Este estudio bíblico se sumerge en uno de los momentos más dramáticos de la historia de Judá: el enfrentamiento entre el rey Ezequías y el temible imperio asirio. Es una narrativa sobre la fe bajo fuego, la soberanía de Dios y el poder de la oración frente a la arrogancia humana.
Parte I: Ezequías y la Crisis Asiria
Texto Clave: 2 Reyes 18:5 — "En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá".
I. Las Acciones Placenteras de Ezequías (18:1-8)
Ezequías asume el trono como el decimotercer gobernante de Judá, marcando un giro espiritual radical después del reinado de su malvado padre Acaz.
• A. La destrucción de la idolatría (18:1-4): Ezequías no solo restauró el culto, sino que lanzó una campaña agresiva contra la idolatría. Derribó los "lugares altos" y, en un acto notable, destruyó la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque el pueblo había empezado a adorarla como un ídolo.
• B. Su dependencia del Señor (18:5-8): Su éxito no radicaba en su astucia política, sino en su fidelidad. Se aferró a Jehová y no se apartó de Sus mandamientos. Como resultado, Dios le dio éxito militar y Ezequías tuvo el valor de rebelarse contra el rey de Asiria, negándose a pagarle tributo.
II. La Provocación de los Asirios (18:9-18)
La fidelidad de Ezequías no lo eximió de pruebas; al contrario, su rebelión provocó la furia de la potencia mundial de la época.
• A. El repaso histórico (18:9-12): El texto recuerda la caída de Samaria (el Reino del Norte) a manos de Asiria unos años antes. Esto sirve para subrayar el peligro real que corría Judá.
• B. La represalia (18:13): Senaquerib, rey de Asiria, invade Judá y toma todas las ciudades fortificadas, acercándose peligrosamente a Jerusalén.
• C. El arrepentimiento y el tributo (18:14-18): En un momento de debilidad y temor, Ezequías intenta comprar la paz. Despoja el Templo de su oro y plata para pagar el enorme tributo exigido por los asirios. Sin embargo, esto no sació la ambición de Senaquerib.
III. La Propaganda de Senaquerib (18:19–19:4, 8-13)
Asiria no solo usaba espadas, sino también guerra psicológica para minar la fe del pueblo.
• A. Las burlas del Rabsaces (18:19-35): El alto oficial asirio se dirige al pueblo en hebreo para que todos entiendan. Se burla de la confianza de Ezequías en Dios, argumentando que ningún dios de ninguna nación ha podido detener a Asiria. Su mensaje es claro: "No dejen que Ezequías los engañe; Jehová no los librará".
• B. El temor del rey (18:36–19:4): Ezequías, profundamente afligido, se viste de cilicio y va al Templo. Envía mensajeros al profeta Isaías, reconociendo que Judá no tiene fuerzas para el "alumbramiento" de esta crisis y rogando que Isaías interceda por el remanente.
• C. La advertencia final (19:8-13): Senaquerib, presionado por conflictos en otras fronteras (Etiopía), envía una carta final a Ezequías. En ella, enumera todas las naciones que ha destruido, desafiando directamente la capacidad de Dios para salvar a Jerusalén.
IV. La Oración del Rey (19:14-19)
Este es uno de los momentos más poderosos en la vida de Ezequías. En lugar de discutir con los asirios, lleva el problema directamente a Dios.
• Ezequías toma la carta amenazante de Senaquerib y la extiende delante de Jehová en el Templo.
• Su oración no es por egoísmo, sino por la gloria de Dios: "Oh Jehová Dios nuestro, sálvanos... para que sepan todos los reinos de la tierra que solo tú, Jehová, eres Dios".
V. Las Promesas del Señor (19:5-7, 20-34)
Dios responde a la oración humilde a través del profeta Isaías con un mensaje de absoluta seguridad.
• A. El primer consuelo (19:5-7): Dios le dice a Ezequías que no tema por las palabras blasfemas. Promete que pondrá un "espíritu" en el rey asirio que lo hará oír un rumor y regresar a su tierra, donde moriría a espada.
• B. El juicio contra el orgullo asirio (19:20-27): Dios reprende la arrogancia de Senaquerib. Le recuerda que sus victorias anteriores no fueron por su propio poder, sino porque Dios las había permitido.
• C. La protección de Israel (19:28-34): Dios promete "poner un garfio en la nariz" de Senaquerib y hacerlo volver por donde vino. Asegura que el enemigo no disparará ni una sola flecha contra Jerusalén, porque Dios mismo defenderá la ciudad por amor a Sí mismo y a David.
Parte II: Milagros, Misericordia y el Error de Ezequías
VI. El Desenlace de la Crisis Asiria (19:35-37)
I. El Final del Reinado de Ezequías (20:1-21)
A. La Noticia Fatal y la Súplica (20:1-3)
B. Salvación y Medicina Divina (20:4-7)
C. La Señal del Reloj de Acaz (20:8-11)
D. La Vanidad y la Consecuencia (20:12-21)
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