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Habitando en el Abrigo del Altísimo

 Tema: Habitando en el Abrigo del Altísimo

Introducción: Vivimos en un mundo lleno de incertidumbre, donde las sombras del temor intentan oscurecer nuestra paz. Sin embargo, el Salmo 91 no es solo un poema de consuelo; es una declaración de residencia legal y espiritual. No estamos llamados a visitar a Dios ocasionalmente, sino a habitar en Su presencia. Hoy descubriremos qué significa vivir bajo la sombra de la Omnipotencia.


I. Una Identidad de Posesión Exclusiva

La seguridad del Salmo 91 no es para el mundo en general, sino para aquellos que han hecho de Dios su morada. Como cristiano, tu confianza no nace de tu fuerza, sino de tu posición en la familia de Dios.

    • A. El núcleo de la relación (Salmo 91:9, 14): Puedes decir con absoluta confianza: "El Señor es mi refugio". Esta seguridad se activa por el conocimiento del Nombre de Dios y un amor personal hacia Él. Dios responde a esa intimidad diciendo: "Lo libraré... lo protegeré, porque reconoce mi nombre". La protección es el fruto de la relación, no solo un beneficio del servicio.

    • B. Abrazando nuestra identidad real (1 Pedro 2:9): Habitar en el abrigo del Altísimo significa aceptar plenamente quién eres en Cristo. No eres un huérfano espiritual; eres parte de un "pueblo elegido, real sacerdocio, nación santa". Tu seguridad está ligada a que eres Su "posesión especial". Un padre protege lo que más valora.

    • C. El propósito de la protección (Mateo 5:13-16): Dios nos guarda no solo para nuestra comodidad, sino para nuestra misión. Al habitar seguros en Él, nos convertimos en la "sal y la luz" que el mundo necesita. Un cristiano que vive sin temor es un testimonio poderoso que hace mejor el mundo que le rodea.


II. El Camino de Salida: Superando la Prueba y el Temor

Dios ha prometido que no seremos probados más allá de lo que podamos soportar, pero debemos estar atentos a las señales del camino para encontrar la "salida" (1 Corintios 10:13).

    • A. Aprendiendo de los errores ajenos (1 Corintios 10:1-13): La Biblia registra las historias de otros para que no repitamos sus ciclos.

        1. El deseo del mal: Poner nuestra mente en lo que Dios ha prohibido drena el favor de nuestras vidas (v. 6).

        2. El peligro de la queja (v. 10): La queja es la expresión externa de la incredulidad. Mientras que la gratitud construye puentes, la queja levanta muros y entristece el corazón del Padre.

    • B. Gestionando el espíritu de temor (Isaías 30:1-21): El miedo es un mal consejero que nos empuja a tomar decisiones impulsivas y "extrañas".

        1. Arrepentimiento y reposo: La verdadera salvación viene de una revisión honesta del corazón delante de Dios. Es detener la carrera frenética y descansar en Su soberanía (Is. 30:15).

        2. La esperanza en Su misericordia: Debemos creer profundamente que el Señor "desea tener misericordia" de nosotros (Is. 30:18). Él no está buscando cómo castigarnos, sino cómo rescatarnos.

        3. Dirección divina en tiempo real: Cuando confiamos, nuestros oídos espirituales se abren para oír la voz que dice: "Este es el camino; andad por él" (Is. 30:21). Dios da sabiduría práctica para crisis reales.


III. El Privilegio de Invocar: Oración y Paz

El Salmo 91 termina con una promesa: "Me invocará, y yo le responderé". La oración es nuestra vía de escape y nuestra fuente de estabilidad.

    • A. La fuerza de la unidad (Mateo 18:18-20; 2 Crónicas 7:14-16): Aunque la oración individual es vital, hay una potencia única cuando oramos juntos en tiempos de crisis. La oración corporativa mueve la mano de Dios sobre naciones y comunidades. Es el momento donde nos encontramos con Dios y nos sostenemos unos a otros.

    • B. La oración como fuente de paz interior (Filipenses 4:4-9):

        1. La receta de la calma: El apóstol Pablo nos instruye a regocijarnos y agradecer. Al recordar las cosas bellas y puras, nuestra mente se alinea con la realidad del cielo, no con las noticias de la tierra.

        2. Impartiendo paz a través del acuerdo: Podemos "armonizar" en oración (Mateo 18:19). Cuando nos ponemos de acuerdo, no solo pedimos respuestas, sino que nos impartimos paz mutuamente, recordándonos diariamente lo que Dios ya está haciendo y lo que ha prometido hacer.

Habitando en el Abrigo del Altísimo

Conclusión:

 Habitar al abrigo del Altísimo no significa que nunca enfrentaremos tormentas, sino que en medio de ellas tenemos un refugio inexpugnable. Tu identidad como hijo amado es tu mayor escudo. Hoy, elige abandonar la queja, someter el temor y entrar en el reposo de Dios. Invócale, porque Él está listo para responder y mostrarte Su salvación.

Llamado a la acción: ¿Qué temor te ha impedido descansar esta semana? Te invito a hacer una pausa, arrepentirte de la autosuficiencia y declarar hoy: "Señor, Tú eres mi morada. Decido caminar por el camino que Tú me señales".



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.