y constante en el Señor.


I. Reconocer la posibilidad de caer

El primer paso para mantenerse firme es abandonar la complacencia. La Biblia no enseña que la salvación sea algo que se pueda descuidar sin consecuencias.

A. La realidad de la caída

    1. Gálatas y la gracia: Pablo advierte a los hermanos en Galacia que algunos ya habían "caído de la gracia" al intentar justificarse por la ley (Gálatas 5:4).

    2. La condición del "si": Las bendiciones espirituales son nuestras "si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe" (Colosenses 1:23). La constancia es el requisito.

    3. El rescate del errante: Dios nos manda a restaurar a aquellos que se han desviado, lo que demuestra que un hijo de Dios puede perder el rumbo (Gálatas 6:1; Santiago 5:19-20).

B. Piedras de tropiezo

Debemos estar alertas a los peligros que socavan nuestra firmeza:

    • Falsas doctrinas: El error de los malvados puede arrastrarnos si no probamos los espíritus (2 Pedro 3:17; 1 Juan 4:1).

    • Persecución: Aquel que no tiene raíz cae cuando vienen las pruebas por causa de la Palabra (Mateo 13:20-21).

    • Placeres y afanes: Las preocupaciones de este mundo ahogan la fe y nos vuelven infructuosos (Mateo 13:22).


II. Desarrollar una mentalidad determinada

La firmeza no ocurre por accidente; es el resultado de una decisión predeterminada en el corazón.

A. Ejemplos de determinación

    1. Roboam (Ejemplo negativo): No preparó su corazón para buscar a Jehová, y por eso hizo lo malo (2 Crónicas 12:14).

    2. Ezequías (Ejemplo positivo): Buscó a Dios de todo corazón en todo lo que emprendió y fue prosperado (2 Crónicas 31:20-21).

    3. Esdras: Él había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla (Esdras 7:10).

B. El arrepentimiento como cimiento

Sin un arrepentimiento genuino antes del bautismo, es demasiado fácil resbalar de vuelta al mundo.

    • Jesús enseñó que sin arrepentimiento se perece (Lucas 13:3, 5).

    • Es la base de la predicación apostólica (Hechos 2:38). Quien no rompe con su pasado está condenado a repetirlo, como Demas, quien abandonó a Pablo por amar este mundo (2 Timoteo 4:10).


III. Seguir los modelos de firmeza

No tenemos que inventar el camino; otros ya lo recorrieron con éxito.

A. El ejemplo de Jesús

Jesús mantuvo Su firmeza mediante dos herramientas clave:

    1. El uso de las Escrituras: En la tentación (Mateo 4:1-11), ante temas controversiales (Mateo 19:4-6) y ante preguntas capciosas (Marcos 12:28-ff), Su respuesta siempre fue: "Escrito está".

    2. Sumisión a la voluntad del Padre: Su meta no era Su propio gusto, sino cumplir el diseño divino (Juan 5:30).

B. El ejemplo de Pablo

    1. Persistencia: Pablo no se sentía como si ya lo hubiera alcanzado todo, sino que "proseguía a la meta" (Filipenses 3:12-14).

    2. Exhortación: Su mensaje constante a la iglesia fue: "estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre" (1 Corintios 15:58).


IV. Recordar el destino y el costo

La motivación para no rendirnos viene de mirar hacia atrás (al sacrificio) y hacia adelante (al regreso del Rey).

A. El costo de nuestra entrada

Para estar donde estamos hoy, fue necesario el sacrificio de Jesús. Fuimos comprados a precio de sangre (Romanos 5:6-9; Efesios 1:7). Despreciar nuestra firmeza es pisotear la sangre de Cristo.

B. La promesa del regreso

    1. Lugar preparado: Jesús prometió volver por nosotros (Juan 14:1-4).

    2. Consuelo en Su venida: Pablo nos anima a no desmayar, pues los muertos en Cristo resucitarán y nosotros seremos arrebatados (1 Tesalonicenses 4:13-18).

    3. El anhelo final: Nuestra actitud debe ser la de Juan: "Amén; sí, ven, Señor Jesús" (Apocalipsis 22:20).

¿Cómo permanecer constantes en el Señor?

Conclusión

Solo entraremos en el reposo eterno si somos hallados fieles y constantes en el Señor. La firmeza se cultiva recordando quién es Cristo, qué hizo por nosotros en la cruz y la promesa de que viene pronto a llevarnos a casa.

No permitas que el mundo te arrastre; mantén tus ojos en la meta y tus pies en la Roca. ¿Estás hoy más firme que ayer?


