Una de las tareas más complejas y delicadas que enfrenta la iglesia del Señor es mantener la pureza de la doctrina y la conducta sin perder la esencia del amor divino. La Iglesia de Cristo debe ser, por definición, la "Iglesia del Amor". Una comunidad que repudia el pecado, pero ama a los pecadores (2 Tesalonicenses 3:14-15).
Los seres humanos solemos tener mucha dificultad para distinguir entre el pecado y el pecador. Cuando el apóstol Pablo describe a los enemigos de la cruz en Filipenses 3:18, este hecho no le provocaba ira destructiva, sino que lo hacía llorar. Asimismo, la Iglesia del Amor desprecia los errores doctrinales porque representan de forma distorcida lo que nuestro Padre Celestial desea, pero ama profundamente a los que están errados. Pablo ejemplificó esto al expresar su profundo dolor y oración por la salvación de Israel, quienes tenían celo pero carecían de conocimiento (Romanos 10:1-2).
Como líderes y miembros del cuerpo de Cristo, debemos estar alertas contra los lobos rapaces y las enseñanzas torcidas (Hechos 20:26-31), estando dispuestos a sufrir pérdidas para hacer el bien, evitando el cinismo y ayudando al caído, incluso cuando otros intenten aprovecharse de nosotros (Romanos 12:19-21). La Escritura nos demanda restaurar al caído con espíritu de mansedumbre, cuidando de no ser tentados (Gálatas 6:1).
I. Un Aviso del Primer Siglo: La Necesidad de la Disciplina
La disciplina eclesial no es un invento humano, sino una necesidad protectora que quedó registrada de forma impactante desde los inicios de la iglesia en el primer siglo.
• El caso de Ananías y Safira (Atos 5:1-11): Este matrimonio, miembro de la iglesia, colaboró, conspiró y tramó vender un bien para quedarse con una parte del dinero, alegando hipócritamente que lo habían donado por completo. Estos hipócritas egoístas ejecutaron su plan, mentieron al Espíritu Santo y cayeron muertos.
• Un signo de alerta: Este relato representa un poderoso llamado de advertencia para todos nosotros. La primera disciplina de la iglesia nos deja una gran lección: la disciplina mantiene a la iglesia pura. Como resultado de este juicio, “grande temor apoderou-se de toda a igreja e de todos os que ouviram estas coisas” (Hechos 5:11).
La Iglesia de Cristo tiene el mandato de no tolerar conductas pecaminosas crónicas entre sus miembros porque su influencia es sutil y engañosa: “...um pouco de fermento leveda toda a massa...” (1 Corintios 5:1, 5-6, 9-11).
Las congregaciones deben ordenar que se aparten de todo hermano que ande desordenadamente (2 Tesalonicenses 3:6) e identificar a quienes provocan divisiones y escándalos en desacuerdo con la doctrina, apartándose de ellos (Romanos 16:16-17), porque la meta es presentar una iglesia limpia e irreprochable (Efesios 5:25-27).
II. Protocolos Bíblicos para Tratar el Pecado y la División
La Palabra de Dios no nos deja a la deriva sobre cómo corregir el error. El orden divino establece dos protocolos claros dependiendo de la naturaleza de la falta:
1. Pecados Personales y Privados: Tres Advertencias (Mateo 18:15-17)
Cuando un hermano comete una falta personal, el proceso busca la restauración en esferas de privacidad progresiva:
• Primera advertencia (Privada): “Se teu irmão pecar contra ti, vai e repreende-o entre ti e ele só. Se ele te ouvir, ganhaste teu irmão” (v. 15).
• Segunda advertencia (Testigos): Si no oye, se debe llevar uno o dos más para que por boca de dos o tres testigos toda palabra sea confirmada (v. 16).
• Tercera advertencia (Pública): Si rehúsa oírlos, se dice a la iglesia; y si se rehúsa incluso a oír a la iglesia, se le debe considerar como un gentio y un publicano (v. 17).
2. Hermanos Divisivos: Dos Advertencias (Tito 3:10-11)
El estándar aquí es radicalmente diferente al de Mateo 18. Cuando se trata de un hombre faccioso o divisivo, el peligro para el cuerpo es tan inmediato que solo recibe dos advertencias antes de ser rechazado:
• “Quanto ao homem faccioso, depois de admoestá-lo uma ou duas vezes, não tenha mais nada a ver com ele” (v. 10).
• Si un hermano rechaza activamente la fe y causa división, hay un momento definitivo para 'rechazarlo' y aplicarle castigo si no busca el arrepentimiento.
¿Por qué se debe rechazar al divisivo? Porque la Biblia enseña que tal persona está pervertida , vive en pecado (errando el blanco y apartándose de la ley de Dios) y está autocondenada ("condenada por si mesma", v. 11).
