Tema: Cómo reaccionar a las estaciones de nuestra vida
Introducción: La vida no es una línea recta y uniforme; es un ciclo de estaciones diseñadas por el Creador. Salomón, el hombre más sabio, nos recuerda que "todo tiene su tiempo" (Eclesiastés 3:1). Sin embargo, el secreto de una vida victoriosa no está en la estación en sí, sino en nuestra reacción a lo que Dios está haciendo en esa temporada. Hoy aprenderemos a discernir el tiempo de Dios para no perdernos Su visitación.
I. El Propósito de Dios en los Tiempos Estratégicos
Nuestra identidad como hijos de Dios determina nuestra respuesta ante los cambios del mundo. No somos víctimas de las circunstancias, sino agentes del Reino.
• A. Identidad en la temporada (1 Pedro 2:9): Somos "linaje escogido y real sacerdocio". El Padre no solo nos observa; Él anhela liberar Su autoridad en la tierra a través de nuestras oraciones y de un comportamiento alineado con Su voluntad.
• B. El "momento Ester" (Ester 4:14): La historia de Ester nos enseña que las posiciones que ocupamos no son casuales. Quizás has llegado a ese trabajo, a esa familia o a esa crisis "para un momento como este". Dios nos coloca en estaciones estratégicas para salvar y bendecir a otros.
• C. Sazonando el mundo (Mateo 5:13-16): Como sal y luz, nuestra reacción a la estación debe dar buen sabor a la tierra. Si el mundo está amargo, nosotros debemos ser el sazón de Dios.
• D. El peligro de la ceguera espiritual (Lucas 19:37-44): Israel cometió un error trágico el Domingo de Ramos. Tuvieron al Mesías frente a ellos, pero no "reconocieron el tiempo de su visitación". Lloraron después lo que no supieron recibir en su momento. Nuestra mayor tragedia sería que Dios pase cerca y nosotros estemos demasiado ocupados para notarlo.
II. Reconociendo la Obra de Dios en cada Etapa
Para reaccionar correctamente, necesitamos ojos espirituales abiertos. La falta de discernimiento nos hace desperdiciar las oportunidades divinas.
• A. La oración como brújula (Lucas 19:45-48): Inmediatamente después de llorar por Jerusalén, Jesús fue al Templo y lo limpió. Una vida de oración es vital para entender en qué estación estamos. Sin oración, las estaciones pasan de largo sin que extraigamos su fruto.
• B. El costo de la desconexión: La élite religiosa estaba tan alejada de la verdadera oración que, en lugar de recibir a Jesús, quisieron matarlo. Su ceguera les costó la paz y la protección de su nación.
• C. Manteniendo el deber sacerdotal: No importa cuán agitado esté tu mundo laboral o social; nunca debes descuidar tu función de sacerdote (comunión e intercesión). Con el Espíritu Santo, podemos estar en medio de una tormenta laboral y, aun así, estar centrados en la voluntad de Dios.
III. La Oración: Nuestra Salida en Tiempos de Crisis
Las oraciones del pueblo de Dios no son el último recurso, sino la primera línea de defensa y la salida a toda dificultad.
• A. Somos el Templo vivo (1 Corintios 3:16-17): El Templo de Salomón era solo una sombra. Hoy, tú eres el Templo. Dios habita en ti y Su poder se activa cuando clamas.
• B. La receta de la restauración (2 Crónicas 7:14-16): Dios da una instrucción clara para cualquier crisis: "Si se humillare mi pueblo...". Responder con humildad y arrepentimiento (1 Juan 1:8-10) desarma cualquier argumento del enemigo y abre los cielos.
• C. Confianza total (Hebreos 4:14-16): Gracias a Jesús, nuestra reacción a la debilidad no debe ser el escondite, sino correr hacia el "Trono de la Gracia" para hallar el socorro oportuno.
IV. ¿Qué hora es hoy para nosotros?
Discernir el presente es el primer paso para caminar en el futuro de Dios.
• A. Tiempo de reposo y confianza (Isaías 30:15-22): Es hora de dejar de correr con nuestras propias fuerzas. Dios anhela tener piedad de ti. Él se levantará para mostrarte compasión si decides arrepentirte y confiar.
• B. Tiempo de relaciones (Gálatas 6:1-2): Nunca es mal momento para invertir en el prójimo. Es tiempo de restaurar a los caídos y llevar las cargas los unos de los otros.
• C. Tiempo de la Gran Cosecha (Juan 4:34-35; Mateo 24:14): Jesús dice: "Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega". Estamos en la estación de la mayor inversión del Evangelio. Es tiempo de usar nuestros recursos para reconstruir lo que está devastado y traer a casa la cosecha más grande de la historia.
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Conclusión:
No importa si estás en una estación de siembra o de cosecha, de llanto o de risa. Lo que importa es que reconozcas que Dios está contigo en ella. No seas como aquellos que perdieron su visitación; mantén tu templo limpio y tu vida de oración encendida.
Llamado a la acción: Hoy te invito a hacer una pausa. Pregúntale al Señor: "¿Qué estás haciendo en mi vida en este momento?". Si te sientes cansado, es tiempo de reposo; si ves la necesidad a tu alrededor, es tiempo de cosecha. Reacciona con fe y humildad.
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