Tema: Nuevos Creyentes: Enseñanzas para Recién Convertidos
Introducción
Por la regeneración, vista por el arrepentimiento y la fe en Cristo, el convertido recibe el Espíritu que proviene de Dios, para que él pueda conocer lo que el Espíritu Santo enseña (1 Corintios 2:12, 13).
Meditaremos sobre lo que significa dar este paso, las etapas que todo recién convertido debe transitar y los cambios radicales que el Señor opera en aquellos que le abren el corazón.
I. ¿Qué es Verdaderamente la Conversión?
La conversión no se fundamenta en la emoción del momento, sino en una obra profunda del Espíritu Santo que redefine todo nuestro ser. Basados en las Escrituras, podemos definir la conversión a través de las siguientes dimensiones:
• Completa transformación de la persona: Un cambio radical de identidad y naturaleza (Ezequiel 36:26, 27).
• Dedicación a Dios: Entregar el control absoluto de nuestra vida y miembros al servicio del Reino (Romanos 6:13, 14; 12:1).
• Una Espiritual Renovación: Dejar atrás el estado anterior para ser hechos completamente nuevos (2 Corintios 5:17; Tito 3:5).
• Rejección de la vieja naturaleza: El abandono voluntario de los caminos y pensamientos del pasado (Isaías 55:7; Efesios 4:21-25).
• Nascer de Nuevo: El milagro de nacer de nuevo para ver el Reino (Juan 3:3; 1 Pedro 1:23).
• “Dependencia del Padre”: Adoptar una actitud de pureza, confianza y total dependencia del Padre (Mateo 18:3).
II. Modelos Bíblicos de Sumisión y Autorrebaixamento
La verdadera conversión derriba el orgullo humano. Las Escrituras nos presentan dos grandes ejemplos de personas que, al convertirse, abandonaron su prestigio para someterse al Señor:
1. Saulo de Tarso
En la conversión de Saulo de Tarso, reflejada en Hechos 9:6, observamos a este hombre dantes religioso pasa a una persona despida de su autoconfianza y vanidad cuando cae al suelo y dice: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.
Resignación, autorrebaixamento y subordinación es lo que encontramos en su ministerio que, después de este punto floreció una obediencia ejemplar. Él, después de muchos años de labor apostólica, podría testimoniar con firmeza a la iglesia de Corinto: “porque nada me propus saber entre vós, senão a Jesus Cristo, e esse crucificado” (1 Corintios 2:2).
2. Lidia de Tiatira
Es o caso de una mujer rica de la ciudad de Tiatira, una comerciante que tenía un enorme destaque entre los nobles de la ciudad. Manifestaba públicamente su confesión de pecadora bajándose al bautismo que . Cuando rogó y constriñó a los discípulos a entrar en su casa. (Hechos 16:14, 15).
III. Siete Etapas en la Vida de los Nuevos Crentes
La vida cristiana es un caminar progresivo de fe. Todo recién convertido está llamado a avanzar con firmeza a través de estas etapas fundamentales:
• Primera Etapa: La conversión, el momento en que recibimos a Cristo y somos hechos hijos de Dios (Juan 1.12).
• Segunda Etapa: Testimonio para el Señor, confesando públicamente nuestra fe (Romanos 10:10).
• Tercera Etapa: Permanecer en Cristo, desarrollando una dependencia diaria (Juan 15:4).
• Cuarta Etapa: Carregar diariamente su cruz, asumiendo el costo del discipulado (Lucas 9:23; Hebreos 13:13).
• Quinta Etapa: Servir al Señor con fervor, apartando la pereza espiritual (Romanos 12:11; 6:19).
• Sexta Etapa: Viver en comunión con Cristo y con Su iglesia (Juan 15:4; 1 Juan 1:3).
• Sétima Etapa: Aguardar al Señor de los cielos, manteniendo viva la esperanza bienaventurada (1 Tesalonicenses 1:10).
