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¿Dios atiende el clamor justo de los santos?

 Este sermón explora la profunda verdad de que la oración no es un monólogo lanzado al vacío, sino un diálogo poderoso que mueve el corazón de Dios y la maquinaria del cielo.


Dios atiende el clamor justo de los santos

Texto clave:

Salmo 34:15: “Los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a su clamor.”

Introducción:

¿Alguna vez has sentido que tus oraciones no pasan del techo? El Salmo 34 nos asegura lo contrario. Sin embargo, para entender esta promesa, debemos entender quiénes son los "justos". No se trata de personas perfectas, sino de personas posicionadas correctamente ante Dios. Hoy veremos cómo este clamor activa la misericordia, la relación filial y los propósitos eternos de nuestro Padre.


I. El primer clamor: Una petición de Misericordia

Nadie puede presentarse ante Dios basándose en sus propios méritos. El clamor del justo comienza reconociendo su necesidad de gracia.

    • Justicia por fe, no por obras: Como enseña Pablo en Filipenses 3:7-10, nuestra justicia es un regalo. No clamamos porque somos "buenos", sino porque estamos revestidos de Cristo. Según 2 Corintios 5:21, Jesús tomó nuestro pecado para que nosotros recibiéramos Su justicia.

    • La actitud del corazón: Jesús ilustró esto en la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14). El que fue justificado no fue el que enumeró sus logros, sino el que clamó: "Dios, sé propicio a mí, pecador".

    • Misericordia que abre ojos: Al igual que el ciego Bartimeo (Lucas 18:35-42), nuestro primer grito debe ser por Su misericordia. Solo después de recibir Su gracia podemos ver con claridad Su poder.


II. Un clamor personal: “¡Abba, Padre!”

El clamor de los justos no es el grito de un extraño a un juez distante, sino el de un hijo a su papá.

    • Identidad filial: El Espíritu Santo nos permite clamar "¡Abba, Padre!" (Romanos 8:15-16). Esta es la palabra más íntima y tierna para "papá".

    • Confianza en el Trono: Porque Dios es nuestro Padre y Jesús es nuestro Sumo Sacerdote que nos entiende, tenemos permiso legal y emocional para acercarnos al "Trono de la Gracia" con total confianza (Hebreos 4:14-16).

    • Justicia para la tierra: Como hijos que comparten el corazón del Padre, nuestro clamor se extiende a los demás. No solo pedimos justicia para nosotros, sino que nos convertimos en la voz de los que no tienen voz, buscando saciar las necesidades de los oprimidos (Isaías 58:5-12).


III. Clamando por Promesas y Propósitos

La oración más eficaz es aquella que le devuelve a Dios Sus propias palabras.

    • Apelar a la Palabra: Daniel es el ejemplo perfecto de esto. Él no oró basado en sus sentimientos, sino en lo que entendió por las Escrituras (Daniel 9:1-3).

        ◦ Podemos confesar nuestros errores (1 Juan 1:8-9).

        ◦ Podemos apelar a Su nombre y a Sus propósitos, no porque lo merezcamos, sino por Su fidelidad (Daniel 9:18-19).

    • Activación Angélica: En Daniel 10:10-14, vemos que desde el primer día que Daniel clamó, Dios envió una respuesta. Nuestras oraciones desatan actividad en el mundo espiritual.

    • Guerra por el Reino: En los últimos tiempos, el clamor de los santos es una herramienta de guerra para que el Evangelio avance y la voluntad de Dios se establezca sobre los planes del enemigo (Mateo 16:17-19; 1 Timoteo 2:1-2).


IV. El clamor final: “¡Gloria!”

El destino final de toda oración y de toda la creación es el reconocimiento de la majestad de Dios.

    • La creación predica: El $Salmo 19$ nos dice que los cielos cuentan la gloria de Dios. No tienen palabras humanas, pero su "voz" se escucha en toda la tierra.

    • El estruendo del Templo: El $Salmo 29:9$ nos da una imagen poderosa: mientras la voz de Dios resuena con poder sobre la naturaleza, en Su templo (que somos nosotros), todos gritan: “¡Gloria!”.

Este es el clímax de nuestra vida de oración: cuando dejamos de pedir por nuestras necesidades y simplemente nos unimos al coro celestial para exaltar quién es Él.

¿Dios atiende el clamor justo de los santos?

Conclusión:

Dios no solo "oye" de forma pasiva; Él está atento. Él atiende tu clamor porque eres Su justicia en Cristo, Su hijo amado y el socio estratégico de Sus planes en la tierra. Tu clamor tiene el poder de mover ángeles, cumplir profecías y, finalmente, llenar la tierra de Su gloria.

Llamado a la acción:

¿Qué promesa de Dios has dejado de clamar? Te invito a que hoy no ores "a ver qué pasa", sino que tomes una promesa específica de la Biblia y, con la confianza de un hijo, le digas: "Abba, Padre, Tú lo dijiste y yo lo creo".



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.