El pasaje de Efesios 2:17-21 nos ofrece una visión profunda de la naturaleza de la iglesia. A través de diversas designaciones, Dios nos revela su propósito y la importancia de la comunidad de creyentes. Hoy, exploraremos estas designaciones, comprendiendo su significado y cómo se aplican a nuestra vida como iglesia.
Sermón: La Iglesia como morada de Dios y comunidad de reconciliación
Texto base: Efesios 2:17–22
Amados hermanos, uno de los grandes mensajes del evangelio es que Cristo vino a traer paz. No solamente paz entre Dios y el ser humano, sino también paz entre las personas que antes estaban separadas.
En el mundo antiguo existía una profunda división entre judíos y gentiles. Los judíos eran considerados el pueblo del pacto, mientras que los gentiles estaban lejos de las promesas de Dios. Había barreras religiosas, culturales y sociales que separaban a estos dos pueblos.
Pero el apóstol Pablo nos enseña en Efesios que Cristo derribó esas barreras. Él no solo reconcilió a las personas con Dios, sino que también creó una nueva comunidad donde todos pueden vivir unidos.
En este pasaje encontramos tres grandes verdades sobre la iglesia:
1. Somos ciudadanos del reino de Dios.
2. Somos miembros de la familia de Dios.
3. Somos el templo donde Dios habita.
1. De extranjeros a ciudadanos del reino de Dios
El apóstol Pablo dice: “Así que ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.” (Efesios 2:19)
Antes de conocer a Cristo, los gentiles estaban lejos de las promesas de Dios. Eran considerados extranjeros, personas sin derecho a participar plenamente en el pueblo de Dios.
Pero Cristo vino y anunció la paz. “Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca.” (Efesios 2:17)
Por medio de Cristo, tanto judíos como gentiles tienen acceso al Padre por el mismo Espíritu (Efesios 2:18).
Esto significa que en la iglesia:
• no hay ciudadanos de primera y de segunda clase
• no hay barreras raciales o culturales
• todos pertenecemos al mismo reino
La iglesia es una comunidad donde todos los creyentes comparten la misma ciudadanía espiritual.
2. La iglesia como la familia y casa de Dios
Pablo utiliza otra imagen poderosa: la iglesia es la casa de Dios.
Efesios 2:19 dice que somos miembros de la familia de Dios.
Esto significa que la iglesia no es solamente una organización religiosa. Es una familia espiritual donde cada creyente tiene un lugar.
En una familia:
• nos cuidamos unos a otros
• compartimos responsabilidades
• caminamos juntos en la fe
La iglesia debe reflejar esta realidad. No somos individuos aislados; somos parte de un hogar espiritual donde Dios nos ha reunido.
3. El fundamento: la enseñanza de los apóstoles y profetas
Pablo continúa diciendo que esta casa está: “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (Efesios 2:20).
Esto no contradice lo que dice 1 Corintios 3:11: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”
El fundamento es Cristo, pero conocemos a Cristo a través del testimonio y la enseñanza de los apóstoles y profetas.
La iglesia primitiva perseveraba:
• en la doctrina de los apóstoles
• en la comunión
• en el partimiento del pan
• en las oraciones (Hechos 2:42)
Por lo tanto, la iglesia debe edificarse sobre:
• la Palabra de Dios
• el evangelio de Cristo
• la enseñanza apostólica
Si la iglesia se aparta de este fundamento, pierde su dirección.
4. Cristo es la piedra angular
Pablo también afirma que Cristo es la piedra angular. “Cristo Jesús mismo es la piedra angular.” (Efesios 2:20)
En la construcción antigua, la piedra angular determinaba la alineación de todo el edificio. Si esa piedra estaba mal colocada, todo el edificio quedaba torcido.
De la misma manera, Cristo debe ser el centro de la iglesia.
• Si Cristo está en el centro, la iglesia es fuerte.
• Si Cristo es ignorado, la iglesia pierde su estabilidad.
Jesús mismo declaró: “Edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18)
La iglesia no es obra humana; es la obra de Cristo.
5. La iglesia como el nuevo templo de Dios
Finalmente, Pablo presenta una imagen extraordinaria: la iglesia es el nuevo templo de Dios.
Efesios 2:21–22 dice que todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, donde Dios habita por su Espíritu.
En el Antiguo Testamento, el templo de Jerusalén era el lugar donde se manifestaba la presencia de Dios.
Pero ahora, Dios no habita en edificios hechos por manos humanas. Él habita en su pueblo.
La iglesia es el lugar donde el mundo debe ver:
• la presencia de Dios
• la paz de Cristo
• la reconciliación entre personas diferentes
Esto significa que la iglesia debe ser un espacio real de unidad y reconciliación.
• Un Recipiente para la Santidad de Dios:
◦ La iglesia es el lugar donde habita el Espíritu Santo, un espacio sagrado donde se manifiesta la presencia de Dios.
◦ Somos llamados a vivir en santidad, reflejando la gloria de Dios en nuestras vidas y acciones.
• Comunión con Dios:
◦ La iglesia demuestra al mundo cómo las personas pueden tener una relación íntima y personal con Dios.
• Modelo de Vida:
◦ La iglesia sirve como modelo de cómo el pueblo de Dios debe de vivir.
6. La iglesia como una realidad presente
Pablo nos enseña algo muy importante: la unidad de la iglesia no es solo una promesa futura.
No es solo un ideal para el cielo.
Es una realidad que debe vivirse ahora.
En Cristo:
• las divisiones humanas son superadas
• las barreras sociales se derriban
• personas diferentes son unidas en un solo cuerpo
La iglesia debe ser un testimonio visible de que el evangelio tiene poder para reconciliar.
◦ La iglesia tiene la responsabilidad de defender y proclamar la verdad del evangelio, siendo un faro de luz en un mundo oscuro.
◦ Somos llamados a defender la justicia y la verdad, confrontando la injusticia y la mentira con valentía y amor.
Estas designaciones nos revelan la rica y multifacética naturaleza de la iglesia. Somos el cuerpo de Cristo, el templo de Dios y la columna de la verdad. Al comprender estas designaciones, podemos vivir de acuerdo con el propósito de Dios, sirviendo a los demás, reflejando su santidad y proclamando su verdad al mundo.