Evidencias Bíblicas de la Resurrección

Evidencias Bíblicas de la Resurrección: Fe para los que no vieron

Lectura Bíblica: Juan 20:24-29

"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron."

Introducción

No es necesario ver físicamente algo para creer en su existencia. Todos creemos en el Gran Cañón o en el Monumento a Washington sin haber estado allí necesariamente, porque confiamos en el testimonio de testigos oculares y en la evidencia documental. En el ámbito espiritual, ocurre lo mismo. Jesús mismo declaró una bendición especial para aquellos que, sin haber estado presentes en el huerto aquella mañana, han puesto su confianza en el hecho histórico de Su resurrección.

Proposición: La fe en la resurrección no es un salto al vacío, sino una respuesta lógica a la evidencia que Dios ha dejado para nosotros.


I. La razón de Tomás para creer

A menudo llamamos a Tomás "el incrédulo", pero su historia nos ofrece una de las pruebas más humanas y sólidas de la fe.

A. El contexto de su duda

    1. La tumba vacía: Juan y Pedro ya habían encontrado la tumba sin el cuerpo (Juan 20:1-10).

    2. Las primeras apariciones: Jesús ya se había manifestado a María Magdalena y a los diez apóstoles reunidos.

    3. La ausencia de Tomás: Por alguna razón, Tomás no estaba presente cuando Jesús apareció por primera vez (v. 24). Él recibió el testimonio de diez hombres de su entera confianza, pero aun así se resistió.

B. De la duda a la confesión

    1. La demanda de evidencia: Tomás afirmó que no creería sin ver y tocar las heridas (v. 25).

        ◦ Aunque debió creer por el testimonio de sus hermanos, su escepticismo nos sirve hoy. Dios nunca nos ha pedido una fe ciega; Él siempre proporciona fundamentos.

        ◦ Hebreos 11:1 define la fe como la "convicción de lo que no se ve". No es falta de evidencia, es confianza en la evidencia.

    2. El encuentro transformador: Jesús, en Su gracia, se le aparece y lo invita a tocar Sus heridas. Jesús quería que Tomás no fuera incrédulo, sino creyente.

    3. La gran confesión: Al ver a Jesús, Tomás no solo reconoció Su vida, sino Su deidad: "¡Señor mío, y Dios mío!" (v. 28). Fue la declaración más alta de divinidad registrada en los evangelios.


II. Nuestra fe hoy

Si bien no podemos tocar las heridas de Jesús como lo hizo Tomás, tenemos razones poderosas para creer.

A. Razones para nuestra fe

    1. El testimonio escrito: Juan nos dice que estas señales se escribieron precisamente para que creamos (Juan 20:30-31). El registro es deliberado y fidedigno.

    2. La tumba sellada y custodiada: Las autoridades romanas pusieron un sello y una guardia de soldados (Mateo 27:62-66). Es imposible que un grupo de pescadores asustados robara el cuerpo bajo esas condiciones.

    3. El orden en la tumba: Cuando Pedro entró, vio los lienzos y el sudario envuelto en un lugar aparte (Juan 20:6-7). Un ladrón de cuerpos no se habría tomado el tiempo de dejar la tumba ordenada.

    4. La transformación de los apóstoles: Hombres que huyeron por miedo, de repente estaban dispuestos a morir por predicar la resurrección (Hechos 4:1-22; 5:22-42). Nadie da su vida por algo que sabe que es una mentira.

B. Nuestra transformación personal

    1. Nuestra esperanza: La resurrección es la "primicia". Si Él resucitó, nosotros también lo haremos. Esto quita el aguijón a la muerte (1 Corintios 15:20, 54-58).

    2. Un enfoque celestial: Sabiendo que Cristo vive, nuestra mente ya no está atada a lo terrenal, sino a las cosas de arriba (Colosenses 3:1-4).

    3. Una vida de rectitud: La esperanza de verle tal cual es nos motiva a purificarnos a nosotros mismos (1 Juan 3:3).

Evidencias Bíblicas de la Resurrección

Conclusión

Ver a Jesús resucitado cambió a Tomás para siempre; pasó de ser un hombre asediado por la duda a ser un testigo ferviente del Rey.

Nuestra fe en la resurrección tiene el mismo poder transformador. No es un mito piadoso; es el evento central de la historia que garantiza nuestro perdón y nuestra eternidad. Bienaventurados somos nosotros que, sin haber visto, hemos creído, porque esa fe es la que nos dará la victoria final.

¿Has permitido que la realidad de la tumba vacía transforme tu manera de vivir hoy?


