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El Llamado Misionero: Vocación y Desafío (Prédica sobre Mateo 10:16)

Mateo 10:16 - El Llamado Misionero

Reflexionamos, en el sermón, sobre el llamado misionero que Jesús nos hace en Mateo 10:16, cuando dice: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas.” Este versículo encapsula las instrucciones para vivir y cumplir nuestra misión en un mundo hostil, lleno de desafíos pero también de oportunidades para glorificar a Dios.

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Texto Base: Mateo 10:16

Introducción El Llamado Misionero: Vocación, Desafío y Dependencia Total

El ministerio cristiano no es una profesión que se elige por conveniencia terrenal; élder es una vocación santa. El cristiano responde a Dios confiando plenamente en Él, luchando día a día por la santidad y viviendo desinteresadamente para los demás. Dentro de este diseño divino, existe un llamado específico e imperativo: la vocación para la obra misionera.

En Mateo 10:16, el Señor Jesús declara a Sus enviados:

 “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”. Quienes reciben este llamado tienen el deber primordial de anunciar el Evangelio de Dios a todas las personas. De esta forma, edifican al pueblo de Dios y cumplen el mandato de nuestro Salvador.

Examinaremos las dimensiones de este llamado misionero: el mandato básico, las calificaciones del vocacionado, las evidencias que confirman esta voz y la autoridad del Cristo que nos envía.

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I. El Mandato Básico para Todos los Cristianos

Antes de escudriñar un llamado específico, es fundamental comprender que el mandato de compartir el Evangelio ha sido entregado a todos los seguidores de Cristo.

A. Id a todas las naciones

En Mateo 28:19-20, el Rey de reyes estipula: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.  

La tarea primaria de los discípulos de Jesús es hacer discípulos. 


Con esta verdad en mente, el autor Henrichsen escribió: “Los discípulos se hacen, no nacen”. Hacer discípulos debe ser una acción intencional; debemos decidirnos a hacer discípulos. 

Estos no aparecen mágicamente mientras adoramos a Dios los domingos, ni maduran simplemente porque nos reunamos con ellos una hora a la semana para estudiar la Biblia. Los discípulos se forman cuando los pastores y líderes están con ellos, tal como Jesús estuvo con Sus discípulos. Esto requiere un esfuerzo deliberado que involucra sacrificio, humildad, fidelidad y sufrimiento por parte de sus pastores.

Recientemente, Greg Hawkins, pastor ejecutivo de la Iglesia Willow Creek, coescribió un libro titulado Reveal: Where are you? (Revelar: ¿Dónde estás?). Este libro contiene los resultados de una encuesta realizada por Willow Creek que indica que el movimiento sensible a los buscadores (seeker-sensitive) ha sido ineficaz para formar discípulos de Cristo. El estudio concluye que se debe invertir más tiempo en el estudio bíblico, en la oración y en el mentoreo personal para formar discípulos de manera eficaz.

B. Dependencia total de Dios en la misión

En el cumplimiento de esta labor, Jesús promete en Mateo 10:20 que en los momentos difíciles no estaremos solos: “Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”. Esta es la garantía de que Dios está con nosotros en cada paso de nuestra misión. Dependemos completamente de Su poder y guía para enfrentar cualquier obstáculo.

II. Calificaciones y Señales de un Llamado Misionero Específico

El llamado a la obra misionera transcultural e intensiva exige calificaciones esenciales en el carácter del vocacionado y es validado por factores internos y externos.

A. Calificaciones del vocacionado

  • Quien aspira a este ministerio debe manifestar:
  • Fe y amor profundo por Cristo y Su Iglesia.
  • Buen carácter moral, equilibrio emocional y madurez.
  • Habilidades académicas favorables.
  • Prontitud psicológica y la capacidad de buscar un compromiso sustentable y duradero.
  • Um profundo hábito de oración y una vida devocional equilibrada.
  • Madurez para reconocer las necesidades de los demás y voluntad para responder a ellas.
  • Disponibilidad absoluta para servir.
  • Un espíritu de desapego en continuo desarrollo que le ayude a estar en el mundo, pero no ser del mundo.

B. Señales Internas

Un amor profundo por las naciones y por los perdidos: Es sentir una compasión genuina por las personas que aún no han escuchado hablar de Jesús. 

El corazón del misionero se quebranta al pensar en las injusticias y en la falta de acceso al Evangelio en otras partes del mundo. Es encarnar lo escrito en Romanos 10:14-15: 
  • “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? 
  • ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? 
  • ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 
  • ¿And cómo predicarán si no fueren enviados? 

Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”.

Un sentimiento de inadecuación y dependencia de Dios: Muchos de los que son llamados por Dios se sienten totalmente despreparados e inadecuados para la tarea, pero confían en que el poder de Dios los capacitará. Si tu llamado no parece demasiado grande para tus propias habilidades, probablemente no sea un llamado de Dios.

C. Señales Externas

Confirmación de otros creyentes maduros: El llamado misionero raramente é uma experiência aislada. La familia, los líderes de la iglesia y los amigos de confianza perciben y afirman ese llamado. Ellos ven las cualidades necesarias para el ministerio. 

Así lo registra Hechos 13:2-3: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”.

Oportunidades y habilidades: Dios generalmente alinea Su llamado con las oportunidades y los dones que Él mismo otorga. En 1 Corintios 12:4-6 leemos: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”.  

Para probar este llamado, la mejor manera es involucrarse en misiones de corto plazo. Participar en un viaje misionero de corto plazo te dará una experiencia real y te ayudará a entender si esta es la vocación para la cual Dios te ha preparado. 

El llamado no es un simple sentimiento; es un compromiso con el Reino. Se confirma cuando nuestro amor por las naciones se une a la confirmación de la iglesia y a la provisión de Dios.

