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¿Qué hacer por nuestros líderes civiles y autoridades gobernantes?

  ¿Qué hacer por nuestros líderes civiles y autoridades gobernantes?

Introducción: En un mundo polarizado, la reacción natural hacia los gobernantes suele ser la crítica, la queja o la indiferencia. Sin embargo, la Biblia nos revela que la Iglesia no es una espectadora pasiva de la política, sino una influencia espiritual determinante. Dios ha depositado en nuestras manos una autoridad que trasciende las urnas: la autoridad de Su Reino. Hoy aprenderemos que el destino de una nación no depende solo de quienes están en el palacio, sino de quienes están de rodillas en el templo.


I. La Autoridad del Reino en un Mundo Necesitado

Dios no nos dejó en la tierra solo para esperar el cielo; nos dejó para manifestar Su gobierno aquí.

    • A. Sal y Luz (Mateo 5:13-16; 10:5-8): Nuestra identidad es preservadora y reveladora. Como sal, detenemos la corrupción moral de la sociedad; como luz, exponemos la verdad. No es por mérito humano, sino por el poder de Dios que liberamos sanidad y liberación.

    • B. La palabra profética sobre las naciones (Jeremías 1:9-10): Dios le dijo a Jeremías: "Te he puesto sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar". Nuestras oraciones y declaraciones tienen el poder de cambiar el rumbo de la historia.

    • C. Atar y desatar (Mateo 18:18-20; 21:12-13): Se nos ha dado la autoridad legal para restringir la maldad y liberar la justicia de Dios en las esferas de gobierno. La oración no es un ruego débil; es un acto administrativo en la corte del cielo.


II. El Mandato Prioritario: Orar por los Líderes

El apóstol Pablo, escribiendo bajo un régimen romano a menudo hostil, dio una instrucción clara en 1 Timoteo 2:1-6.

    • A. La prioridad de la intercesión: Pablo insta a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, pero específicamente por los reyes y autoridades.

    • B. El fruto de la oración (v. 2-4): ¿Para qué oramos?

        1. Para que vivamos quieta y reposadamente.

        2. Para que haya piedad y honestidad en la sociedad.

        3. Porque esto abre la puerta para que las personas sean salvas. Un buen gobierno facilita la propagación del Evangelio.

    • C. El canal de protección: Un buen gobierno es un regalo de la gracia protectora de Dios. Los cristianos tenemos el método exclusivo para invocar esa protección sobre nuestras ciudades.

    • D. La seguridad de la respuesta: Cuando oramos por justicia y paz en el gobierno, estamos orando según la voluntad de Dios. Por tanto, tenemos la confianza de que Él nos oye y actuará (1 Juan 5:14-15).


III. Los Gobernantes como Agentes de Dios

La Biblia enseña que Dios es el soberano último sobre cada trono, incluso sobre aquellos que no le conocen.

    • A. El caso de Daniel y Nabucodonosor (Daniel 2): Ante una crisis de muerte, Daniel no protestó; oró. Dios le reveló secretos reales en respuesta a la intercesión. Esto demuestra que los creyentes pueden tener más sabiduría sobre el futuro que los propios gobernantes.

    • B. La soberanía del Altísimo (Daniel 4:17): Daniel le recordó al rey más poderoso de su tiempo que el Altísimo tiene dominio sobre los reinos y pone en ellos a quien Él quiere, incluso al "más humilde de los hombres".

    • C. La transformación de un líder: Tras un juicio divino, Nabucodonosor se humilló y glorificó a Dios (Daniel 4:34-37). Esto nos da esperanza: no hay líder tan endurecido que no pueda ser tocado por Dios en respuesta a nuestras oraciones.


IV. El Manto del Nuevo Templo: Intercesores por las Naciones

Dios levanta líderes como Ciro para cumplir Sus propósitos, pero esos movimientos a menudo son precedidos por décadas de oración.

    • A. El milagro de Ciro: Daniel oró durante 70 años. El resultado fue que Ciro el Persa, un rey pagano, dio el decreto para reconstruir el Templo. Dios puede mover el corazón de un gobernante para bendecir a Su pueblo.

    • B. La Iglesia como el Templo de Oración (1 Corintios 3:16-17): En el Antiguo Testamento, el templo era el lugar de oración por la nación. Hoy, nosotros somos ese templo. Cuando nos reunimos en el nombre de Jesús (Mateo 18:18-20), tenemos el peso espiritual para resolver problemas mundiales desde la presencia de Dios.

    • C. La visión del buen gobierno: David describió al gobernante ideal como "luz de la mañana cuando sale el sol... como la lluvia que hace brotar la hierba" (2 Samuel 23:3-4). Esa es la visión por la que debemos clamar: líderes que traigan vida y claridad a nuestras naciones.

¿Qué hacer por nuestros líderes civiles y autoridades gobernantes?

Conclusión: 

Nuestros gobernantes necesitan nuestras oraciones más que nuestras críticas. Dios nos ha constituido como Sus embajadores para intervenir en favor de nuestras naciones. Si queremos ver un cambio en las leyes y en la paz de nuestras calles, debemos primero ejercer nuestro sacerdocio en el lugar secreto.

Llamado a la acción: ¿Ha sido tu respuesta hacia las autoridades principalmente la queja? Hoy te invito a tomar tu lugar en el "nuevo templo". Dediquemos un tiempo ahora mismo para orar por nuestros líderes, no basándonos en nuestras preferencias políticas, sino en el mandato bíblico de buscar la paz de nuestra nación.



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.