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¿Cómo ser una persona más humilde?

 El Camino de la Humildad: Reflejando el Carácter de Cristo

Lectura Bíblica: Filipenses 2:5-8

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo..."

Introducción

El mayor anhelo de todo cristiano debería ser que el mundo, al mirarnos, no nos vea a nosotros, sino a Jesús viviendo en nosotros. Sin embargo, para que Cristo sea visible, nuestro "yo" debe disminuir. No podemos ser como Él si no abrazamos Su cualidad más distintiva: la humildad. La humildad no es debilidad; es el poder bajo control y la entrega absoluta a la voluntad del Padre.

Proposición: Para vivir con la humildad de Cristo, debemos seguir Su ejemplo de despojo, servicio y sacrificio.


I. El vaciamiento de uno mismo

La verdadera humildad comienza cuando reconocemos que no somos el centro del universo. Jesús, siendo el centro de todo, decidió hacerse nada por nosotros.

A. El ejemplo supremo de Jesús

    1. Su gloria eterna: Antes de Belén, Jesús gozaba de igualdad plena con Dios (Filipenses 2:6; Colosenses 2:9). Poseía una gloria indescriptible junto al Padre (Juan 17:5) y fue el Agente por medio del cual todas las cosas fueron creadas.

    2. Su encarnación: El Creador se hizo criatura.

        ◦ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14).

        ◦ No vino como un ser distante, sino que fue hecho semejante a sus hermanos para poder ser un Sumo Sacerdote misericordioso (Hebreos 2:17-18).

        ◦ Experimentó nuestras limitaciones y fue tentado en todo, pero sin pecado (Hebreos 4:15; Mateo 4:1-11).

B. Nuestro seguimiento

    1. Reconocer la fuente: Debemos entender que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios.

        ◦ Nuestros talentos no son para nuestra gloria, sino que son depósitos divinos (Mateo 25:14-ff).

        ◦ Nuestras oportunidades no son logros propios, sino bendiciones que dependen de Su voluntad (Santiago 4:13-15).

    2. Una evaluación correcta: Pablo nos exhorta a no tener un concepto de nosotros mismos más alto del que debemos tener (Romanos 12:3). Somos parte de un cuerpo; así como la mano necesita del ojo, nosotros nos necesitamos unos a otros. El orgullo nos aísla, la humildad nos conecta.


II. El compromiso de servir a otros

La humildad que no se traduce en servicio no es más que una actitud teórica. La humildad de Cristo fue práctica y activa.

A. Jesús: El Rey que sirve

    1. Su misión: Él no vino para ser servido. Gastó Su vida enseñando y sanando a las multitudes que estaban desamparadas (Mateo 9:35-38).

    2. El acto del esclavo: En el aposento alto, Jesús se ciñó la toalla y lavó los pies de Sus discípulos (Juan 13:1-ff), una tarea que ninguno de ellos quería hacer por orgullo.

    3. La nueva grandeza: Mientras el mundo mide la grandeza por cuánta gente tienes bajo tu mando, Jesús enseñó que en Su Reino, el mayor es el que sirve a todos (Mateo 20:20-28).

B. Nuestra respuesta

    1. Mirar al prójimo: Debemos dejar de enfocarnos en nuestros propios intereses y empezar a velar por las necesidades de los demás (Filipenses 2:1-4).

    2. Fe con manos y pies: La humildad se manifiesta cuando nuestra fe se pone en acción a través de obras de amor (Santiago 2:14-ff). El servicio es el idioma de la humildad.


III. La entrega total de la vida

La humildad llega a su cúspide cuando estamos dispuestos a morir a nuestros deseos, planes y, si es necesario, a la vida misma por causa de Cristo.

A. El sacrificio en la Cruz

    1. Obediencia extrema: Jesús no solo fue humilde en Su vida, sino también en Su muerte. Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz (Filipenses 2:8).

    2. El propósito de Su entrega: Lo hizo para salvarnos.

        ◦ Por Su sangre somos justificados (Romanos 5:9).

        ◦ A través de Su sacrificio, la reconciliación entre el hombre pecador y el Dios santo fue posible (2 Corintios 5:18-19).

B. Nuestra fidelidad

    1. Dedicación diaria: Debemos presentarnos como sacrificios vivos. A diferencia de algunos en el Antiguo Testamento que intentaban servir a Dios y a los ídolos al mismo tiempo, la humildad nos pide una lealtad indivisa.

    2. Fieles hasta el fin: La corona de vida es para los que permanecen (Apocalipsis 2:10). Ezequiel 18:24 nos advierte que no basta con comenzar bien; debemos terminar bien. La humildad nos mantiene alertas y dependientes de la gracia de Dios para no caer.

¿Cómo ser una persona más humilde?

Conclusión

La humildad no siempre es fácil. Nuestra carne lucha por el reconocimiento y el control. Pero cuando elegimos el camino de la humildad, estamos caminando en la senda de Cristo.

Ser humilde no es pensar menos de uno mismo, es pensar menos en uno mismo. Que nuestra vida diaria sea un reflejo de aquel que se despojó de todo para dárnoslo todo. Si para nosotros el vivir es Cristo, entonces nuestro caminar debe estar marcado por la humildad de la Cruz.



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.