III. Nuestras Responsabilidades Específicas hacia los Desordenados
Cuando la iglesia se ve obligada a aplicar la disciplina y marcar a un miembro desordenado, nuestra actitud colectiva debe mantener un equilibrio perfecto entre la firmeza moral y el amor fraternal:
• Luto espiritual: No debemos tomar la disciplina con orgullo ni indiferencia, sino con dolor. Pablo reprendió a los corintios diciendo: (1 Corintios 5:2).
• La vida social limitado: El mandamiento es no asociarse con personas que llamándose hermanos sean inmoralmente sexuales, avaros, idólatras, maldicientes, borrachos o ladrones; con tales personas ni siquiera debemos comer (1 Corintios 5:9-11). Pablo aclara que esto no aplica para los pecadores de este mundo, pues en ese caso tendríamos que salir del mundo, sino para el que se dice hermano.
• No considerarlo como un enemigo: Aquí radica la cumbre del amor de la iglesia. Al disciplinar, (2 Tesalonicenses 3:14-15). No buscamos su destrucción, sino que quede avergonzado para que recapacite.
• Continuar la amonestación: La relación cambia, pero el deber de amonestarle con amor de hermano permanece vigente (2 Tesalonicenses 3:15).
Conclusión y Llamado a la Humildad
Al aplicar estos principios, jamás debemos olvidar que nadie está inmune al pecado. El mismo apóstol Pablo declaró: “Mas eu esmurro o meu corpo e o reduzo à servidão, para que, depois de ter pregado aos outros, eu mesmo não venha a ser reprovado” (1 Corintios 9:27). Las Escrituras nos advierten solemnemente que es posible apartarse de Cristo y caer de la gracia (Gálatas 5:4), por lo cual debemos cuidar que ninguno de nosotros tenga un corazón perverso e incrédulo que se aparte del Dios vivo (Hebreos 3:12).
El objetivo final de la disciplina jamás es el castigo eterno, sino la recuperación y la restauración. La Iglesia del Amor se mueve bajo la bandera de Gálatas 6:1:
I. Debemos examinar lo que se nos enseña (1 Juan 4:1; Hechos 17:11)
El apóstol Juan nos exhorta a "probar los espíritus, para ver si son de Dios". No debemos aceptar ciegamente cualquier enseñanza, sino examinarla a la luz de las Escrituras.
Los bereanos son un ejemplo para nosotros, ya que "recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras para ver si estas cosas eran así". Debemos cultivar un espíritu de discernimiento y estudio diligente de la Palabra de Dios.
II. Debemos oponernos al error (Efesios 5:11; 2 Timoteo 4:5)
Pablo nos insta a "no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". No podemos ser pasivos ante el error, sino que debemos alzar la voz en defensa de la verdad.
También nos anima a "tú, en cambio, sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio". Esto implica estar alerta y preparados para defender la fe.
III. Algunos buscan destruir la iglesia (Hechos 20:29-30)
Pablo advierte a los ancianos de Éfeso que "de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos". El peligro puede venir de dentro de la propia iglesia.
IV. Parecerá inofensivo (Mateo 7:15; 2 Corintios 11:13-15)
Jesús nos advierte sobre los "falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces". El error puede disfrazarse de verdad y engañar a los incautos.
Pablo nos recuerda que "Satanás mismo se disfraza como ángel de luz". El enemigo es astuto y utiliza diversas estrategias para desviarnos del camino correcto.
V. Trabajará de forma encubierta (2 Pedro 2:1; Judas 4)
Pedro nos habla de "falsos profetas entre el pueblo, como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales introducirán encubiertamente herejías destructoras". El error puede infiltrarse sutilmente en la iglesia.
Judas nos advierte que "algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios".
VI. Debe ser marcado y evitado (Romanos 16:17; Tito 1:9, 11; 3:10)
Pablo nos exhorta a "que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos". Debemos identificar y evitar a aquellos que promueven el error.
En la carta a Tito, se nos instruye sobre como reprender a los que contradicen la sana doctrina, y que a los hombres herejes, despues de amonestarlos una o dos veces, debemos desecharlos.
VII. Pablo nos dejó ejemplo (Filipenses 3:2; 4:9; 2 Timoteo 2:17-18; 4:14)
Pablo nos insta a seguir su ejemplo y a imitar su fe. Nos anima a mantenernos firmes en la verdad y a evitar las falsas enseñanzas.
Pablo expuso el pecado de Pedro (Gálatas 2:11-14; 1 Corintios 4:6)
Pablo no dudo en reprender a Pedro cuando este se desvió de la verdad del evangelio, y nos da ejemplo de que no debemos tener favoritismos cuando se trata de defender la sana doctrina.
VIII. No debemos ayudar al error en ninguna manera (2 Juan 9-11)
Juan nos advierte que "cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo". No podemos apoyar ni tolerar el error, ya que esto nos aleja de Dios.
Conclusion
La iglesia es la columna y el baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15). Debemos protegerla de todo error y mantenernos firmes en la fe que una vez fue entregada a los santos (Judas 3). Que Dios nos dé sabiduría y discernimiento para cumplir esta importante tarea.
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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.