Cómo tener la fe de Abraham: Hebreos 11:8-10

Cómo tener la fe de Abraham: Un modelo para el creyente

Lectura Bíblica: Hebreos 11:8-10 "Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como heredad; y salió sin saber a dónde iba..."

Introducción

La Biblia es categórica al afirmar que "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). No se trata de una fe intelectual o estática, sino de una confianza operativa. Abraham, conocido como el "Padre de la Fe", no recibió este título por casualidad. Su vida es un mapa que nos muestra cómo confiar en lo invisible para alcanzar lo eterno. Hoy, nosotros podemos y debemos cultivar una fe con las mismas características que la suya.

Proposición: Para caminar con Dios hoy, debemos replicar las etapas y la profundidad de la fe de Abraham.


I. El abandono de la tierra propia

La fe de Abraham comenzó con una ruptura: dejar lo conocido para abrazar lo prometido.

A. El llamado del Señor

    1. La orden divina: Dios llamó a Abraham a dejar su tierra y su parentela (Génesis 12:1-3). No fue una sugerencia, fue un mandato que requería una entrega total.

    2. La promesa de bendición: Abraham no salió al vacío. Dios le aseguró que su obediencia sería la semilla de una gran nación y de una bendición universal.

B. Nuestro llamado fuera del mundo

    1. Llamados por el Evangelio: Dios nos llama hoy a través de las buenas nuevas de Jesucristo para separarnos de la corriente de este mundo (2 Tesalonicenses 2:14).

    2. Calcular el costo: El discipulado no es gratuito (Lucas 14:25-33).

        ◦ Debemos amar a Dios por encima de nuestras familias.

        ◦ Debemos cargar nuestra propia cruz.

        ◦ Debemos ser como el que construye una torre o el rey que va a la guerra: conscientes de que seguir a Cristo requiere dejar atrás nuestra vieja "tierra" de pecado.


II. Habitar en la tierra de la promesa como extranjero

Abraham vivió en la tierra que Dios le prometió, pero nunca se sintió "dueño" de ella en un sentido terrenal; él siempre fue un peregrino.

A. Forastero en su propia herencia

    1. Inspeccionando lo ajeno: Dios le dijo que recorriera la tierra (Génesis 14:14-18), pero él nunca construyó una ciudad con cimientos permanentes allí.

    2. Una visión más alta: Abraham entendía que esa tierra física era solo una sombra. Su verdadera meta no era Canaán, sino la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:9-10).

B. Nosotros somos peregrinos hoy

    1. Solo de paso: Pedro nos recuerda que somos extranjeros y peregrinos en este mundo (1 Pedro 2:11).

    2. Nuestra "tienda" temporal: Nuestro cuerpo físico es como una tienda de campaña, algo temporal que será reemplazado por un edificio eterno (2 Corintios 5:1-ff; 2 Pedro 1:12-15).

    3. Ciudadanía celestial: Nuestra verdadera identidad no está en nuestro pasaporte terrenal, sino en los cielos (Filipenses 3:20).


III. Recibir al hijo de la promesa

La fe de Abraham fue una fe que creyó en la capacidad de Dios para crear vida donde había muerte.

A. La promesa de Isaac (Génesis 18:1-15)

    1. Contra toda esperanza: Sara había pasado la edad de concebir. Humanamente, el vientre de Sara era una tumba, pero Dios prometió vida.

    2. Creer en lo imposible: Abraham y Sara creyeron que Aquel que hizo la promesa era fiel para cumplirla (Hebreos 11:11-12).

B. El nacimiento virginal

    1. Vida de la nada: Al igual que con Isaac, Dios puso vida en el vientre de María donde no había intervención humana.

    2. La señal de la virgen: Mateo aclara que María no conoció varón hasta que dio a luz (Mateo 1:25). La fe de Abraham nos prepara para creer en el nacimiento milagroso de nuestro Salvador.


IV. Una fe que es probada

La fe de Abraham no solo fue probada al inicio y en la espera, sino en el sacrificio más grande.

A. La ofrenda de Isaac (Génesis 22:1-19)

    1. Obediencia extrema: Abraham estuvo dispuesto a entregar lo que más amaba porque confiaba en el carácter de Dios.

    2. Resurrección figurada: Abraham creía tanto en la promesa de Dios que concluyó que, si Isaac moría, Dios era poderoso para levantarlo de entre los muertos (Hebreos 11:17-19).

