El Milagro del Olvido Divino: La Redención en el Nuevo Pacto. Este mensaje está diseñado para pastores, líderes y evangelistas que trabajan con comunidades hispanas donde es esencial proclamar un evangelio completo, que confronte, pero también ofrezca esperanza. Hoy estudiaremos la base de nuestra seguridad: el Nuevo Pacto, donde la justicia de Dios se encuentra con Su infinita misericordia.
Texto Base: Hebreos 8:12
Introducción
La humanidad ha intentado durante siglos alcanzar el cielo mediante el esfuerzo propio, basando su religión en normas, reglas y una apariencia de piedad. Sin embargo, la verdadera vida cristiana no es una mejora de la antigua naturaleza, sino una transformación completa realizada por el Espíritu Santo.
I. La Condición Humana: Iniquidad y Pecado
Antes de valorar la redención, debemos entender de qué hemos sido rescatados. El texto nos presenta dos términos cruciales:
1. Iniquidades (Adikia): Es la condición de "no ser recto" según el estándar de Dios (Hebreos 8:12). Es una violación de la ley divina, una injusticia de corazón y de vida. Estábamos, como dice la Escritura, "muertos en delitos y pecados" (Efesios 2:1).
2. Pecados (Hamartia): Literalmente significa "errar al blanco". Es fallar en alcanzar el propósito perfecto de santidad que Dios tiene para nosotros.
◦ Nota: Quien intenta obedecer la ley por sus propios medios busca lo imposible, pues la fuente del corazón debe ser purificada antes de que la corriente sea pura.
II. La Disposición de Dios: Una Misericordia Alegre
El texto afirma: "Porque seré propicio (misericordioso) a sus injusticias" (Hebreos 8:12).
1. La naturaleza de la misericordia (Hileos): Esta palabra no solo significa perdón, sino una disposición alegre, festiva y favorable para perdonar y otorgar bendiciones. Dios no nos perdona con reticencia, sino con un corazón benevolente.
2. El fundamento del perdón: Esta misericordia no ignora la Ley. Dios sigue siendo justo y Su Ley sigue siendo santa. La salvación requiere una obediencia perfecta (Lucas 10:25-28), y como nosotros no pudimos cumplirla, Jesús lo hizo por nosotros.
3. La base del Nuevo Pacto: Nuestra reconciliación se basa puramente en la sangre derramada de Jesucristo (Mateo 26:28; 1 Corintios 11:25). Es Su sacrificio el que sella el pacto y nos permite acercarnos al trono de la gracia (Hebreos 4:16).
III. El Olvido Divino: Una Memoria Redimida
La promesa más asombrosa de este pacto es: "y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades" (Hebreos 8:12).
1. No recordar (Mnaomai): En el contexto divino, esto significa que Dios decide no traer más a la mente nuestras ofensas. No es un fallo de memoria, es un acto jurídico de Su gracia: los cargos han sido eliminados.
2. Sin condenación: Debido a este "buen olvido" de Dios, ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Esto produce una paz real y una comunión continua con el Padre (Romanos 5:1-2).
3. La vigencia del perdón: El Nuevo Pacto ha hecho obsoleto al primero (Hebreos 8:13). Ahora, si caminamos en la luz y confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda adikia (iniquidad) (1 Juan 1:7-9).
La redención del pecado Heb 8:12
I. Vino a Redimir a la Humanidad del Pecado (Mateo 1:21; Lucas 19:10)
Desde el comienzo, el propósito de la venida de Cristo fue claro: redimir a la humanidad del pecado. Mateo 1:21 nos recuerda que Jesús vino para salvar a su pueblo de sus pecados. En Lucas 19:10, Él se describe a sí mismo como el Hijo del Hombre que vino a buscar y salvar a los perdidos. Su misión encarna el amor y la gracia divina.
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II. Pagó el Precio de la Sangre (Hechos 20:28; 1 Pedro 1:18-19)
La redención no fue barata. Cristo pagó el precio con su propia sangre. En Hechos 20:28, se nos dice que la Iglesia fue adquirida con la sangre de Dios. 1 Pedro 1:18-19 resalta que fuimos rescatados de la vida vana por la preciosa sangre de Cristo. Esta verdad revela el sacrificio incomparable que hizo por nosotros.
III. Dispuesto a Redimir a los Perdidos (Lucas 3:11-13; 4:7-10)
Jesús demostró su disposición a redimir a los perdidos en sus acciones y palabras. En Lucas 3:11-13, le dice a la multitud que comparta con los necesitados. En Lucas 4:7-10, rechaza las tentaciones de poder y riquezas mundanas. Su enfoque en rescatar a los necesitados muestra su amor incondicional por la humanidad.
IV. Estaba Dispuesto a Morir (Mateo 20:28; Juan 10:15; Hebreos 10:7,10)
La disposición de Jesús de dar su vida en rescate es un testimonio asombroso de su amor. Mateo 20:28 subraya que vino a dar su vida como rescate por muchos. Juan 10:15 recalca que Él da su vida por sus ovejas. Hebreos 10:7,10 destaca que vino a hacer la voluntad de Dios, ofreciendo su cuerpo en sacrificio.
V. Libre de la Culpa del Pecado para Redimir (2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22,24)
Cristo, sin pecado, tomó sobre sí nuestros pecados para que pudiéramos ser liberados. 2 Corintios 5:21 declara que Él, quien no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros. 1 Pedro 2:22,24 destaca que Él llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero para que muramos al pecado y vivamos para la justicia.
VI. Redención Completa (Salmo 130:7)
Nuestra redención es completa en Cristo. Salmo 130:7 nos anima diciendo que en Él hay redención completa. Su sacrificio nos libró de la condenación del pecado y nos dio acceso a una relación restaurada con Dios.
La redención del pecado es un recordatorio constante del amor insondable de Cristo. Su disposición a pagar el precio más alto demuestra su compromiso con nuestra libertad espiritual. Como creyentes, somos testigos vivos del poder de su redención. Que nuestras vidas reflejen gratitud y devoción a aquel que nos rescató de las garras del pecado. Que vivamos en la plenitud de esta redención, compartiendo su amor y gracia con un mundo que también necesita ser liberado.
La redención no es un proceso de "mejorar la fachada" de nuestra vida vieja. Es morir al yo para que surja una vida completamente nueva. Dios ofrece hoy Su gracia y misericordia no solo para librarnos del castigo, sino para que caminemos en comunión con Él (Tito 3:5; 1 Pedro 1:3).
Si humillas tu corazón y confiesas tu pecado, encontrarás la seguridad de que Dios ha borrado tu pasado. En Cristo, tus iniquidades han sido pagadas y Dios ha decidido, por amor a Su Hijo, no recordarlas nunca más.
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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.