III. La Realidad de la Misión: Perspectiva Profética y Oposición

La obra misionera no marcha a ciegas; avanza con una visión global, consciente de la necesidad del Evangelio en cada tribu y nación, buscando multiplicar nuestra iglesia en el mundo y llevando el mensaje de Cristo a las multitudes hasta que todos hayan oído. Esta obra está respaldada por el plan profético de Dios y advertida sobre los sufrimientos del camino.

A. La promesa de la cosecha mundial

Los profetas del Antiguo Testamento y el mismo Jesús detallaron el alcance global de la obra:

“Muchos pueblos y habitantes de muchas ciudades vendrán” (Zacarías 8:20-23).

“Y Jehová será rey sobre toda la tierra” (Zacarias 14:9).

“Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande será mi nombre entre las naciones...” (Malaquías 1:10-11).

“Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” (Mateo 8:11; Lucas 13:29).

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

Sin embargo, frente a esta gloriosa meta, la realidad apremia: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37). La obra misionera involucra ser obedientes a la visión celestial, enviando cosechas para el cielo, marchando hacia adelante como soldados cristianos hacia la batalla, enfrentando las líneas de frente con fe y avanzando el Evangelio en territorio enemigo.

B. Preparación para la persecución

Esta marcha en territorio enemigo trae consigo aflicciones. En Mateo 10:22, Jesús advierte claramente a Sus misioneros: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”. 

El discipulado auténtico viene acompañado de desafíos, incluyendo la oposición y el rechazo del mundo. Sin embargo, estas dificultades no deben desanimarnos, sino fortalecernos, pues constituyen oportunidades perfectas para demostrar nuestra fe y confianza en Dios.

IV. La Autoridad Absoluta de Aquel que nos Envía

Si el llamado es exigente y los lobos son feroces, ¿en qué radica nuestra confianza? Radica en que toda autoridad le ha sido dada a Cristo (Mateo 28:18). Jesús dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. ¡Qué declaración tan extraordinaria!

Jesús ya había ejercido una autoridad asombrosa durante Su ministerio terrenal:

Autoridad para perdonar pecados: Demostró este poder sanando a un hombre paralítico. El pecado es lo que nos paraliza espiritualmente, pero el poder de Jesús para perdonar sana nuestra enfermedad espiritual y nos capacita para servir a Dios en santidad y justicia.

Autoridad para resucitar a los muertos: Cuando Jesús le dijo a una niña muerta: “Talitha cumi... Niña, a ti te digo, levántate”, ella se levantó inmediatamente y pidió algo de comer.

Autoridad sobre Satanás: Después de derrotar al diablo en el desierto manteniéndose firme en la palabra absoluta de Dios, Jesús expulsó demonios y libertó a los prisioneros. Además, en el Evangelio de Juan, Jesús reclamó la autoridad para dar vida eterna y la autoridad para juzgar.

Toda esta autoridad, sin embargo, estaba supeditada a Su obediencia perfecta a la voluntad del Padre. Jesús tuvo que obedecer hasta el fin para confirmar Su autoridad, y a través de Su sufrimiento, muerte y resurrección, cumplió esa obediencia por completo. 

Por eso, Dios le dio toda autoridad en el cielo y en la tierra. Los ángeles más poderosos del cielo están en sumisión a Cristo; todos los poderes de las tinieblas deben someterse a Él; y todos los seres humanos deberán doblar sus rodillas ante Su presencia, ya sea como adoradores voluntarios o como pecadores autocondenados.

Como bien declara Filipenses 2:9-11: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.  
Predica sobre Mateo 10:16 - El Llamado Misionero


Conclusión

Amados hermanos, el llamado misionero es un eco de la autoridad absoluta de nuestro Señor Jesucristo. Él nos envía como ovejas en medio de lobos (Mateo 10:16), pero no nos deja desamparados. Nos reviste con Su Espíritu (Mateo 10:20) y nos sostiene en medio de la persecución (Mateo 10:22).

La cosecha es verdaderamente grande, pero los obreros siguen siendo pocos (Mateo 9:37). Dios está buscando hombres y mujeres que cumplan con las calificaciones de un corazón consagrado, que posean una fe viva, una vida devocional equilibrada y un amor apasionado por las naciones que aún no le conocen.

No podemos conformarnos con una fe pasiva. Es hora de levantar los ojos al mundo, de escuchar la confirmación de la iglesia y de avanzar intencionalmente en la formación de verdaderos discípulos de Jesucristo. Marchemos con la frente en alto, confiando en Aquel que tiene toda potestad en los cielos y en la tierra y cuyo nombre será engrandecido desde el nacimiento del sol hasta su ocaso (Malaquías 1:11). Oremos.
Predica sobre Mateo 10:16 - El Llamado Misionero

  1. Predica sobre Isaías 50 - La Fidelidad y el Poder de Dios
  2. Predica sobre  La Puerta Estrecha y la Puerta Ancha
  3. Predica sobre Aniversario de la Iglesia

Conclusión

El llamado misionero en Mateo 10:16 es un desafío a vivir con propósito y determinación. Como ovejas en medio de lobos, somos enviados con una misión divina, pero no estamos solos. Dios nos equipa con prudencia, sencillez y Su Espíritu Santo para cumplir este llamado.


Hoy, pregúntate: ¿Estoy siendo luz en medio de las tinieblas? ¿Estoy equilibrando la prudencia con la sencillez en mi caminar cristiano? Que este mensaje nos inspire a vivir con fidelidad y a cumplir nuestra misión con la confianza de que Dios está con nosotros en cada paso del camino. ¡Amén!


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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.