IV. Características que Deben Distinguir al Nuevo Creyente
Cuando el Espíritu Santo habita en el nuevo creyente, comienzan a brotar de manera natural las siguientes marcas de un corazón transformado:
1. Consagración plena al Señor: Una determinación familiar y personal como la de Josué: “...yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
2. Rompimiento con todo el pecado: Buscar la limpieza diaria a través de la confesión (1 Juan 1:9).
3. Amor a los hermanos en la fe: La evidencia de que hemos pasado de muerte a vida (1 Juan 3:14).
4. Alegría en la Palabra de Dios: Deleitarse y guardar Sus dichos en el corazón (Salmos 119:10-16).
5. Desejo de comunión con Dios: Buscar la intimidad de la oración en lo secreto (Mateo 6:6).
6. Grande dor después de una cuenta: Un arrepentimiento genuino y quebrantado si se llega a fallar (Salmos 51:1-19).
7. Desejo por la salvación de los perdidos: Sentir una profunda carga intercesora por quienes no le conocen (Romanos 9:2, 3; 10:1).
8. Humildad: Humillarse voluntariamente delante del Señor (Santiago 4:10).
9. Anseio por la santificación: Purificarse a sí mismo así como Él es puro (1 Juan 3:3).
10. Obediencia a la Palabra de Dios: Guardar Sus mandamientos como prueba de que le conocemos (1 Juan 3:24; 2:3).
V. Una Mente Renovada para una Vida Agradable
Por Cristo vienen cambios radicales en el hombre nuevo, cambios que afectan, entre otras cosas, el aperfeiçoamento do juízo (Marcos 5:15). Al igual que el endemoniado gadareno, quien después de ser liberado fue sentado, vestido y en su juicio cabal, el nuevo creyente recibe una transformación intelectual y moral.
Con la mente nueva, la mente de Cristo, el cristiano tiene la capacidad de discernir bien todo y, como fruto de tal discernimiento, desarrollar un comportamiento cristiano agradable a Dios (1 Corintios 2:15, 16). Somente después de ser regenerado puede el hombre amar a Dios con todo su pensamiento, algo que Dios pide a todo hombre (Mateo 22:37). Así lo expresaba el apóstol: “Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios...” (Romanos 7:25).
Examen de Conciencia: En la experiencia en la cual usted confía su salvación, ¿se manifiestan estas actitudes de quiebre? ¿La experiencia de su conversión se llena de vaidad o de completa sumisión a la orden para arrepentirse? ¿Usted cayó en el desprecio del mundo cuando se “convirtió” o fue aplaudido por él? ¿Su conversión lo llevó a una vida de autorrebaixamento, para saber nada de sí mismo con tal de ganar a Cristo?
La base de nuestra maduración espiritual es el estudio y la vivencia constante de la Palabra de Dios. A medida que nos sumergimos en las Escrituras, somos capaces de discernir entre lo bueno y lo malo. Esto nos capacita para tomar decisiones sabias y vivir conforme a los principios divinos.
La maduración espiritual no solo se trata de nuestro crecimiento personal, sino también de cómo impactamos a otros. Jesús nos enseñó que servir a los demás es servirle a Él. El ministerio y la ayuda a los necesitados son esenciales para crecer en amor y compasión, reflejando la imagen de Cristo.
La maduración espiritual no ocurre por accidente, requiere esfuerzo y diligencia de nuestra parte. Debemos buscar constantemente el crecimiento, añadiendo virtud a nuestra fe, conocimiento a nuestra virtud, y así sucesivamente. El deseo de crecer debe estar arraigado en nuestro corazón.
La madurez espiritual también se manifiesta en nuestro compromiso con la obra de Dios. Cada tarea, cada acto de servicio, tiene un propósito en el Reino de Dios. Cuando perseveramos en estas obras, no solo somos bendecidos, sino que también bendecimos a otros y honramos a Dios.
La verdadera maduración espiritual exige que crucemos nuestras propias voluntades y deseos para seguir a Cristo. Esto significa negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz diariamente. Al hacerlo, mostramos una sumisión total a Dios y una disposición para seguir Sus caminos por encima de los nuestros.
Queridos hermanos y recién convertidos, la vida en Cristo requiere una preparación intencional de nuestra mentalidad. Es necesario que cada uno de nosotros prepare su corazón: conozca la Ley y compréndala, obedezca a la Palabra y enseñe la Palabra a los otros.
Al terminar este mensaje, llevemos estas preguntas al altar del Señor para evaluar nuestro caminar con Él:
• ¿Está buscando activamente informaciones sobre la ley de Dios para comprenderla?
Que el Señor nos conceda una vida de completa sumisión, obediencia ferviente y un deseo ardiente por anunciar a Cristo crucificado. Amén.