B. La tumba de Jesús y nuestra fe

    1. Vida en el sepulcro: Nuevamente, Dios puso vida en un lugar donde nadie esperaba hallarla: una tumba sellada.

    2. El fundamento de nuestra fe: Jesús resucitó al tercer día conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4).

    3. Justificados por la fe: Nuestra fe en la resurrección de Jesús es contada por justicia, exactamente de la misma manera que la fe de Abraham (Romanos 4:23-25).

Cómo tener la fe de Abraham: Hebreos 11:8-10

Conclusión

Abraham fue un hombre cuya fe se mostró a través de sus pies (al salir), de su morada (al vivir en tiendas) y de sus manos (al ofrecer a su hijo). Su fe fue una trayectoria de vida, no un evento aislado.

Hoy, nosotros podemos mostrar esa misma calidad de fe. Podemos salir del pecado, vivir como ciudadanos del cielo y confiar plenamente en que Dios cumple Sus promesas, especialmente la de la vida eterna a través de la resurrección. ¿Estás caminando hoy con la fe de Abraham?


¿Cómo fue el sacrificio perfecto?

El Sacrificio Perfecto: El Cordero en el Calvario

Lectura Bíblica: Juan 19:1-4

"Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza... y decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de puñetazos. Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él."

Introducción

A lo largo de la historia, la humanidad ha presenciado innumerables injusticias, pero ninguna se compara con lo que ocurrió en el Pretorio y en el Gólgota. Jesús fue tratado con más saña e injusticia que cualquier otro ser humano; sin embargo, en medio de esa oscuridad, el amor de Dios brilló con su máxima intensidad (Romanos 5:6-8). Jesús fue perfecto en todos Sus caminos; por lo tanto, Él es el único sacrificio capaz de satisfacer la justicia de Dios. Hoy estudiaremos cómo se consumó este sacrificio perfecto.


I. Las Acciones de Pilato: La Declaración de Inocencia

Pilato, el representante del poder romano, se convirtió sin quererlo en el testigo de la perfección de la Víctima.

A. No halló falta en Jesús

    1. El examen: Tras interrogar a Jesús (Juan 18:28-38), Pilato llegó a una conclusión legal: Jesús no era un criminal.

    2. El escarnio: A pesar de su inocencia, Jesús fue azotado y escarnecido (Juan 19:1-4). Los soldados se burlaron de Su soberanía con espinas y mantos purpúreos, cumpliendo el propósito de mostrar al mundo al hombre que sufriría por nosotros.

B. La rendición ante la multitud

    1. La presión política: Pilato intentó pasar la responsabilidad a los judíos, pero ellos exigían la crucifixión.

    2. El temor de Pilato: Al oír que Jesús se hacía "Hijo de Dios", Pilato tuvo miedo, posiblemente influenciado por el sueño de su esposa (Mateo 27:19). Sin embargo, su miedo a César fue mayor que su temor a Dios. Para no ser tildado de traidor al Imperio, entregó al Justo para ser crucificado (Juan 19:5-16).


II. La Crucifixión: El Cumplimiento de la Palabra

Cada detalle en la cruz no fue una coincidencia, sino el cumplimiento exacto de la voluntad profética de Dios.

A. La escena del suplicio

    1. Entre ladrones: Pilato ordenó Su ejecución entre dos malhechores, cumpliendo Isaías 53:12 ("fue contado con los pecadores").

    2. El título real: Sobre Su cabeza se colocó un edicto en hebreo, griego y latín: "Jesús Nazareno, Rey de los Judíos". La verdad de Su reinado fue proclamada en los idiomas del culto, la cultura y el poder.

B. Los soldados y la túnica

Los soldados romanos, ignorantes de las profecías, echaron suertes sobre Su túnica, cumpliendo palabra por palabra el Salmo 22:18 escrito siglos antes.

C. El cuidado de Su familia (Juan 19:25-27)

Incluso en agonía, Jesús mostró Su compasión. Al encomendar a Su madre al apóstol Juan, no solo cumplió con Su deber como hijo, sino que indicó que José ya había fallecido y que la familia de la fe trasciende los lazos de sangre.

D. Las últimas palabras (Juan 19:28-30)

    1. "Tengo sed": Reveló Su verdadera humanidad y cumplió el Salmo 22:15. Al recibir el vinagre, bebió la copa de la aflicción hasta el final.

    2. "Consumado es" (Tetelestai): Esta es la palabra de victoria. Jesús no dijo "estoy acabado", sino "el trabajo está terminado". La deuda del pecado fue pagada por completo y su efecto sigue transformando vidas hoy.

