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Cómo hacer buenas obras

Cómo hacer buenas obras

Introducción: Muchos ven las "buenas obras" como una carga religiosa o un intento de ganar el cielo. Sin embargo, para Jesús, las buenas obras son la expresión natural de vivir en Su Reino. En Mateo 25, el Señor nos regala una visión panorámica de Su corazón: el Reino de Dios es una invitación a amar al mundo de forma práctica. No somos salvos por obras, sino salvos para buenas obras.


I. La Inversión del Reino: Administrando las Bendiciones de Dios

Jesús utiliza la parábola de los talentos para enseñarnos que todo lo que poseemos es un depósito de confianza divina.

    • A. Las bolsas de oro (Mateo 25:20-25): El oro no representa solo dinero. Representa cada bendición que Dios ha puesto en tus manos: tu tiempo, tu capacidad de orar por otros, tus talentos y tu energía. Dios no nos da estos recursos para que los acumulemos, sino para que los "liberemos" en beneficio de los demás.

    • B. El principio de la abundancia (Mateo 25:25-29): Existe una paradoja en el Reino: el que más da, más recibe. Jesús es claro: al que invierte se le dará más y tendrá en abundancia. Lucas 6:38 lo confirma: "dad, y se os dará". La generosidad no vacía tu cuenta; expande tu capacidad de recibir de Dios.

    • C. El gozo del Maestro: Invertir en los demás no es un deber aburrido. Jesús dice: "Ven y comparte la felicidad de tu señor". Hay una alegría divina que solo experimentan aquellos que se convierten en canales de bendición.


II. La Expectativa del Crecimiento Divino

Dios no es un inversionista pasivo; Él espera que Su Reino avance a través de nuestras vidas.

    • A. El riesgo de la retención (Mateo 25:28-29): El Reino de Dios es dinámico. Quien intenta "congelar" su fe o sus recursos por miedo o egoísmo, termina perdiendo incluso lo que tiene. La vida cristiana que se estanca, se marchita. La autoridad espiritual fluye hacia aquellos que están dispuestos a entregarla a otros.

    • B. La esencia de la generosidad: Nunca debemos rendirnos en nuestra misión, porque Dios es fiel para ayudarnos. El motor de nuestras obras es el regalo extravagante del Padre: Jesús (Juan 3:16). Como dice el apóstol Pablo: "¡Gracias a Dios por su don inefable!" (2 Corintios 9:15). Damos porque Él nos dio primero y de forma infinita.


III. El Mapa de las Buenas Obras

¿En qué debemos invertir específicamente? Jesús nos da una lista de Sus "regalos favoritos" en Mateo 25:31-46.

    • A. Necesidades básicas y hospitalidad (v. 34-35): Comida para el hambriento, agua para el sediento y un lugar de refugio para el forastero. El Reino se manifiesta en la mesa y en la puerta abierta.

    • B. Dignidad y presencia (v. 36): Vestir al desnudo, sanar (u orar por) el enfermo y visitar al que está en prisión. Esto requiere involucrarnos en el dolor ajeno.

    • C. El secreto del Rey (v. 37-40): Jesús revela algo asombroso: Él se disfraza de necesidad. "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". Si quieres tocar a Jesús hoy, toca al que sufre.

    • D. La llave de la aceleración espiritual: En su libro Claves para la Economía del Cielo, Shawn Bolz menciona que Isaías 58:5-12 es la clave más importante para crecer en gracia. Cuando nos ocupamos de los pobres, Dios acelera nuestra propia sanidad y guía.

    • E. Creados para esto (Efesios 2:8-10): No somos salvos por obras, pero somos Su "poema" (mano de obra), creados en Cristo Jesús para buenas obras que Él preparó de antemano. Caminar en buenas obras es caminar en nuestro destino original.

    • F. El impacto en el cielo y la tierra: Amar a los "no amados" de forma tangible —alimentar, adoptar, cuidar— no solo ayuda a la persona, sino que acelera la actividad de Dios en otras áreas de nuestra vida. Así como los cielos se abrieron sobre Jesús cuando Él servía a los afligidos, nuestras buenas obras abren los cielos sobre nuestra propia influencia y autoridad (Mateo 5:13-16).

Cómo hacer buenas obras

Conclusión: 

Hacer buenas obras no es tratar de ser "buenos"; es ser canales de la abundancia de Dios. Cuando invertimos nuestro tiempo y recursos en los "más pequeños", estamos invirtiendo directamente en el trono de Dios. Esta es la economía del cielo: das lo temporal y recibes lo eterno; das lo poco y recibes la felicidad de tu Señor.

Llamado a la acción: ¿Qué "bolsa de oro" has estado escondiendo por miedo? Esta semana, identifica a un "hermano pequeño" —alguien hambriento, solo o necesitado— y realiza una acción tangible. No solo bendecirás a esa persona; abrirás los cielos sobre tu propia vida.



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.