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La Relación entre la Cruz y el Pecado Humano

 La Relación entre la Cruz y el Pecado Humano

Lectura Bíblica: Marcos 15:28-32

Texto Clave: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21).


Introducción

Cuando Jesús fue clavado en la cruz del Calvario, las multitudes que presenciaron el evento vieron cosas muy distintas según la condición de su corazón:

    • Los soldados y transeúntes: Vieron a un hombre condenado a muerte entre criminales, como si fuera uno de ellos.

    • Los escribas y sacerdotes: Vieron con satisfacción la eliminación de su rival religioso y político.

    • Los discípulos: Vieron con desesperación la aparente muerte de sus esperanzas y de su Mesías prometido.

Pero hoy, con la perspectiva de la revelación bíblica, la pregunta es: ¿Qué vemos nosotros cuando miramos la cruz de Jesús? La cruz no es solo un evento histórico; es la respuesta definitiva de Dios al problema del pecado. Al mirar la cruz, aprendemos lecciones innegables sobre la gravedad de nuestra rebelión y la magnitud del amor divino.


I. El Pecado tiene un Precio

En una sociedad que intenta redefinir la moralidad, la cruz se erige como un recordatorio absoluto de que el pecado no es gratuito.

    • A. La ignorancia deliberada del pecado: Muchos en nuestra cultura no quieren oír hablar del pecado. Prefieren creer que todo es permisible ante Dios (divorcio sin causa bíblica, adulterio, homosexualidad, aborto, etc.). Buscan "maestros" que endulcen sus oídos y apelen a sus propios deseos carnales (2 Timoteo 4:3-4).

    • B. La moneda de pago es la muerte: La Biblia es tajante: "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23a).

        1. Separación espiritual: El pecado crea un abismo entre el hombre y Dios (Isaías 59:1-2).

        2. La vida por la vida: En el orden divino, cuando el hombre peca, algo tiene que morir para satisfacer la justicia. Lo vemos en Nadab y Abiú (Levítico 10:1-3), en Uza (1 Crónicas 13) y en Acán (Josué 7).

    • C. Jesús pagó nuestra deuda: Cristo llevó nuestras consecuencias sobre el madero (1 Pedro 2:24). Él es nuestra propiciación (1 Juan 2:2), lo que significa que Su sacrificio aplacó la ira justa de Dios que nosotros merecíamos.


II. El Pecado tiene un Destino

La cruz es la prueba más grande de que el infierno es una realidad aterradora, pues de lo contrario, el sacrificio de Jesús habría sido innecesario.

    • A. La realidad del Infierno: Aunque muchos viven como si no hubiera consecuencias eternas, la Biblia confirma que el infierno es real:

        1. Es un lago de fuego (Mateo 18:9; Apocalipsis 20:14-15).

        2. Es eterno: El castigo no tiene fin (Mateo 25:46; Marcos 9:47-48).

        3. Es el destino de los impíos y de aquellos que no obedecen el Evangelio (Apocalipsis 21:8; 1 Corintios 6:9-10; 2 Tesalonicenses 1:8-9).

    • B. Jesús, el único escape: Cristo vino para que no perezcamos (Juan 3:14-21). Pablo lo resume maravillosamente: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira" (Romanos 5:8-9).


III. El Pecado tiene una Cura

La cruz no solo señala el problema, sino que provee la solución total y definitiva.

    • A. El Salvador que sufre: La cura no fue fácil. Implicó los azotes que desgarraron Su espalda, la corona de espinas que hirió Su frente (Juan 19:1-4), las burlas de los soldados (Marcos 15:16-20) y el dolor indescriptible de la crucifixión.

    • B. El poder de la Sangre derramada: La sangre de Jesús no es solo un símbolo; tiene efectos doctrinales reales:

        1. Nos lava: Al obedecer el evangelio, nuestros pecados son lavados (Hechos 22:16).

        2. Nos redime: Fuimos comprados a precio de sangre (Efesios 1:7; Hechos 20:28).

        3. Nos santifica: Nos aparta para el uso sagrado de Dios (Hebreos 10:29).

        4. Nos prepara: Blanquea nuestras vestiduras para la presencia eterna de Dios (Apocalipsis 7:14-17).


Conclusión

Cuando miramos la cruz, no podemos ser indiferentes. La cruz nos obliga a ver dos cosas simultáneamente: la terrible fealdad de nuestro pecado y la sublime hermosura del amor de Dios.

Nadie puede quedarse en un punto medio. Ante la cruz, solo hay dos respuestas posibles: o la atesoramos como nuestra única esperanza, o la despreciamos continuando en nuestro propio camino. El precio ya fue pagado, la cura está disponible. ¿Cuál será su respuesta hoy ante el sacrificio de Cristo?



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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.