E. El costado traspasado (Juan 19:31-37)

Para acelerar la muerte, se quebraban las piernas de los reos, pero a Jesús no le quebraron ninguna, cumpliendo que ni un solo hueso del Cordero Pascual sería roto (Éxodo 12:46; Salmo 34:20). En su lugar, un soldado traspasó Su costado, brotando sangre y agua, probando Su muerte y cumpliendo la profecía de Zacarías 12:10.


III. El Significado de la Cruz

¿Por qué era necesario este sacrificio tan cruento y perfecto?

A. Satisface las demandas del pecado

    1. La ley de la sangre: Según Hebreos 9:22, sin derramamiento de sangre no hay remisión. El pecado es tan grave que requiere una vida a cambio.

    2. La insuficiencia de lo antiguo: La sangre de animales era solo un recordatorio temporal (Hebreos 10:4).

    3. Una vez y para siempre: El sacrificio de Jesús es perfecto porque es único. Él vino para hacer la voluntad del Padre y Su cuerpo ofrecido una vez es suficiente para santificarnos a todos (Hebreos 10:5-10).

B. Demanda una mente sobria

    1. Llamado a la santidad: Al entender el costo de nuestra salvación, debemos ser sobrios y vivir en temor reverente (1 Pedro 1:13-16).

    2. No pisotear la sangre: Tratar el pecado con ligereza después de conocer la cruz es tener por "común" la sangre del pacto, lo cual conlleva un juicio severo (Hebreos 10:26-31).

¿Cómo fue el sacrificio perfecto?

Conclusión

Solo a través de la cruz la salvación es posible. Jesús dijo: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (Juan 12:32). No hay otro camino, no hay otro nombre, no hay otro sacrificio.

El sacrificio perfecto ya fue realizado, pero el beneficio de ese sacrificio solo se alcanza mediante la obediencia al Evangelio. Hoy la pregunta es: ¿Has permitido que esa sangre limpie tu alma?


¿Qué espera Jesús de nosotros?

¿Qué espera Jesús de nosotros?

Lectura Bíblica: Mateo 25:20-23 "Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos... Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."

Introducción

En cualquier relación significativa, existen expectativas. Un empleador espera diligencia de su trabajador; un padre espera obediencia de su hijo. De la misma manera, nuestro Señor Jesucristo tiene expectativas claras para Su pueblo. No somos llamados a una fe pasiva, sino a una vida de propósito. Si nuestra declaración es que "para mí el vivir es Cristo", debemos conocer y seguir lo que Él espera de nosotros para que, al final de la jornada, podamos escuchar las palabras: "Bien, buen siervo y fiel".

Para vivir verdaderamente para Cristo, debemos comprender y cumplir Sus expectativas fundamentales.

En este estudio, discutiremos tres expectativas primarias que Jesús tiene para cada uno de Sus seguidores.


I. Conocer Su Palabra

Jesús no espera una fe ciega, sino una fe fundamentada en el conocimiento de la verdad divina.

A. Una expectativa para los líderes 

Jesús confrontó repetidamente a los líderes de Su tiempo por su falta de comprensión espiritual, a pesar de tener las Escrituras.

    1. Sobre el día de reposo (Mateo 12:1-14): Cuando los fariseos criticaron a los discípulos por recoger espigas o a Jesús por sanar en sábado, Él les respondió: "¿No habéis leído...?". Él esperaba que entendieran que la misericordia es superior al ritualismo.

    2. Sobre el matrimonio (Mateo 19:1-6): Ante las preguntas sobre el divorcio, Jesús los remitió al diseño original de la creación: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio...?". Jesús esperaba que conocieran la intención de Dios.

B. Una expectativa para Sus discípulos

Incluso Sus seguidores más cercanos fueron reprendidos cuando no lograban discernir Sus enseñanzas.

    1. La falta de entendimiento de Pedro (Mateo 15:15-16): Jesús le preguntó con tristeza: "¿También vosotros estáis aún sin entendimiento?".

    2. La petición de Felipe (Juan 14:8-9): Cuando Felipe pidió ver al Padre, Jesús respondió: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?". Jesús espera que pasemos del conocimiento superficial a una relación profunda.

C. Una expectativa para nosotros hoy

    1. Diligencia en el estudio: No basta con leer; debemos estudiar para presentarnos ante Dios aprobados (2 Timoteo 2:15).

    2. Madurez espiritual: El autor de Hebreos nos amonesta a dejar la "leche" espiritual (los rudimentos) y avanzar hacia el "alimento sólido" (la carne), desarrollando la capacidad de discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:12-14).


II. Seguir Su Palabra

El conocimiento sin obediencia es estéril. Jesús espera que la Palabra penetre en nuestras manos y pies, no solo en nuestra cabeza.

