Jesuscristo, nunca cambio." Hebreos 13:8

Jesuscristo, nunca cambio." Hebreos 13:8


En Malaquías 3:6 leemos: "Yo, Jehová, nunca cambio." Hebreos 13:8 dice: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos." El no cambiar es un atributo que solamente Dios tiene.

Es la palabra de fe que da la bienvenida a Dios para que venga y arregle las cosas en nuestro corazón. Este es el núcleo de nuestra predicación. Diga la palabra de bienvenida a Dios - "Jesús es mi Maestro" - abrazando, en cuerpo y alma, la obra de Dios al hacer en nosotros lo que hizo al resucitar a Jesús de entre los muertos. Es eso. No estás "haciendo" nada; simplemente estás clamando a Dios, confiando en que Él lo hará por ti. Esta es la salvación. Con todos tus siervos, abrazas a Dios arreglando las cosas, y luego dices en voz alta: "¡Dios ha ajustado todo entre él y yo!" lo lamentaré ". Es exactamente lo mismo, sin importar el trasfondo religioso de una persona: el mismo Dios para todos nosotros, actuando de la misma manera increíblemente generosa con todos los que claman por ayuda. “Todos los que gritan: '¡Ayuda, Dios!' recibe ayuda.


1.Él sigue sanando hoy. 


¡El tiempo es ahora! De la misma forma que Jesús sanaba en la Biblia, Él sigue sanando hoy. 

No olvide que justos son sólo los que justificados, pues por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). 

2. no cambia y nunca cambiará


Escaparemos a tiempo con Jesús hacia el cielo. El es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos

Aplicando este versículo con referencia a la santidad de Dios podríamos decir de la siguiente manera: Dios ha sido santo. Dios es santo. Dios será santo. Él no ha cambiado, no cambia y nunca cambiará

Jesús es el mismo. Él es el mismo en Su carácter, en Su persona, en Sus atributos. 

3. Salvados y Liberados
En el remanso de paz de este santuario, puede ser fácil olvidar que vivimos en un mundo arruinado por el pecado, maldito por la muerte y lleno de maldad. Aunque lo enfrentamos todos los días, este regalo del mal no nos va a vencer. El deseo de Dios es que seamos salvados y liberados por Su Hijo, Jesús, para que podamos amar, vivir y vencer el mal con el bien. En nuestro servicio de adoración, recibimos al mismo Jesús que una vez venció el mal al cargar su cruz para sufrir por nuestra salvación. Derrocando todo el mal que siempre enfrentaremos, nuestro Salvador resucitado vive para amarnos, bendecirnos y librarnos como Su pueblo.


Conclusion
Él será el mismo en el futuro, y ayer y hoy y por los siglos siguientes. Él no cambiará jamás. Algún día nosotros estaremos en Su presencia y cuán maravilloso llegará a ser eso.

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