Para mí el vivir es Cristo: Crucificado con Él
Lectura Bíblica: Filipenses 1:19-21
"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia."
Introducción
El apóstol Pablo pronunció una de las declaraciones más profundas de la fe cristiana: "Para mí el vivir es Cristo". Esta frase no es un eslogan vacío; es el resumen de una vida transformada. En esta primera lección de nuestra serie, nos enfocaremos en esa primera cláusula. Sin embargo, para que Cristo sea nuestra vida, primero debe ocurrir algo radical en nosotros.
I. Un corazón dispuesto
La crucifixión espiritual no es algo que se nos impone a la fuerza; es un acto de rendición voluntaria.
A. El ejemplo de Jesús
1. Él no fue obligado: Jesús no fue una víctima indefensa de las circunstancias.
◦ Poder bajo control: Pudo haber rogado a Su Padre, quien le habría enviado más de doce legiones de ángeles (Mateo 26:53).
◦ Autoridad sobre Su vida: En otras ocasiones, simplemente se alejó cuando intentaron matarlo (Lucas 4:28-30).
2. Sometimiento voluntario: Su sacrificio fue una decisión de amor y obediencia: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42).
B. Nuestra respuesta a Dios
1. El deseo de seguirle: La invitación de Jesús es clara: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo" (Marcos 8:34-38). La palabra clave es "si alguno quiere".
2. Una invitación abierta: Dios nos invita al descanso y a la comunión (Mateo 11:28-30; Apocalipsis 3:20), pero nunca derriba la puerta de nuestra voluntad.
3. Libertad para elegir: Cristo no retiene a nadie contra su voluntad. Cuando Sus palabras se volvieron "duras", Él permitió que muchos se marcharan (Juan 6:60-66). La crucifixión del "yo" debe ser un acto de amor voluntario.
II. Enfoque en la voluntad de Dios
Estar crucificado con Cristo significa que nuestros deseos personales ya no ocupan el trono de nuestra vida.
A. Renuncia a las obras de la carne
1. La lista del pecado: Pablo detalla las obras de la carne en Gálatas 5:19-21. Estar crucificado implica que estos impulsos han sido clavados en la cruz.
2. Abstinencia espiritual: Como extranjeros y peregrinos, debemos abstenernos de los deseos carnales que batallan contra el alma (1 Pedro 2:11-12).
3. Reorientar el enfoque: La tentación nace del propio deseo (Santiago 1:13-15). Crucificar el yo es cortar la fuente de la tentación en nuestro corazón.
B. Eliminación de ambiciones distractoras
Muchos no llegaron a ser "crucificados con Cristo" porque sus manos estaban demasiado llenas de cosas temporales:
• El rico insensato: Enfocado solo en sus graneros (Lucas 12:13-21).
• El joven rico: Sus posesiones eran su ídolo (Mateo 19:16-22).
• Los fariseos: Amaban más la gloria de los hombres (Juan 12:42-43).
• Herodes y Pilato: Atados a sus pasiones y al poder político (Marcos 6:16-18; Juan 19:12-16).
• El ejemplo de Pablo: Al contrario de ellos, Pablo lo estimó todo como pérdida y basura con tal de ganar a Cristo (Filipenses 3:8-10).
III. La magnificación de Cristo
Cuando el "yo" muere, Cristo es magnificado. Ya no se trata de nuestra reputación, sino de Su gloria.
A. Dios ocupa el primer lugar
1. Amor total: Debemos amarle con cada fibra de nuestro ser (Mateo 22:37).
2. Prioridad absoluta: Cristo debe estar incluso por encima de los lazos familiares más cercanos si estos se oponen a Él (Mateo 10:34-39).
B. Sus prioridades son las nuestras
Si Cristo vive en mí, lo que a Él le importa debe importarme a mí:
1. La Comunión: El deseo de reunirse con el cuerpo de Cristo (Hebreos 10:24-25).
2. La Oración: Seguir el modelo de dependencia total que Él tuvo (Marcos 1:35; 1 Tesalonicenses 5:17).
3. El Evangelismo: Tener la urgencia de compartir el agua de vida (Juan 4).
4. La Compasión: Ver a las multitudes con el dolor de Cristo y servir a los necesitados (Mateo 9:36; 25:31-ff).
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Conclusión
Solo cuando el "viejo hombre" de pecado ha sido hecho morir (Colosenses 3:5), podemos empezar a vivir verdaderamente para Cristo. La vida cristiana no es una mejora del "yo"; es el reemplazo del "yo" por Cristo.
Esta es una elección y un compromiso que no se hace una sola vez, sino diariamente. Si hoy decides morir a tus planes y a tu orgullo, mañana podrás decir con toda verdad: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí".
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