A. El hombre sabio y el necio (Mateo 7:24-27)

Tras predicar el Sermón del Monte, el discurso ético más grande de la historia, Jesús no pidió un aplauso, sino una acción.

    • El desafío: El sabio no es el que sabe más, sino el que hace lo que Jesús dice. Seguir Su Palabra es construir sobre la roca; lo demás es arena movediza.

B. La preparación para el Juicio Final

En Mateo 25, Jesús usa tres ilustraciones poderosas sobre la expectativa de la acción:

    1. Las diez vírgenes (v. 1-13): Jesús espera que estemos preparados y vigilantes, manteniendo nuestras lámparas encendidas.

    2. Los talentos (v. 14-30): Jesús espera que usemos lo que se nos ha dado. La negligencia es pecado.

    3. El Juicio de las naciones (v. 31-46): Jesús espera que seamos compasivos. Él se identifica con el hambriento, el sediento y el preso. Seguir Su Palabra es servir a los "más pequeños".


III. Proclamar Su Palabra

Finalmente, Jesús espera que lo que hemos aprendido y vivido sea compartido con otros. El Evangelio es un tesoro que se multiplica al distribuirse.

A. El ejemplo del Maestro

Jesús fue el modelo supremo de evangelismo.

    1. Enseñanza itinerante: Recorría ciudades y aldeas enseñando el evangelio del reino (Mateo 9:35).

    2. En todo lugar: Predicaba en casas privadas (Marcos 2:1) y en campo abierto ante multitudes hambrientas (Marcos 6:34).

B. La misión delegada

    1. A los doce (Lucas 9:1-6): Les dio autoridad y les advirtió que el mensaje traería tanto aceptación como rechazo.

    2. A los setenta (Lucas 10:1-ff): Amplió la misión, recordándoles que "la mies es mucha, pero los obreros pocos".

C. Nuestra misión hoy

    1. La Gran Comisión (Mateo 28:18-20): Es un mandato directo: "Id y haced discípulos a todas las naciones".

    2. Tesoro en vasos de barro: Reconocemos nuestra debilidad, pero el poder del mensaje es de Dios (2 Corintios 4:7).

    3. Urgencia y necesidad: Debemos predicar "a tiempo y fuera de tiempo" (2 Timoteo 4:2). Pablo lo resumió de forma impactante: "¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!" (1 Corintios 9:16).

¿Qué espera Jesús de nosotros?

Conclusión

Cuando cumplimos con las expectativas de Cristo —conociendo Su verdad, siguiendo Sus mandatos y proclamando Su nombre— podemos caminar con la frente en alto y una confianza inquebrantable en nuestro futuro eterno.

Termino con las palabras que Pablo le dirigió a Timoteo, las cuales resuenan para nosotros hoy: "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes... ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza... Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Timoteo 4:12-16).

Que el Señor nos halle haciendo así cuando Él regrese.


Aprendiendo a orar como Jesús Juan 17:1-5

Aprendiendo a orar como Jesús: Un vistazo al corazón del Redentor

Lectura Bíblica: Juan 17:1-5

"Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti..."

Introducción

A lo largo de toda Su existencia terrenal, la característica más distintiva de Jesús ha sido Su abnegación. Él nunca vivió para sí mismo. Ahora, mientras las sombras de la cruz se alargan y Su hora más oscura se aproxima, Jesús no se retrae en el egoísmo ni en el miedo. Al contrario, permanece enfocado en las necesidades de otros. Lo vemos de manera sublime en lo que se conoce como la "Oración Sacerdotal".

Con Su partida a las puertas, Jesús dedica Sus últimos momentos de libertad para orar por el futuro de Su misión y de Su pueblo.

¿Por qué cosas ora Jesús en este momento crítico?

En esta lección, nos enfocaremos en tres puntos fundamentales de la oración de Jesús que revelan Sus prioridades eternas.


I. Jesús ora por Sí mismo (17:1-5)

Aunque Su oración se extiende a otros, comienza con Su relación con el Padre, estableciendo el fundamento de todo lo que está por suceder.

A. La gloria compartida con el Padre

    1. La hora señalada: Jesús reconoce que "la hora ha llegado". No es un accidente trágico; es el cumplimiento del plan divino. La cruz está cerca.

    2. La cruz como victoria: * Mientras que el mundo ve la cruz como una derrota vergonzosa, para Jesús es el momento de Su glorificación y victoria.

        ◦ A través de ese sacrificio, el hombre puede finalmente ser libre de sus pecados (Romanos 5:6-9; Efesios 1:7). La gloria de Cristo es la salvación de la humanidad.

