Tema: La verdad sobre pedir y recibir
Introducción: Existe una idea errónea en muchos círculos religiosos que sugiere que pedir a Dios es una muestra de egoísmo o falta de espiritualidad. Sin embargo, al estudiar la vida de Jesús, descubrimos todo lo contrario: una de las mayores revelaciones del Reino es que el Padre se deleita en nuestra dependencia. La oración no es un intento de torcer el brazo de Dios, sino el ejercicio de una relación donde Él anhela que pidamos para que nuestra alegría sea completa.
I. La Revelación del Corazón del Padre
Jesús dedicó Sus últimos momentos antes de la cruz para asegurar que Sus discípulos entendieran el acceso que tenían al cielo.
• A. La confianza de la comunión (Juan 15:7-8): Nuestra capacidad de recibir está directamente ligada a nuestro "permanecer". Cuando caminamos con Dios, Su Palabra empieza a dar forma a nuestros deseos. El Salmo 37:4 lo resume perfectamente: "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón". No es que Él nos dé cualquier cosa, es que al deleitarnos en Él, Sus deseos se vuelven los nuestros.
• B. La tragedia de no pedir (Santiago 4:1-6): Santiago revela un contraste doloroso. Muchos viven en conflicto y frustración porque buscan satisfacer sus deseos fuera de Dios. Una de las frases más tristes de la Biblia es: "No tenéis lo que deseáis, porque no pedís". El Padre tiene almacenes llenos de bendiciones que esperan simplemente por el "toque" de una petición sincera.
• C. La urgencia de Jesús: En los capítulos 14 al 17 de Juan, Jesús menciona el pedir y recibir cinco veces. Si Jesús lo repitió tanto en Su "discurso de despedida", es porque es vital para la supervivencia y el éxito del creyente.
II. El Viaje de la Fe y la Asociación Divina
Nuestra relación con Dios no es estática; es un viaje educativo donde aprendemos a confiar.
• A. Viajes de construcción de fe: Así como Jesús llevó a los discípulos de tormenta en tormenta para que aprendieran quién era Él, así nos lleva a nosotros. Cada necesidad es una oportunidad para aprender a orar y ver la fidelidad de Sus promesas (Hebreos 11:6).
• B. La Vulnerabilidad de Dios: Hay una "asociación divina" asombrosa. En la historia del centurión (Mateo 8:5-10), vemos que Dios se hace, en cierto sentido, "vulnerable" a nuestra fe. Él se deja conmover y mover por nuestras peticiones. Cuando pedimos con fe, activamos la actividad del cielo en la tierra.
III. La Vid Verdadera: Alineación para la Fructificación
Jesús usa la metáfora de la vid para enseñarnos que el fruto es el resultado de la conexión.
• A. El primer mandato: Recibir el perdón: Antes de pedir grandes cosas, debemos recibir lo básico: la limpieza. Somos limpios por la Palabra. Sin recibir primero el perdón (1 Juan 1:8-9), nuestra comunicación con el cielo se siente bloqueada.
• B. Caminar en acuerdo (Amós 3:3): ¿Cómo andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo? Pedir y recibir requiere que estemos de acuerdo con el carácter de Dios. La oración en acuerdo tiene un poder expansivo (Mateo 18:18-20).
• C. Rompiendo moldes religiosos: A veces, nuestra "religiosidad" nos hace pedir cosas pequeñas o genéricas. Dios quiere que le hablemos de:
1. Sueños personales: Los propósitos únicos que preparó para ti (Efesios 2:10).
2. Obras hermosas: Como la mujer del frasco de alabastro, podemos pedir hacer cosas que glorifiquen a Dios de manera creativa y bella (Mateo 26:6-13).
3. Diseños globales: Dios nos invita a pedir por las naciones y por Sus grandes misterios (Jeremías 33:1-3).
IV. Del Deber a la Amistad: El Amor que Libera
El clímax de la enseñanza de Jesús es el cambio de estatus: de siervos a amigos.
• A. La iniciativa del amor: "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19). El pedir no nace de nuestra necesidad de "comprar" a Dios, sino de Su amor que ya nos ha aceptado.
• B. El amor "Phileo": El Padre nos ama con un cariño tangible. Ese "abrazo" de Dios nos hace sensibles. Cuando sabemos cuánto nos ama el Padre, empezamos a ver las necesidades de otros con los ojos de Jesús (Juan 5:19-20).
• C. El argumento de la paternidad: Jesús cierra el argumento con una lógica sencilla pero poderosa: si nosotros, siendo malos, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, "¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Lucas 11:13).
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Conclusión:
La verdad sobre pedir y recibir es que Dios está más ansioso por dar que nosotros por pedir. Él no es un juez tacaño; es un Padre amoroso que busca amigos y socios para Sus planes en la tierra. Hoy, el Señor te pregunta: "¿Por qué estás tratando de llevar esa carga solo, si podrías pedírmelo a Mí?".
Llamado a la acción: ¿Qué es aquello que has dejado de pedir porque pensaste que era "demasiado personal" o "demasiado grande" para Dios? Te invito a que hoy dejes a un lado la timidez religiosa. Entra en Su presencia como un amigo, recuérdale Sus promesas y pide con la confianza de un hijo que se sabe amado.
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