B. Su regreso al Padre

    1. Su preexistencia: Jesús ora por recuperar la gloria que ya tenía antes de que el mundo existiera.

        ◦ El evangelio de Juan establece desde el principio que Cristo es eterno (Juan 1:1-5).

        ◦ Pablo confirma que Él es antes de todas las cosas (Colosenses 1:15-18) y Miqueas profetizó que Sus salidas son desde los días de la eternidad (Miqueas 5:2).

    2. Exaltación final: El resultado de Su obediencia en la cruz llevaría al Padre a hacerlo "Señor y Cristo" ante los ojos de todo el mundo (Hechos 2:36).


II. Jesús ora por Sus discípulos

Después de mirar al Padre, Jesús mira a aquellos que han caminado con Él, quienes pronto se sentirán huérfanos en un mundo hostil.

A. Equipando a los suyos

    1. La Palabra como fundamento: Jesús les dio las palabras que el Padre le dio (17:8). La doctrina no era suya, sino del que le envió.

    2. Instrucción privada: Jesús dedicó tiempo a explicarles lo que a otros les era oculto (Mateo 13:10-ff).

    3. Capacitación futura: Él sabía que aún no podían con todo, por lo que prometió al Espíritu Santo para completar su equipamiento espiritual (Juan 16:12-13).

B. Preparando a los suyos para el conflicto

    1. El odio del mundo: Jesús es realista; el mundo los aborrece porque ya no pertenecen al sistema de maldad de este siglo (17:14-15).

    2. Protección, no evasión: Notemos que Jesús no pide que seamos quitados del mundo, sino que seamos guardados del malvado. Nuestra misión requiere estar en el mundo sin ser parte de él.

    3. Santificados por la Verdad: La única forma de sobrevivir al mundo es a través de la santificación (separación para Dios) mediante la Palabra de Verdad (17:16-17).


III. Jesús ora por los futuros creyentes

Aquí es donde entramos nosotros. Jesús miró a través de los siglos y vio a cada persona que creería en Él por la palabra de los apóstoles.

A. Una oración por la unidad (17:20-23)

    1. El modelo de unidad: Jesús no pide una unidad basada en opiniones humanas, sino una tan profunda como la que existe entre el Padre y el Hijo.

    2. Cualidades para la unidad:

        ◦ Misma mente: Sentir lo mismo en el Señor (1 Corintios 1:10).

        ◦ Humildad: Considerar a los demás como superiores (Filipenses 2:1-8).

    3. El propósito evangelístico: La unidad de la iglesia es la prueba más grande para que el mundo crea que el Padre envió al Hijo. Una iglesia dividida es un mensaje distorsionado.

B. Una oración por la unión final (17:24)

    1. El deseo del corazón de Cristo: "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo". Este es el clímax de Su amor.

    2. La perseverancia es necesaria: El deseo de Jesús es vernos allá, pero la Biblia advierte que la salvación requiere fidelidad (2 Timoteo 4:11; Ezequiel 18:24).

    3. El camino está listo: Él ya preparó el lugar (Juan 14:1-4), pero nosotros debemos seguirle en obediencia (Juan 14:15).

Aprendiendo a orar como Jesús Juan 17:1-5

Conclusión

Jesús sabe que la cruz es inminente. El dolor físico y la agonía espiritual están a solo pasos de distancia. Sin embargo, en Su oración, Él mira más allá del Calvario para ver el fruto de Su aflicción: la salvación eterna de todo aquel que decida creer.

Hoy, la pregunta es para nosotros: ¿Qué haremos en respuesta a esta oración de Cristo? * Si aún no has venido a Él, ¿responderás a Su deseo de estar unido contigo?

    • Si ya eres Suyo, ¿mirarás el tiempo que te queda en la tierra con un celo renovado y la confianza de que Él mismo ha rogado por tu victoria?

Vivamos de tal manera que seamos la respuesta a la oración de nuestro Señor.


¿Cómo ser una persona más humilde?

 El Camino de la Humildad: Reflejando el Carácter de Cristo

Lectura Bíblica: Filipenses 2:5-8

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo..."

Introducción

El mayor anhelo de todo cristiano debería ser que el mundo, al mirarnos, no nos vea a nosotros, sino a Jesús viviendo en nosotros. Sin embargo, para que Cristo sea visible, nuestro "yo" debe disminuir. No podemos ser como Él si no abrazamos Su cualidad más distintiva: la humildad. La humildad no es debilidad; es el poder bajo control y la entrega absoluta a la voluntad del Padre.

Proposición: Para vivir con la humildad de Cristo, debemos seguir Su ejemplo de despojo, servicio y sacrificio.


I. El vaciamiento de uno mismo

La verdadera humildad comienza cuando reconocemos que no somos el centro del universo. Jesús, siendo el centro de todo, decidió hacerse nada por nosotros.

A. El ejemplo supremo de Jesús

    1. Su gloria eterna: Antes de Belén, Jesús gozaba de igualdad plena con Dios (Filipenses 2:6; Colosenses 2:9). Poseía una gloria indescriptible junto al Padre (Juan 17:5) y fue el Agente por medio del cual todas las cosas fueron creadas.

    2. Su encarnación: El Creador se hizo criatura.

        ◦ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14).

        ◦ No vino como un ser distante, sino que fue hecho semejante a sus hermanos para poder ser un Sumo Sacerdote misericordioso (Hebreos 2:17-18).

        ◦ Experimentó nuestras limitaciones y fue tentado en todo, pero sin pecado (Hebreos 4:15; Mateo 4:1-11).

B. Nuestro seguimiento

    1. Reconocer la fuente: Debemos entender que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios.

        ◦ Nuestros talentos no son para nuestra gloria, sino que son depósitos divinos (Mateo 25:14-ff).

        ◦ Nuestras oportunidades no son logros propios, sino bendiciones que dependen de Su voluntad (Santiago 4:13-15).

    2. Una evaluación correcta: Pablo nos exhorta a no tener un concepto de nosotros mismos más alto del que debemos tener (Romanos 12:3). Somos parte de un cuerpo; así como la mano necesita del ojo, nosotros nos necesitamos unos a otros. El orgullo nos aísla, la humildad nos conecta.


II. El compromiso de servir a otros

La humildad que no se traduce en servicio no es más que una actitud teórica. La humildad de Cristo fue práctica y activa.

A. Jesús: El Rey que sirve

    1. Su misión: Él no vino para ser servido. Gastó Su vida enseñando y sanando a las multitudes que estaban desamparadas (Mateo 9:35-38).

    2. El acto del esclavo: En el aposento alto, Jesús se ciñó la toalla y lavó los pies de Sus discípulos (Juan 13:1-ff), una tarea que ninguno de ellos quería hacer por orgullo.

    3. La nueva grandeza: Mientras el mundo mide la grandeza por cuánta gente tienes bajo tu mando, Jesús enseñó que en Su Reino, el mayor es el que sirve a todos (Mateo 20:20-28).

B. Nuestra respuesta

    1. Mirar al prójimo: Debemos dejar de enfocarnos en nuestros propios intereses y empezar a velar por las necesidades de los demás (Filipenses 2:1-4).

    2. Fe con manos y pies: La humildad se manifiesta cuando nuestra fe se pone en acción a través de obras de amor (Santiago 2:14-ff). El servicio es el idioma de la humildad.


III. La entrega total de la vida

La humildad llega a su cúspide cuando estamos dispuestos a morir a nuestros deseos, planes y, si es necesario, a la vida misma por causa de Cristo.

A. El sacrificio en la Cruz

    1. Obediencia extrema: Jesús no solo fue humilde en Su vida, sino también en Su muerte. Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz (Filipenses 2:8).

    2. El propósito de Su entrega: Lo hizo para salvarnos.

        ◦ Por Su sangre somos justificados (Romanos 5:9).

        ◦ A través de Su sacrificio, la reconciliación entre el hombre pecador y el Dios santo fue posible (2 Corintios 5:18-19).

B. Nuestra fidelidad

    1. Dedicación diaria: Debemos presentarnos como sacrificios vivos. A diferencia de algunos en el Antiguo Testamento que intentaban servir a Dios y a los ídolos al mismo tiempo, la humildad nos pide una lealtad indivisa.

    2. Fieles hasta el fin: La corona de vida es para los que permanecen (Apocalipsis 2:10). Ezequiel 18:24 nos advierte que no basta con comenzar bien; debemos terminar bien. La humildad nos mantiene alertas y dependientes de la gracia de Dios para no caer.

¿Cómo ser una persona más humilde?

Conclusión

La humildad no siempre es fácil. Nuestra carne lucha por el reconocimiento y el control. Pero cuando elegimos el camino de la humildad, estamos caminando en la senda de Cristo.

Ser humilde no es pensar menos de uno mismo, es pensar menos en uno mismo. Que nuestra vida diaria sea un reflejo de aquel que se despojó de todo para dárnoslo todo. Si para nosotros el vivir es Cristo, entonces nuestro caminar debe estar marcado por la humildad de la Cruz.


 
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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.